Crece el malestar en Francia por una decisión del director de la Casa Argentina en París
El diario Le Monde le dedicó una página al retiro de una placa en homenaje a las víctimas de la dictadura; cuestionamientos de organizaciones civiles por el uso de la institución estatal para actividades políticas de la ultraderecha
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PARIS – La conmoción provocada por la decisión del director de la Casa Argentina en París, Santiago Muzio, de retirar la placa conmemorativa en honor a las víctimas de la dictadura militar tomó proporciones nacionales en Francia, cuando el prestigioso vespertino Le Monde dedicó toda una página en su edición de ayer.
Con el título “En la Ciudad Universitaria de París, la extrema derecha extiende su red desde la Casa de Argentina”, el cotidiano afirma —como lo hizo LA NACION en su edición del 3 de marzo— que Muzio “se negó a firmar la Carta de valores de la Ciudad, infringió el principio de laicidad y retiró una placa en memoria de las 30.000 víctimas de la dictadura”.
Firmado por Angeline Montoya, jeja adjunta del Servicio Internacional del periódico, el artículo señala la preocupación de Jean-Marc Sauvé, presidente de la fundación nacional Cité Universitaire Internacional de París, “que coordina este conjunto único donde conviven las casas de Estados Unidos, Cuba, Grecia, Marruecos, Corea, Japón o Ucrania”. “Tomo la situación muy en serio y estoy muy atento”, dijo a Le Monde.
La desaparición de esa placa, instalada en 2022 en el vestíbulo de la Casa Argentina en homenaje a los “desaparecidos y víctimas del terrorismo de Estado” de la dictadura (1976-1983), provocó la reacción inmediata no solo de los estudiantes que se alojan en la residencia, sino de gran parte de los residentes argentinos en Francia y la inmediata denuncia de la Asociación de la Comunidad Argentina en Francia (ACAF).

Todos —incluidos Le Monde y LA NACION — intentaron obtener una respuesta de parte de la dirección de la Casa Argentina. Pero el señor Muzio no responde al teléfono, ni a los mensajes. En su defecto, LA NACION contactó en Buenos Aires al ministerio de Capital Humano, del cual depende la Casa Argentina, que respondió: “La Casa Argentina en París avanza con una puesta en valor integral de sus espacios comunes, con especial atención al Salón de Honor y al acceso principal, para mejorar la recepción de visitantes, las condiciones de uso y la seguridad. En el marco de las obras, se retiraron revestimientos incorporados en años anteriores a fin de reparar superficies, renovar la pintura y adecuar paredes e instalaciones. La intervención se inscribe en un plan de mantenimiento y modernización para que la sede refleje, con calidad y cuidado, el perfil cultural e institucional de la Argentina”.
La respuesta es extremadamente llamativa, teniendo en cuenta que lo único que falta en el muro en cuestión es la placa conmemorativa, mientras que todas las demás siguen en su sitio, como tampoco hay obras visibles en el vestíbulo mencionado por el ministerio.
Temor a represalias
Así como lo menciona el diario Le Monde en su artículo, en la Casa Argentina no solo se vive el episodio con aprensión, sino con temor a las represalias. Algunos residentes cuentan que Muzio, en estrecho contacto con los medios de extrema derecha franceses y europeos, impidió la realización de un evento titulado “Tango y democracia”, en diciembre de 2024, argumentando que “la palabra ‘democracia’ es demasiado política”. No obstante, el propio director organiza encuentros de extrema derecha en los locales, a pesar del artículo 13 del reglamento de la Casa, que prohíbe “toda propaganda o actividad política”.

“Así como no sabemos nada del destino de los desaparecidos, ignoramos por qué se quitó esta placa, qué fue de ella y si será reinstalada”, dijo a Le Monde Salvador Calanni, biólogo postdoctoral y miembro del comité de residentes.
