La valija de Messi: el cuento con el que Casciari logró emocionar al ídolo
La felicidad del campeonato, el ascenso del héroe, la patria vista desde afuera y varias de las cuestiones que como argentinos nos unen forman parte de una de las entregas más conmovedoras de Aprendemos Juntos, la iniciativa de BBVA para un futuro más verde e inclusivo.
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“Hernán, hace tiempo usted escribió un texto que emocionó profundamente a Messi. ¿Podría contarnos esa historia?”. El auditorio permanecía expectante. Y con un gesto serio a la vez que emocionado el escritor Hernán Casciari comenzó a hilar su relato: en 2015 él mismo sufrió un infarto agudo de miocardio, y el médico que le salvó la vida le advirtió que si volvía a probar un cigarrillo moriría como un sapo. “Y yo tuve tanto susto que dejé de fumar inmediatamente. Pero hubo un problema –prosiguió–: sin fumar no podía escribir”.
El diálogo se dio en el marco del ciclo Aprendemos Juntos BBVA, esa gigantesca plataforma de contenidos globales comprometidos con el planeta y la sociedad que desde 2018 viene motorizando BBVA. Se trata, de hecho, de la mayor plataforma educativa en castellano, que cuenta con más de ocho millones de suscriptores y videos que superan los 3.000 millones de visualizaciones. El episodio “La historia de Messi y su maleta” conmueve al relatar el origen del cuento que derivó en “Muchachos, la película de la gente”, que por estos días bate récords en las salas argentinas.
Casciari no pudo escribir más, hasta que un día de diciembre de 2022 “pasó algo distinto”. “Primero, un mundial de fútbol en diciembre. Y no solamente ocurrió un mundial, sino que ocurrió el Mundial más maravilloso que un ser humano nacido en la Argentina pudo haber vivido alguna vez. Un mundial en donde un héroe, ya envejecido para los mundiales, busca como última gloria aquello que no había conseguido nunca y logra en una final épica, un 4 a 3 contra un país posiblemente superior”.
El escritor describe luego cómo, al minuto siguiente del triunfo, tuvo lugar una epopeya como únicamente sucede en la India cuando la gente sale a venerar a un dios. “Nunca había ocurrido eso: cinco o seis millones de personas en paz y en la calle, si no era por un dios. Fue por un deporte, y ocurrió. Y todos los canales mostraban un avión del que se estaba abriendo una puerta y del que estaba bajando este héroe”.

“Es ese mismo chico”
Después de siete años Casciari volvió a sentir adrenalina en los dedos, y entonces se puso escribir algo que le estaba pasando. “Yo escuché por primera vez la palabra ‘Messi’ en 2003, en un chat de inmigrantes argentinos en Barcelona. Hacía dos o tres años que vivía ahí, ya empezaba esa espantosa nostalgia del desarraigo y en ese chat nos dábamos tips: ‘Si compras leche condensada y durante cuatro horas la ponés hervir, tenés dulce de leche’. O: ‘Si vas a una panadería que hay en El Clot, hay sandwichitos de miga’. Hasta que otro dijo: ‘Hay un chico de 15 años en TV3 de Cataluña jugando para el Barça B que es de Rosario y la rompe’. Y decíamos: ‘Ah, es de los nuestros, es de los que tienen la valija al lado de la puerta’.
Según el escritor, por entonces existía entre los inmigrantes argentinos una suerte de grieta: estaban los que guardaban la esperanza de volver a su tierra natal, y por eso tenían “la valija al lado de la puerta”; y los que, en cambio, querían integrarse y olvidar rápidamente quiénes eran. “Por eso lloraba yo, por ese acompañamiento. No me estaba importando el fútbol ese 20 de diciembre caluroso. Cuando lo vi bajar, dije: ‘Es ese mismo chico’”.
“Yo creo que el 18 de diciembre del 2022 no habría ocurrido nunca si Messi a los 15 años no hubiera comprado leche condensada para meterla a hervir durante cuatro horas y tener dulce de leche a la mañana siguiente, esa fortaleza de un hombre de 35 años que sabe que ya no está en la edad de conseguir esas epopeyas, pero igual la consigue. No habría ocurrido nunca si el chico de 16 años y su novia de toda la vida no hubieran dejado siempre la valija al lado de la puerta. Cuando lo vi bajar, dije: ‘Es lo de siempre’, pero había algo diferente. Cuando Messi bajó el 22 de diciembre del avión, llevaba una Copa del Mundo en la valija. Y por eso yo lloraba”.
Escribió el texto de un tirón, y al día siguiente lo leyó en la radio de punta a punta. Los productores lo subieron a Tik Tok, y a la mañana siguiente Antonella Rocuzzo, la esposa de Messi, y le cebaba mate mientras miraba esa red social hasta que se topó con la historia que ambos se quedaron escuchando: la de una parejita que ponía leche condensada a hervir. Y se pusieron a llorar.
“Dos horas después, Messi me mandó un wasap a la radio diciendo: ‘Es verdad lo que contaba. No sabes cómo lloramos, con Antonela. Ahí confirmé que en la cima del mundo en ese momento había un hombre humilde y generoso, capaz de decir ‘gracias’ por un cuento”.
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