Cristina Kirchner no puede zafar y el clan Moyano, tampoco

Luis Majul
Luis Majul LA NACION

El análisis de Luis Majul, en LN+

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22 de junio de 2020  • 22:09

A continuación sus principales conceptos:

  • Cuando pensamos en el miedo que el Presidente puede tener para gobernar sin condicionamientos, hablamos de uno muy tangible: el de la ruptura del vínculo con la vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, y las gravísimas consecuencias que eso podía tener. Un miedo que podría hacer estallar al Frente de Todos, y, junto con la coalición -armada de improviso, entre gallos y medianoche- también al gobierno nacional.
  • Además, en el editorial explicamos que no existe persona en la Tierra que no le tenga miedo a nada. Hasta Cristina, que antes de fin de año, y en el medio de un juicio oral, amenazó a los jueces, y dijo: "¿Responder preguntas? ¡Ustedes van a ser los que van a tener que responder!". Ella también es un sujeto pasible de tener miedo y, en su momento, temió que su hija pudiera terminar presa.
  • Se ve que ese miedo se le pasó; quizás haya obtenido alguna información o algún indicio que la tranquilizó. Sin embargo, el miedo de que la Justicia la persiga hasta los últimos años de su vida todavía debería estar latente. Inteligente como es, y a pesar de la presión que sigue ejerciendo sobre Fernández, a esta altura ya debería saber que sus posibilidades de hacer caer las principales causas de corrupción que la involucran son casi imposibles.
  • No estamos tan seguros de que algún día termine en la cárcel. Tal vez pueda zafar, de alguna u otra manera. De hecho, hasta que se le imponga una condena firme es probable que esté en condiciones de ser encontrada culpable y que goce de arresto domiciliario. Lo que sí parece imposible es que la absuelvan de culpa y cargo en todas las causas. Y es menos posible, todavía, que eso suceda ya: en los próximos días, meses, e incluso, en los próximos años.
  • Nos quedaba alguna duda sobre esto hasta que Silvina Martinez -experta en asuntos de corrupción y con una curiosidad inagotable-, en vez de especular, fue a buscar la información a la fuente original: el registro oficial de las causas más relevantes de corrupción de la Argentina, que se llama Observatorio Judicial de la Corrupción y fue inaugurado en 2016 por el entonces presidente de la Corte, Ricardo Lorenzetti.
  • Martínez no se quedó con los datos fríos. Siguiendo el criterio del mismo Observatorio, analizó fecha de inicio, relevancia, imputaciones, procesamientos y tiempo de trámite de las causas de corrupción kirchnerista. El resultado es asombroso.

  • Hay 500 causas que involucran a funcionarios kirchneristas y -por supuesto- a Cristina Fernández. En 50 de esas causas hay decenas de personas ya procesadas, incluida la vicepresidenta; 70 de los juicios ya pasaron por la instancia siguiente, que es la Cámara; y 30 están en trámite de juicio oral. Además, la mitad de las causas se iniciaron antes de la asunción de Macri, lo que da por tierra con la delirante teoría del lawfare.
  • Hay 5 causas que están al tope de su preocupación. Son las siguientes:

- Obra pública

- La ruta del dinero K

- Hotesur

- Los Sauces

- Los cuadernos de las coimas

  • En dos de ellas (obra pública y ruta del dinero K) se empezó el trámite de juicio oral. A pesar de que Carlos Beraldi -quien rifó su carrera profesional aceptando la defensa de Cristóbal López, Fabián de Sousa y también la de Cristina- intenta por todos los medios hacer caer la causa de la obra pública, esta prosigue, lenta pero segura. Todavía no hay ningún indicio de que la pueda hacer desaparecer. Lo mismo sucede con la de la ruta del dinero K. Lázaro Báez y los demás procesados la quieren voltear, pero parece que todavía no hay manera.
  • El otro grave problema que tiene la vicepresidenta es que el sistema procesal hace los juicios interminables. Desde que empiezan, con el sorteo, hasta que terminan, con el dictamen de la Corte Suprema, cada causa pasa por 15 etapas. Y el promedio de duración es de una década. Entonces, no hay manera de que Cristina zafe y salga libre de culpa y cargo. La única forma sería el indulto, y el Presidente ya prometió que no iba a usar esa herramienta nunca.
  • Algo parecido se puede concluir en el caso del denominado clan Moyano.Hugo y Pablo Moyano tienen más de una docena de causas abiertas. En seis de ellas no van a poder zafar así nomás, a menos que los jueces se mueran de miedo y no hagan ni lo mínimo que les corresponde hacer.
  • La ruidosa presentación que hicieron los Moyano ante el juez Federico Villena por presunto espionaje y "armado de causas" tiene los mismos objetivos que persigue Cristina: impunidad y venganza. De hecho, el año pasado fueron con el mismo cuento a Comodoro Py, y nos quisieron meter, en el delirio del lawfare, a periodistas como Alfredo Leuco y a mi. Sin embargo, el dictamen del fiscal Ramiro González y del juez Ariel Lijo fue contundente, y se puede resumir en muy pocas palabras. Los periodistas no están haciendo nada más ni nada menos que su trabajo.

  • Después del dictamen, el clan Moyano y su abogado, Daniel Llermanos, más conocido como el juez de la muzzarella, se agarraron una rabieta de marca mayor. Pero a las causas que los atormentan no las pueden hacer caer ni desaparecer. Las más importantes son las siguientes:

- La de la mafia de los medicamentos, que tenía Claudio Bonadio y ahora investiga Marcelo Martínez de Giorgi.

- La de la asociación Ilícita en Independiente, que tramita la jueza de garantías Brenda Madrid.

- La de lavado de dinero en Independiente, que lleva adelante Luis Armella.

- La de lavado de dinero en la compra de inmuebles en Parque Leloir, que tramita el juez federal de Morón, Néstor Barral.

- La causa de Oca, que investiga el juez Rafael Caputo, a cargo del Juzgado Nacional en lo Penal Económico.

- La compra de terrenos en La Falda, que permanece -curiosamente- sin novedad, a pesar de los esfuerzos del juez federal Alejandro Sánchez Freytes.

  • Ahora es necesario hacerse una última pregunta: ¿por qué Cristina y Moyano tienen en la mira siempre a los mismos periodistas como parte de su objetivo de impunidad y venganza? Porque somos los únicos que les hacemos recordar a los fiscales y a los jueces que la sociedad los está observando y que se tienen que poner a trabajar.

Por: Luis Majul
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