Para muchos observadores, la decisión de retirar esa placa fue la mención “a los 30.000 desaparecidos”, cifra rechazada por el gobierno libertario. “¿Esto querría decir que si los desaparecidos hubieran sido 15.000 o 150 el crimen y la responsabilidad moral hubieran sido menores?”, interroga la especialista Cecile de Saint-Beuve.
En vísperas del aniversario del golpe de Estado militar, el 24 de marzo próximo, una petición que reclama su reinstalación ya ha reunido 4500 firmas en Francia. En Argentina, el caso es objeto de un proyecto de resolución de un grupo de diez parlamentarios, entre los cuales se cuentan los diputados Jorge Taiana, Cecilia Moreau, Carlos Castagneto o Agustín Rossi. En el texto expresan “su más enérgico repudio ante el retiro de la placa conmemorativa” de la Casa Argentina en París. Y solicitan al ejecutivo nacional su inmediata restitución, por intermedio del ministerio de Relaciones Exteriores, “garantizando (así) la preservación de la memoria histórica y el respeto a los derechos humanos”.
En Francia, Santiago Muzio colabora activamente con la diputada europea Marion Marechal, sobrina de la líder de la ultra-derechista Reunión Nacional (RN), Marine Le Pen. En el tablero político, Marion Marechal se ubica aun más a la derecha que su célebre pariente. Entre sus múltiples actividades, Muzio se desempeña como director de la sede española del Instituto de Ciencias Sociales, Económicas y Políticas (ISSEP), con sede en Lyon, escuela privada de formación de cuadros fundada por Marion Maréchal.
El 4 de noviembre de 2025, los salones de la Casa de Argentina fueron puestos a disposición del grupo de reflexión polaco cercano al PiS, Ordo Iuris, y al grupo Mathias Corvinus Collegium, cercano al primer ministro húngaro Viktor Orbán, asociados al Instituto de Formación Política y a la Bolsa Tocqueville. Estos últimos están en relación con el proyecto Pericles, del millonario de extrema derecha Pierre-Édouard Stérin, uno de los principales financistas de los movimientos católicos ultraconservadores en Francia.
Muzio, actualmente profesor del ISSEP, pone los salones de la Casa Argentina a disposición de esa escuela privada para dar clases y conferencias, con ingreso “estrictamente restringido”. Una práctica que bien podría considerarse “en beneficio propio”, teniendo en cuenta la utilización de una institución del Estado, financiada por los contribuyentes argentinos.
Es justamente el Instituto de Formación Política (ISSEP) quien coorganiza, el 18 de marzo, nuevamente en los locales de la Casa Argentina, un evento titulado “Argentina y Milei, ¿qué giro político?”. La velada reunirá, sobre todo, a participantes favorables al presidente argentino, entre ellos el señor Muzio.
Santiago Muzio se negó a firmar la Carta de Valores de la Cité Universitaria que todos los directores deben ratificar. Creada en 1925, la Cité se basa en principios consignados en este texto: paz, humanismo, igualdad, respeto y “no discriminación por origen, lengua, fortuna, género, orientación sexual”. Interrogado por Le Monde, Laurent Schneider, presidente de la Conferencia de directores y directoras de las casas, dice haberle preguntado por carta.
“Nos respondió: ‘No puedo en conciencia firmar un documento que reconoce la igualdad de género y orientación sexual’. Esto lo pone en contradicción con la ley francesa”, agregó Schneider.
“La Casa de Argentina no es una embajada. Pero nos sentimos bastante impotentes, tenemos la impresión de no poder defender nuestra institución como se debería”, agregó Schneider a Le Monde.
Más allá del agravio que la actitud de Alejandro Muzio representa para Francia, que conmemora sus propios desaparecidos durante la dictadura argentina, muchos observadores se preguntan cuál fue el objetivo del presidente Javier Milei al nombrarlo al frente de la Casa de Argentina, en septiembre de 2024.
“Algunos ven en ese nombramiento una estrategia del gobierno de Javier Milei, destinada a promover en Europa una internacional reaccionaria”, anota el diario francés.
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