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Si bien se consiguen todo el año al momento de adquirirlas, es bueno seleccionar las que resulten pesadas en relación a su tamaño, con cáscaras firmes y uniformes.
Las comunes pueden ser pequeñas, medianas o grandes. Algunas con abundantes semillas y otras sin ellas. Son buenas para jugos. Las grandes, también para rescatar la pulpa. Hay que pedir al frutero que las elija grandes, porque son mejores para pelar a vivo.
De ombligo: grandes, piel gruesa, más dulces que las primeras, se las conoce como “naranjas para comer”. Abundan entre mayo y septiembre.
Sanguíneas: son para comer y con fuerte pigmentación en su pulpa; atractivas por su color.
Las primeras llegaron en febrero. Las tardías, a partir de agosto hasta noviembre. En poco más aparecerán las bergamotas.
Criolla o de media estación: son las que más abundan, con semillas y más ácidas.
Satsuma: cáscara verdosa, gruesa, escasa acidez, pulpa bien naranja, sin semillas.
Dancy: cáscara muy anaranjada, piel fina, con semillas y más dulce que la criolla.
Bergamota o mandarina campeona: de gran tamaño, cáscara naranja intenso, interior pálido. Se quedan hasta fin de año.
Pomelos y limones son parte de este mundo. La demanda es menor.
Animate con esta receta que te propongo para hacer un dulce de tres cítricos
Además de consumirlas como fruta, se pueden obtener otros beneficios
