Por qué la frase “te envidio sanamente” es un oxímoron
El psicólogo Bernardo Stamateas revela las frases típicas de una persona envidiosa y cómo hacer para que no nos afecte
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“Bueno, tampoco es tan difícil lo que lograste”. “Lo que pasa es que tuviste mucha suerte”. “¿Conseguiste trabajo? Hay que ver cuánto te dura”. Estas son tres frases típicas de una persona que siente envidia y la deja en evidencia a través de su forma de hablar.
La envidia es una emoción universal y dañina que todos hemos sentido o recibido alguna vez, aun cuando no hayamos sido conscientes de ello. Prácticamente todo puede ser objeto de envidia: el trabajo, los estudios, los logros, la familia, una mascota, la edad e, incluso, el carácter. “¿Por qué vos siempre estás contenta?”, dirá, porque le molesta que el otro esté bien.
Así como el cuerpo necesita del corazón para mantenerse con vida, el envidioso necesita de la ira para sostener su envidia.

Uno de sus principales mecanismos es la minimización del logro ajeno. “Está lindo el autito que te compraste”; “Esa casa es demasiado para alguien como vos”, expresará en un intento por restarle importancia a lo que el otro consiguió. En realidad, actúa de ese modo porque se compara con los demás, ya que la envidia nace de la comparación.
Otro mecanismo muy común es la crítica. Detrás de una persona que critica, se esconde un envidioso. Y actualmente vemos que hay cada vez más envidiosos entre nosotros, tal vez por el alto grado de exposición en las redes sociales. Además, el narcisista es envidioso por naturaleza, y también vemos cómo el narcisismo crece día tras día.
Ahora bien, ¿quiénes son blanco de envidia? Los colegas, los familiares y las personas cercanas. Es raro que un chef le tenga envidia a un artista. Puede ocurrir, pero no es lo habitual. Un chef, por lo general, compite con otros chefs; mientras que un artista lo hace con otros artistas. La comparación se da con personas del mismo rubro, de edad similar y del entorno cercano.

¿Por qué alguien puede llegar a sentir esta emoción tan destructiva? Porque, en el fondo, es una persona insegura que se percibe incapaz de lograr algo en la vida. Y lo cierto es que todos somos envidiosos, ya que se trata de una emoción infantil, subterránea, escondida. Por eso, no existe tal cosa como la envidia sana. La frase “te envidio sanamente” es un oxímoron, es decir, la unión de dos términos contradictorios. En lugar de eso, deberíamos decir: “Te admiro” o “Me alegra tu éxito”.
¿Y cómo podemos desactivar la envidia de manera estratégica? No compitiendo con el envidioso. Simplemente, podemos decirle: “Cada uno tiene su camino”. Tampoco es necesario justificar ni explicar nuestro éxito. Y, sobre todo, no compartir nuestros logros con todo el mundo, ya que la persona envidiosa suele utilizar esa información para comparar, criticar o sabotear. Compartir menos con quien compite con nosotros emocionalmente es una forma saludable de protegernos.












