Materiales nobles y una planta abierta fueron las premisas de este proyecto sorprendente en el barrio de La horqueta.
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“Cuánta inteligencia”, destaca el arquitecto Agustín Goldenhorn en alusión a Alvar Aalto, quien diseñaba los caminos de su jardín después de ver por dónde andaban sus hijos y sobrinos. El dato surge mientras describe el lugar donde vive y su estilo, que son lo mismo: “una mezcla de lo racional con lo sensitivo”. En este lote de 290m2 en La Horqueta, eso se expresa de forma rotunda en el patio interno abierto que deja entrar un aire de vacaciones casi palpable.

La construcción tiene tres niveles: una planta baja con todos los usos sociales y en contacto con el jardín, un primer piso destinado a los espacios infantiles, y el segundo para la suite.

La intención de incorporar el exterior y la idea de vivir como en una casa de vacaciones es algo que reitero y que me inspira. Que nada esté porque sí, sino que todo produzca alguna sensación”
— Arq. Agustín Goldenhorn, responsable del proyecto y dueño de casa
Un corazón verde y redondo

Una bauhinia o “pezuña de vaca” traída de Corrientes es la protagonista absoluta del espacio. El cantero de 4 metros de diámetro también aloja helechos y un camino de grava blanca.

La planta baja abierta reúne funciones múltiples: “No creo que estos ambientes deban estar separados; acá sucede todo al mismo tiempo: poner música, cocinar, agregar leña al fuego”, señala Agustín.

Materialidad industrial

Además de su resistencia a la intemperie, el arquitecto eligió la chapa por su impronta: “Me remite al Delta, a la Patagonia... a lugares de relax”, asegura.

Como una chimenea vertical, el patio lleva luz y aire a los tres niveles de la vivienda y permite, además, que el árbol se oxigene y reciba agua de lluvia al abrir el techo.

Soñar despierto
En su dormitorio Agustín se dio el gusto de concretar el viejo anhelo de una ventana circular, pues el proyecto en sí fue una oportunidad para probar y verificar sus ideas más personales. “Como cliente, soy el ideal”, bromea.

El hormigón siempre me atrajo por su durabilidad, nulo mantenimiento y ese carácter artesanal gracias al cual ningún metro cuadrado es igual a otro”
— Arq. Agustín Goldenhorn, responsable del proyecto y dueño de casa

Al verde

Cuando se abren la cubierta vidriada del patio y el gran ventanal del living, la planta baja se transforma en una inmensa galería, “un espacio cuasi carioca”, como define el anfitrión.

Un añoso liquidámbar fue definitorio en la elección del lote y también en la orientación de la galería, que se prolonga bajo su sombra.

La pileta revestida en piedra San Luis tamboreada regala la postal más agreste del jardín. Con la misma forma y tamaño del patio interno, se inspira en un espejo de agua que cala un paisaje silvestre.
Geometría natural

Pensada para vivir en contacto íntimo con el verde, el sol, la lluvia y la tierra, la casa se cuela entre esos elementos para generar puntos de encuentro: desde la sombra del liquidámbar hasta la pared vidriada del toilette protegida por las plantas.

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