El Gobierno defendió el estilo duro para denunciar la herencia

Pese a que generó rechazos en la oposición, consideraron importante polarizar con el cristinismo puro
Mariana Verón
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2 de marzo de 2016  

Malcorra, Garavano, Frigerio, Bullrich, De Andreis, Peña, Dietrich y Bergman, aplauden a Macri
Malcorra, Garavano, Frigerio, Bullrich, De Andreis, Peña, Dietrich y Bergman, aplauden a Macri Crédito: Aníbal Greco

Los trató de corruptos, matones, irresponsables e incompetentes. Con un tono inusualmente duro, Mauricio Macri decidió ayer confrontar de manera explícita con el kirchnerismo, al que responsabilizó de todos los males de la economía local en un mensaje en el que abundó en las adjetivaciones contra la anterior gestión.

El objetivo, según el Gobierno, fue marcar sin tantos detalles pero sí en palabras fuertes la famosa herencia, con la que el Presidente construye su propio juego político para sacar definitivamente de la cancha al sector que todavía responde a Cristina Kirchner.

"No es nuestro estilo, pero es lo que pensamos", defendió la nueva dinámica discursiva uno de los integrantes del gabinete que participó hasta último momento del equipo que se encargó de la redacción del mensaje, que ayer a la mañana tuvo sus últimas revisiones. A tal punto llegó la obsesión por retocar una y otra vez las palabras presidenciales que Macri terminó repitiendo de manera textual un párrafo entero, referido a la negociación con los fondos buitre, que le valió gastadas de sus adversarios.

Tan fuertes fueron las palabras de Macri que el presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, convocó en su despacho a un cóctel improvisado a los peronistas que se mostraron más alejados de Cristina Kirchner para intentar bajar el tono de las acusaciones. De alguna manera, defiendan o no a la ex presidenta en la actualidad, ellos formaron parte hasta hace muy pocos meses de todo lo que el macrismo ahora cuestiona.

Los principales asesores presidenciales defendieron el tenor de las palabras, más allá de que, admitían, podían terminar abroquelando a los sectores a los que el Presidente tiene que conquistar. "El deber del Gobierno es informar el país que se encontró", justificó el ministro del Interior, Rogelio Frigerio.

"Con tan poco margen de maniobra, fue un riesgo", planteó un funcionario, pero consideró, de todas maneras, que el camino elegido había sido el correcto. De hecho generó la inmediata reacción de la oposición.

La coordinación del mensaje presidencial estuvo en manos del jefe de Gabinete, Marcos Peña, que trabajó con los diferentes ministerios los datos que se incorporarían en el texto. Esa recolección y el armado grueso los hizo la nueva Dirección de Discurso, una dependencia que está en la estructura de la Secretaría General de la Presidencia, que depende de Fernando de Andreis. Los retoques finales, y sobre todo el tono, lo dieron Macri y Peña.

Según describieron quienes participaron de la coordinación, lo que más les costó fue encontrar datos para sostener las acusaciones ante la falta de estadísticas. Macri dividió su mensaje en tres partes: la primera, con el diagnóstico de lo que encontró, donde sí hubo cifras concretas; una segunda, en la que se dedicó a adjetivar sobre los funcionarios pasados (y que fue lo que terminó generando los abucheos en el recinto); y una última parte, en la que se explayó con las propuestas.

Pasadas las horas, en la Casa Rosada había cierto malestar porque no habían penetrado en los medios los anuncios que hizo el Presidente, sobre todo en lo que tenía que ver con los temas de la agenda social. Todo se lo llevó la confrontación macrismo-kirchnerismo.

"Fue un buen diagnóstico con pasajes tribuneros", lo describió con precisión quirúrgica un peronista de los más cercanos al Presidente, consciente de la táctica que había emprendido el Gobierno. "El planteo que hizo es: voten con nosotros o del otro lado está el abismo", describió un integrante del gabinete. El Gobierno nunca lo admitirá, pero en la construcción constante del antikirchnerismo y la herencia recibida radica la estrategia para poder aplicar las medidas más duras, algo que denuncia la anterior gestión.

Con sus críticas, el macrismo se propone desgastar emotivamente al kirchnerismo hasta terminar corriéndolo definitivamente de la escena política, una cruzada en la que Peña lleva el hilo conductor. El eje de esa postura incluye desterrar definitivamente a los gobiernos pasados y sólo focalizar en los últimos años. "Se terminaron las alusiones a los 90 y a 2001. Nuestro enfoque comparativo es el cristinismo", explica un colaborar presidencial sobre la estrategia discursiva que se buscó instalar. No en vano Macri nombró a Néstor Kirchner, de quien destacó su defensa de los superávits gemelos. Fue el único atisbo de elogio para los anteriores moradores de la Casa Rosada.

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