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Es un mineral indispensable para el cuerpo pero que, curiosamente los humanos no pueden producir. Para incorporar yodo en el organismo hay que hacerlo mediante ciertos alimentos que lo contienen, suplementos vitamínicos o pastillas.
Precisamente, evitar una deficiencia de yodo es fundamental para mantenerse sano y evitar problemas de tiroides que es la parte del cuerpo más afectada por la falta de este mineral. Por eso mismo, resulta práctico saber cómo el cuerpo puede estar indicando que necesita más yodo.
Durante las últimas décadas, organizaciones e instituciones reconocidas mundialmente como la Red mundial de yodo, UNICEF, la Asociación Americana de la Tiroides y la Organización Mundial de la Salud han realizado esfuerzos en todo el mundo para eliminar la deficiencia de yodo y, justamente, la promoción del uso de la sal yodada ha sido uno de los pilares de la prevención de la falta de este elemento en el organismo.
Según la Escuela de Salud de Harvard, el yodo es un oligoelemento esencial que el cuerpo no produce naturalmente y que está presente en algunos alimentos. El mismo es indispensable para la vida de los humanos y animales ya que el organismo lo necesita para producir hormonas tiroideas como la tiroxina y triyodotironina, que ayudan en la creación de proteínas y en la actividad enzimática, así como en la regulación del metabolismo normal.

Sin suficiente yodo, las hormonas tiroideas no funcionan correctamente y pueden causar las condiciones médicas de hipotiroidismo e hipertiroidismo como otros efectos secundarios negativos en el cuerpo, dice la publicación de la Universidad de Harvard.
“La deficiencia de yodo tiene consecuencias muy negativas en la salud en todas las etapas de la vida. Por ejemplo, puede dar lugar a un crecimiento retardado, subdesarrollo neurológico, producción escasa de hormonas tiroideas -hipertrofia de glándula tiroides, llamada “bocio”- y neoplasias, entre otras”, explica la licenciada en Nutrición, Sofía Martínez (M.P. 5401).
Respecto de la relación del yodo con la tiroides, un grupo de investigadores siguió de cerca el caso de un varón adolescente con antecedentes de trastorno del espectro autista leve y una dieta extremadamente restrictiva en quien se descubrió que la deficiencia de yodo era la etiología de su bocio (aumento del tamaño de la glándula tiroides) e hipotiroidismo con anticuerpos negativos. El niño comenzó un tratamiento con suplementos de yodo y empezó a tener una mejoría visible del bocio en dos semanas y una normalización de las pruebas de función tiroidea a las cuatro semanas.
Según la Lic. Martínez, uno puede empezar a sospechar la ausencia de yodo a través de los siguientes síntomas: inflamación del cuello (por causa del agrandamiento de la glándula tiroidea), aumento de peso excesivo, fatiga y debilidad, sensibilidad al frío, caída de cabello y sequedad de la piel.
En cuanto a cómo se diagnostica clínicamente, explica la profesional que una vez que el paciente detecta algunos de los síntomas mencionados puede consultar con su médico de cabecera quien podrá diagnosticar la deficiencia a través de un examen de orina o de sangre en el que se puede ver el nivel de concentración de yodo en la orina.

“Aumentar el consumo de alimentos fuentes de yodo es de suma importancia ya que como ya se mencionó, el cuerpo no puede producirlo por sí solo”, destaca la Lic. Martínez. A su vez recomienda tener en cuenta a los siguientes para incorporar en el día a día.
Según la Biblioteca Nacional de Medicina, dependiendo la edad los niveles deseados de yodo son:



