Entre los brumosos acantilados de Misty Cliffs, una pareja de galeristas y empresarios de Ciudad del Cabo encontró su sofisticado refugio en contacto con la naturaleza.
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Cameron Munro y Justin Rhodes llevan adelante la galería de arte What if the World y administran establecimientos hoteleros y gastronómicos en Ciudad del Cabo, a 45 minutos de su refugio oceánico en Misty Cliffs, una reserva natural que se distingue por acantilados que parecen suspendidos entre la niebla marina.

La pareja se habituó a los paseos por la costa escarpada como visitantes veraniegos hasta encontrar esta cabaña de tres niveles con el acceso por el piso superior, donde está el dormitorio principal (y desde ya, las vistas más fabulosas), el área social en el centro y, abajo, dos cuartos adicionales. Una distribución que acompaña la geografía junto con terrazas y balcones que cuelgan de todos los ambientes creando una conexión que los envuelve en una atmósfera de ensueño y mar.
Área social

“En invierno, encendemos la chimenea y nos sentamos a mirar las tormentas; es como estar en una típica cabaña de troncos. En verano, cuando abrimos todo, cambia en el acto a refugio playero”.

Se dice que, en 1970, cuando salió al mercado, el sillón ‘Falcon’ generó un fanatismo tal que las ventas de Vatne Møbler en el mundo se triplicaron. A la icónica pieza con forma de hamaca, una de las favoritas de la casa, la acompañan una silla vintage con apoyapiés (Knoll).
Cocina integrada
Los dueños de casa son reconocidos en el circuito gastronómico y cultural de Ciudad del Cabo. Entre otras cosas, administran varios mercados foodie sudafricanos, cuya impronta trasladaron a su propia cocina: simple, compacta y con acentos de diseño.

“Nuestro amigo Gregor Jenkin, eximio diseñador de muebles, nos sugirió este verde para destacar los pisos de haya originales, que tienen un tinte amarillento.”

Cielo raso de caña, un excelente aislante que no contamina y da una apariencia natural que hoy es tendencia en el mundo. La planta baja exhibe las versiones colgante y de mesa de la lámpara opalina modelo ‘IC’, de Michael Anastassiades (Flos).
Atmósfera marítima
Un dibujo a lápiz del artista Paul Edmunds recrea en el dormitorio principal la mítica bruma de esta región del Cabo. “Es levantar la cortina y sentirse en un crucero”, dice Cameron sobre el imponente entorno marino.

Según cambia la luz, el verde va variando del pistacho a un tono más seco. Pintar fue la única intervención de los nuevos dueños, y no se equivocaron

El dormitorio de huéspedes, en planta baja, se ambientó con dos collages en papel del artista sudafricano Morné Visagie (What if the World).

El mar, en primera fila
Para llevar la experiencia oceánica a otro nivel, se generó un segundo deck que casi parece colgar de la ladera de la montaña y ofrece una envidiable primera fila al Atlántico.

“Nos relacionamos más con la vista del océano que con la playa”. La definición, que habla de una actitud estética, se explica también por la baja temperatura del océano Atlántico por estos lares, que no admite más que un ocasional chapuzón rápido y ultra refrescante.

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