Despreciado por Bolsonaro, un médico cubano vuelve a ejercer para combatir el virus en la Amazonia

Yosvani Ramón Peña Azze, médico cubano, 33 años, volvió a Brasil para atender casos de coroanvirus
Yosvani Ramón Peña Azze, médico cubano, 33 años, volvió a Brasil para atender casos de coroanvirus
Marcelo Silva de Sousa
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10 de mayo de 2020  • 17:13

RÍO DE JANEIRO.- Yosvani Ramón Peña Azze, médico cubano, 33 años, durmió mal anoche. Esta semana se reencontró con la adrenalina que había dejado de sentir abruptamente casi dos años atrás, el último día que atendió en una salita en Ourem, un municipio rural pobre de la amazonía brasileña. Pero el cubano no pudo descansar porque pasó la noche pensando en una abuelita que atendió ayer. Acompañada por su nieta, la señora llegó enferma, con síntomas de coronavirus , al hospital de campaña donde el cubano volvió a ejercer. Con los ojos vidriosos, la nieta le pidió a Azze que la cuidase como si fuese su madre. El médico, conmovido , viajó en su cabeza a la isla y a su infancia, en Holguín, donde fue criado por su abuela Serafina.

Azze es médico de formación, pero en la crisis del coronavirus descubrió que su oficio es un poco también el de bombero. Junto a él, otros 85 médicos cubanos que en 2018 participaban del programa Más Médicos, cancelado tras rispideces entre el gobierno de la isla y Jair Bolsonaro, fueron convocados de urgencia por el estado de Pará, en el norte brasileño, para luchar contra el Covid-19 . La administración de Pará, con más de 600 muertos y 7000 contagios por la enfermedad y hospitales al borde del colapso, resolvió reforzar su sistema de salud con el llamado a los profesionales de la isla.

De muy pequeño, Azze había soñado con ser "pelotero", tal vez un gran bateador en la liga de la isla, donde el béisbol es deporte nacional. Pero la vida de este cubano de 1,78 metro de altura, voz gruesa y habla pausada, dio un giro inesperado cuando era adolescente. La pérdida de su madre, afectada por un tumor cerebral, cambió su perspectiva. "Me sensibilizó mucho. Acabó inspirando mi carrera: a partir de ahí quise ser médico para salvar vidas".

Con una valija con sus pertenencias y sin saber en qué estado prestaría servicio, Azze llegó a Brasil en 2017 para incorporarse al Más Médicos, un programa lanzado cuatro años antes por la ex presidenta Dilma Rousseff para suplir las carencias de atención en zonas vulnerables del interior brasileño. "La imagen que tenía de Brasil era la de las telenovelas: grandes avenidas, playas hermosas y el Cristo Redentor", cuenta.

Si en Cuba este médico había conocido las dificultades de una población empobrecida que gracias a aportes del estado se encuentra contenida, en Pará, donde acabó siendo enviado para la misión, encontró una desigualdad lacerante que lo impactó desde su llegada.

En un año y medio de servicio, el cubano improvisó su consultorio dentro de una iglesia , en una carpa y hasta debajo de un árbol. Atendió a pacientes que no recordaban cuándo había sido la última visita a un médico. "Encontré personas con malos hábitos, desnutrición, parasitismo . La mayoría de quienes atendía vivían en casas de barro y los niños andaban descalzos. Es difícil adaptarse eso, no sentirse pésimo al verlo", relata.

A miles de kilómetros de Holguín, en el consultorio definitivo, perdido en una zona rural de Pará, la vida de Azze dio otro nuevo vuelco que lo amarró a Brasil. Conoció a Hellen, su esposa desde hace un año y seis meses, quien un día visitó a su amiga enfermera, que trabajaba en el mismo puesto sanitario. A partir de ese día, luego de una presentación, empezaron las salidas, luego el enamoramiento y, después, la convivencia juntos como matrimonio.

El 14 de noviembre de 2018, cuando muchos cubanos comenzaron a preparar las valijas para volverse, Azze empezó a planear cómo seguiría su vida con su mujer, en Brasil. Ese día de noviembre, las vicisitudes de la política determinaron que los 8500 cubanos que servían en el país tuvieran que regresar a la isla , cuando el gobierno caribeño puso punto final a su participación en Más Médicos, irritado por los comentarios agresivos de Bolsonaro. El presidente brasileño, un ferviente anticomunista, acababa de ganar la elección presidencial, se preparaba para asumir el poder en dos meses y ya había denunciado a la isla por mantener a los médicos en un régimen de "trabajo esclavo" .

Las diferencias ideológicas provocaron una paradoja por la que cientos de miles de brasileños quedaron como convidados de piedra. "Llegamos a Brasil por una necesidad del país. Tenía pocos médicos y la mayoría de la población no quería trabajar donde nos asignaron", explica. Y así quedaron de un lado decenas de médicos, como Azze, con una especialización en terapia intensiva, capacitados pero impedidos de ejercer su trabajo por no tener la validación del diploma cubano debido a la falta de un examen que hasta el día de hoy no se hizo. Del otro lado, pueblos enteros, comunidades indígenas y regiones de difícil acceso, por lo general humildes, quedaron desguarnecidas y sin atención estable porque el gobierno tuvo dificultad para completar las vacantes con profesionales brasileños.

En casi dos años, este médico cubano masticó bronca, decepciones y, por trabas burocráticas, pensó que nunca más volvería a vestir el chaleco blanco. Vivió gracias al apoyo de su mujer, una profesora de portugués que estudió el idioma y se preparó para rendir el examen de revalidación. "Es difícil llegar con tu profesión y no poder ejercerla de un día para el otro. Me asusté, tuve temor de no volver a ejercer la medicina. Pero las oportunidades llegan en su momento y se aprovechan", reflexiona.

Bolsonaro, quien ha minimizado sistemáticamente el coronavirus, mostró desprecio por los médicos cubanos y puso en duda su formación. El año pasado los acusó de "médicos disfrazados" en lugares pobres para plantar "células de guerrilla", admitiendo no tener ninguna prueba de eso. Cuando los hospitales empezaron a llenarse, los muertos a desbordar cementerios y el coronavirus avanzaba, Azze se quedó sin lugar para el resentimiento . El Covid-19, la peor pandemia del último siglo, anticipó su vuelta al ruedo. "Nos sentimos mal. Pero, a diferencia de Bolsonaro, los brasileños siempre nos agradecieron por nuestro trabajo y nos respetaron".

La pandemia prepara una ironía. Azze, acusado de guerrillero infiltrado, maltratado por el gobierno brasileño e impedido de ejercer la medicina, podrá con su esfuerzo salvar vidas, disminuir el drama brasileño y así, tal vez, salvar el pellejo del presidente brasileño. "Desgraciadamente nos llamaron debido a esta situación triste. Puedo hablar en nombre de muchos cubanos: lo único que pedíamos era una oportunidad para mostrar de lo que somos capaces"

Cuando todo pase, Azze espera seguir trabajando como médico. Será momento de reencontrarse con Hellen y celebrar el casamiento con una fiesta o una luna de miel, postergada por el paréntesis que abrió el coronavirus. Y, además, será tiempo de viajar para visitar a su abuelita Serafina, con quien habla todas las noches cuando deja las guardias en el hospital de campana. "Estamos orgullosos de ayudar al pueblo brasileño. Nuestra profesión implica a veces llevar noticias tristes, pero también es gratificante devolverle una abuelita su nieto", piensa.

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