Salió de la cabeza de un joven de 26 años, la crítica la dejó pasar y se transformó en una joya perdida: Melody, la película inesperada
Alan Parker la imaginó como un primer proyecto, antes de embarcarse en sus dos grandes producciones; Wes Anderson, derretido ante ella
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Mucho antes de que Wes Anderson cautivara al mundo con Moonrise Kingdom en 2012, una pequeña película británica de 1971 había explorado el territorio del amor preadolescente con una inocencia y ternura que el tiempo no logró opacar. Melody —originalmente titulada SWALK (Sealed With A Loving Kiss, “Sellado con un Beso Amoroso”)— es esa joya cinematográfica que fracasó en taquilla en su estreno en Reino Unido y Estados Unidos, pero que décadas después se revelaría como una influencia fundamental para uno de los cineastas más distintivos del siglo XXI.

Una historia de amor y rebeldía juvenil
La trama es engañosamente simple: Daniel Latimer, un niño de once años tranquilo y reflexivo, se enamora de Melody Perkins, su compañera de escuela. Lo que comienza como un enamoramiento infantil se transforma en una determinación férrea cuando ambos deciden casarse, no en un futuro lejano, sino de inmediato. Esta decisión desata el caos entre padres, maestros y el mejor amigo de Daniel, Ornshaw, quien al principio se siente traicionado por la nueva prioridad romántica de su compañero de travesuras.
La película está ambientada en una escuela de Londres de los años setenta y captura con autenticidad las dinámicas del patio de recreo y esa mezcla de inocencia y rebeldía que define la preadolescencia. Los adultos —padres y profesores— intentan disuadir a la pareja, pero Daniel y Melody están decididos. Sus compañeros de clase terminan organizando una ceremonia de boda improvisada, que culmina en un enfrentamiento caótico donde los niños se ven cara a cara con el mundo adulto que no comprende sus emociones.
El guion fue escrito por Alan Parker, quien entonces tenía apenas 26 años y trabajaba como redactor publicitario en Londres. Parker —que más tarde se convertiría en un director aclamado con películas como El expreso de medianoche y Fama— escribió Melody como su debut cinematográfico, sin imaginar siquiera que terminaría dedicándose al cine. La historia nació de un almuerzo en el que David Puttnam (quien después produciría clásicos como Carrozas de fuego) y Charles Saatchi le propusieron crear un guion para su incursión en el mundo del cine.
Parker se inspiró profundamente en sus propios recuerdos de infancia en el norte de Londres de los años cincuenta, así como en las experiencias escolares que Puttnam compartió con él. Esta autenticidad personal es precisamente lo que le da a Melody su carácter genuino y conmovedor, capaz de capturar esos momentos universales de la niñez: las travesuras en el cementerio, los cigarrillos escondidos en el patio, la risa contenida durante las clases aburridas y, por supuesto, el primer amor que parece eterno.

Los Bee Gees antes de la era disco
El proyecto tomó forma cuando Puttnam obtuvo los derechos de siete canciones de los Bee Gees. Era 1969, años antes del falsete y de la era disco que haría famoso al grupo con Fiebre del sábado noche. En aquel momento, los hermanos Gibb —Barry, Robin y Maurice— componían baladas melancólicas con armonías sofisticadas que encajaban perfectamente con la historia de amor inocente que Parker quería contar.
Parker estructuró su guion alrededor de esas melodías, particularmente inspirado por un verso de First of May que decía: “Cuando éramos pequeños y los árboles de Navidad eran altos, solíamos amar mientras otros jugaban”. Esa línea se convirtió en el corazón emocional de la película, capturando esa nostalgia por la inocencia perdida y la pureza de las emociones infantiles.

La música de los Bee Gees no es mera decoración en Melody; es el alma misma de la película. Canciones como Melody Fair, In the Morning, To Love Somebody y First of May acompañan los momentos más tiernos y melancólicos de la historia y crean una atmósfera de nostalgia que amplifica la inocencia del primer amor. La banda sonora también incluye Teach Your Children de Crosby, Stills, Nash & Young, que suena irónicamente durante el clímax rebelde de la película, cuando los niños desafían a la autoridad adulta.
Richard Hewson, compositor y arreglista británico, complementó las contribuciones de los Bee Gees con arreglos orquestales. Esta combinación musical se mantuvo en el tiempo como uno de los aspectos más recordados de la película.
Un elenco de estrellas infantiles
El elenco reunió a dos estrellas infantiles de Oliver! (1968), la adaptación musical del clásico de Charles Dickens que había ganado el Oscar a Mejor Película. Mark Lester, quien interpretó al huérfano Oliver Twist en aquella producción, asumió el papel de Daniel Latimer, mientras que Jack Wild —nominado al Oscar por su papel como el Artful Dodger— dio vida a Ornshaw, el amigo rebelde y descarado de Daniel.

