
La búsqueda de un cuerpo extremadamente definido puede llevar a restricciones que alteran el funcionamiento de órganos y otros procesos esenciales
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Buscar un cuerpo extremadamente definido puede llevar a algunas personas a reducir de manera excesiva su alimentación con la intención de disminuir al máximo su porcentaje de grasa. Sin embargo, llevar estas reservas a niveles demasiado bajos también puede traer consecuencias para la salud.
De acuerdo con un artículo publicado por BBC Mundo, la grasa corporal cumple funciones importantes más allá de almacenar energía. Elif Oral, endocrinóloga y profesora de Medicina de la Universidad de Michigan, explicó que este tejido tiene un papel fundamental en diferentes procesos: “Desempeña una función biológica muy importante”.
Además, estas reservas ayudan a conservar energía para cuando el cuerpo la necesita, contribuyen a mantener la temperatura y producen hormonas que envían señales al cerebro sobre la energía disponible. Cuando disminuyen demasiado, pueden aparecer consecuencias que afectan distintas funciones del organismo.
¿Qué pasa cuando hay muy poca grasa?
- Pérdida de masa muscular: cuando no hay suficiente energía disponible, el cuerpo puede comenzar a utilizar los músculos como fuente de combustible.
- Debilitamiento de los huesos: una alimentación demasiado restrictiva puede afectar su formación y reparación, aumentando el riesgo de fracturas.
- Cambios hormonales: la falta de reservas puede alterar los niveles de algunas hormonas.
- Alteraciones en la menstruación: algunas mujeres pueden presentar períodos irregulares o incluso dejar de menstruar.
- Menor capacidad para enfrentar enfermedades: ante una infección u otra situación de exigencia, contar con pocas reservas puede dificultar la respuesta del organismo.

Precisamente, cuando la cantidad de grasa disminuye demasiado debido a una restricción severa de alimentos, el cuerpo intenta ahorrar la energía que le queda. Jessica Maung, investigadora de la Universidad de Michigan, explicó que tener muy poco tejido graso puede afectar el funcionamiento de los órganos y de distintos procesos del organismo.
A esto se suma el impacto sobre los huesos y las hormonas. Fredrik Karpe, catedrático de medicina metabólica de la Universidad de Oxford, señaló que una reducción extrema puede dejar los huesos más vulnerables y aumentar el riesgo de fracturas. En los hombres también pueden disminuir los niveles de testosterona, mientras que algunas mujeres pueden experimentar alteraciones en su ciclo menstrual.
Ahora bien, no existe un porcentaje de grasa que pueda considerarse adecuado para todas las personas. Como referencia general, los hombres adultos sanos suelen tener entre 10 % y 20%, mientras que en las mujeres adultas sanas la cifra suele ubicarse entre 20 % y 29 %. Estas proporciones pueden variar según las características de cada persona.
Por esta razón, conocer el porcentaje exacto no siempre es sencillo. Las básculas inteligentes y las mediciones de pliegues ofrecen estimaciones, pero tienen limitaciones. Incluso el IMC puede resultar insuficiente, ya que no diferencia entre grasa y masa muscular. Por eso, más que perseguir un porcentaje cada vez menor, la recomendación es buscar un equilibrio que permita al cuerpo funcionar de manera adecuada.

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