Junto a ellos, Tracy Hyde debutó en el cine a los once años interpretando a Melody Perkins, en lo que sería prácticamente su única aparición cinematográfica importante. Hyde fue descubierta tras audicionar junto a más de cien niñas, recomendada al director Waris Hussein —conocido por dirigir los primeros episodios de Doctor Who en los años 60— por el escritor Andrew Birkin. Hyde aportó un encanto natural y una frescura que cautivó al público.
El reparto adulto incluía actores británicos reconocidos como Roy Kinnear (padre de Melody), Keith Barron y Sheila Steafel (los padres de Daniel), quienes interpretaban a figuras adultas desconcertadas ante las emociones intensas de sus hijos. La dirección de Hussein se enfocó en mantener la autenticidad de las interpretaciones infantiles, incorporando diálogos derivados de conversaciones reales que Parker grabó durante visitas a escuelas de Londres.
El fracaso comercial y el triunfo inesperado
Cuando Melody se estrenó en 1971 en Estados Unidos y en Reino Unido, la recepción fue tibia. Vincent Canby, el crítico de The New York Times, la elogió como “encantadora, sabia, dulce y traviesa”, destacando la dirección de Hussein, la fotografía de Peter Suschitzky y las actuaciones del joven elenco. La revista Variety también fue positiva, aunque notó que Mark Lester resultaba “demasiado tierno y ligeramente falso”. Sin embargo, el público británico y estadounidense no respondió con entusiasmo. La película parecía destinada al olvido. Era, para muchos, una pequeña producción con un presupuesto de 600 mil dólares que simplemente no logró conectar con las audiencias de su época.

Sin embargo, del otro lado del mundo ocurrió algo extraordinario. En Japón, Melody se convirtió en la quinta película extranjera más taquillera de 1971, recaudando 200 millones de yenes. Tracy Hyde se transformó en la “chica soñada” del país, encabezó encuestas de popularidad en revistas de cine y su rostro apareció en portadas durante meses.
La película también tuvo éxito en América Latina, particularmente en México, Argentina y Chile, donde su representación del primer amor y la rebelión juvenil resonó profundamente.
Para Alan Parker, el éxito inesperado en estos mercados resultó sorprendente y gratificante. El dinero que la película permitió que Puttnam financiara sus siguientes proyectos, sentando las bases para carreras brillantes de ambos en la industria cinematográfica británica.

La influencia en Wes Anderson y el cine contemporáneo
Décadas después de su estreno, Melody encontró un admirador inesperado en el director estadounidense Wes Anderson, que citó a la película como “una joya olvidada e inspiradora” y como la principal fuente de sabiduría para Moonrise Kingdom, su film de 2012 sobre dos niños de doce años que se enamoran y huyen juntos.
En una entrevista con Entertainment Weekly, Anderson reconoció que Melody fue una de sus grandes inspiraciones para Moonrise Kingdom, junto con Small Change de François Truffaut y Black Jack de Ken Loach. Anderson incluso mostró Melody a sus jóvenes actores, Jared Gilman y Kara Hayward, durante la preparación de su propia película sobre amor preadolescente y fuga juvenil.

Las similitudes son evidentes: ambas películas presentan protagonistas de once o doce años que deciden estar juntos desafiando la autoridad adulta, ambas culminan en una fuga romántica y las dos miran el mundo desde la perspectiva de los niños, tratando a los adultos como figuras cómicas o amenazantes que no comprenden la pureza de las emociones infantiles. Sin embargo, mientras Anderson crea mundos artificiales y arquetípicos con su característico encuadre simétrico y paleta de colores pastel, Melody se ancla en el realismo, capturando con autenticidad las aulas, las calles de Londres y las dinámicas de la vida escolar de principios de los años 70.
El cineasta mexicano Alfonso Cuarón (Gravity, Roma, Children of Men) también ha mencionado que vio Melody cuando era niño y que fue una de las películas que lo inspiraron a convertirse en cineasta, aunque sin entrar en detalles específicos sobre cómo influyó en su trabajo.

Un legado que perdura
Alan Parker reflexionó sobre Melody en 2015, poco antes de la retrospectiva que el Instituto de Cine Británico organizó en su honor. El director admitió que la película le “picó el gusanillo del cine” después de dirigir una pequeña secuencia que terminó usándose en el montaje final. Parker falleció el 31 de julio de 2020, dejando un legado extraordinario en el cine británico, pero siempre reconoció a Melody como su punto de partida.
Hoy, Melody mantiene una calificación del 93% en Rotten Tomatoes y 7.5 sobre 10 en IMDb, cifras que reflejan su redescubrimiento por parte de cinéfilos y su consolidación como clásico de culto. La película representa una cápsula del tiempo de la cultura juvenil de los años 70, con su retrato de la exuberancia y las limitaciones de la infancia.
Su banda sonora persiste en listas de reproducción nostálgicas y su exploración del primer amor sigue resonando con una universalidad atemporal. Las escenas filmadas en cementerios de Brompton y Nunhead, en las calles de Hammersmith y Lambeth y el clímax en un abandonado depósito de mercancías capturan una época que sigue evocando nostalgia. Cincuenta años después de su estreno, cines organizaron eventos especiales con apariciones de Lester e Hyde para conmemorar el aniversario, demostrando que su legado continúa vivo.

Melody es también un testimonio del inicio de dos carreras brillantes: la de Alan Parker como cineasta y la de David Puttnam como productor, quien más tarde produciría Midnight Express y Chariots of Fire.
Para Parker, esta pequeña película sobre niños enamorados fue el punto de partida de una trayectoria que lo llevaría a ganar premios BAFTA y reconocimiento internacional. Y para Wes Anderson fue la prueba de que las historias sobre amor preadolescente pueden ser tan profundas, conmovedoras y duraderas como cualquier romance adulto.
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