Los vuelos de la droga: detuvieron a los dos hermanos narcos que estaban prófugos después de atropellar y dejar grave a un gendarme
Se trata de Santiago y Juan Cruz Borras, quienes habían escapado tras el aterrizaje de una avioneta con 321 kilos de cocaína
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ROSARIO.- Después de varios intentos fallidos, detectives de la Gendarmería Nacional detuvieron hoy a la madrugada, en la localidad de Funes, Santa Fe, a los hermanos Santiago Emmanuel y Juan Cruz Borras, quienes se habían escapado el martes pasado, tras el aterrizaje de una avioneta con 321 kilos de cocaína en un campo cerca de Villa Eloísa. En esa huida, los Borras atropellaron a un gendarme en un camino rural. El uniformado sigue internado en terapia intensiva en un sanatorio de Rosario.
La detención de los hermanos Borras se produjo tras seis allanamientos que habían dado resultado negativo. Se llevaron adelante durante las últimas horas en la localidad de Roldán, de donde son oriundos los prófugos, y en Melincué. La Justicia Federal los señala como líderes locales de una organización dedicada a ingresar cargamentos de droga desde Bolivia mediante logística aérea y terrestre.
Las detenciones fueron efectuadas por el Centro de Operaciones Antidrogas y la Unidad Antidrogas Rosario de la Gendarmería Nacional. Además, en uno de los procedimientos se detuvo a otro integrante de la banda.

Como informó LA NACION, Santiago Borras debería estar cumpliendo prisión domiciliaria por una causa por narcotráfico de 2014 en la que fue condenado a cuatro años de prisión, luego de que la Corte Suprema de la Nación anulara la sentencia del Tribunal Federal Oral N°2 de Rosario que le había aplicado una pena de tres años, por debajo del mínimo para el tipo penal. En aquel momento, en el fallo del tribunal se advirtió que Santiago Borras era “una persona joven, arrepentida y que estaba logrando reencauzar su vida en una resocialización no institucionalizada”.
Borras fue detenido en 2014 en la Ruta 33 cuando viajaba hacia el sur del país con 4 kilos de marihuana.
Este narco debería estar recluido en su casa hasta 2029, pero como no tenía ni siquiera tobillera electrónica y nadie lo controlaba —la última inspección a su domicilio fue en febrero pasado— su ocupación actual era la de ser un engranaje de la logística de la llegada de cargamentos de cocaína a la zona del Gran Rosario. Su nombre apareció en el radar de los investigadores en noviembre pasado, cuando se estrelló una avioneta en Arequito, Santa Fe, con 60 kilos de cocaína.

Borras, según el perfil que delinearon los investigadores judiciales, era un narco que usaba los caminos rurales en plena pampa sojera para el aterrizaje de avionetas provenientes de Bolivia. Pero su perfil no daba indicios de que se tratara de una persona violenta ni de contactos con el crimen organizado más clásico de Rosario, señaló un abogado que ejerció su defensa durante su primer juicio. Se dedicaba a la compra y venta de autos en Roldán, donde también había instalado un lavadero de autos.
Anteayer, cuando se produjo el operativo de la Gendarmería Nacional tras la llegada de esta nueva aeronave, fueron detenidos dos pilotos bolivianos que trasladaban la droga.
Otra particularidad del caso es que Juan Cruz Borras se desempeñaba actualmente como empleado de una importante terminal portuaria de Rosario, un dato que encendió alertas por la posibilidad de que esta droga que llegaba a esta región estuviera destinada al contrabando internacional a través de la hidrovía.
Juan Cruz Borras enfrenta actualmente una causa por portación ilegal de arma de fuego que tramita en la Justicia de San Nicolás, en la provincia de Buenos Aires.
Los Borras se fugaron después de que aterrizó la avioneta en Villa Eloísa con 321 kilos de cocaína. Desde hacía varios días un grupo de gendarmes vigilaba la zona; tenían información de una investigación de la Procuraduría de Narcocriminalidad (Procunar) de que iba a llegar un cargamento proveniente de Bolivia.
Los gendarmes que estaban apostados en las inmediaciones de Villa Eloísa sabían que estaban detrás de un “pez gordo”. Suponían que no esperaban a improvisados e intuían que no estaban desprovistos de recursos, sino todo lo contrario; en ocasiones tienen incluso mucho más de lo que cuenta esa fuerza.
Cuando la avioneta aterrizó, un grupo se dirigió hacia la zona del descenso de la aeronave y cuando llegaron se encontraron con que dos camionetas Fiat Strada y un VW Gol estaban junto a la avioneta. En uno de los vehículos se subieron el piloto y un acompañante, ambos de origen boliviano; en tierra dejaron los bultos con cocaína y en la aeronave, bidones de combustible. Al ver a los gendarmes prefirieron huir y abandonar la cocaína.

Cuando los narcos se dieron a la fuga en los tres vehículos, los gendarmes comenzaron a seguirlos. Se comunicaron con otros efectivos que estaban apostados en la zona para lograr alcanzar a los prófugos. La persecución se dio en los caminos rurales de Villa Eloísa y Bustinza, en el sur de Santa Fe. Ese seguimiento fue complejo en medio de rutas vecinales destruidas tras las intensas lluvias de hace un par de semanas y la salida de la cosecha.
En un momento, los narcos dejaron al piloto y su acompañante boliviano, que fueron detenidos por los uniformados. Y también descartaron dos vehículos, uno de los cuales fue incendiado. El momento más crítico de la persecución se produjo cuando los criminales embistieron a uno de los gendarmes que intentó detener a los prófugos.
El gendarme quedó herido y estuvo unos minutos inconsciente, según fuentes de la fuerza de seguridad federal; después fue trasladado a un hospital de Cañada de Gómez y desde allí, derivado a un centro asistencial de Rosario, donde quedó internado en terapia intensiva.
Durante la tarde, la Gendarmería montó una serie de operativos en la zona de Roldán, a unos 15 kilómetros de Rosario, donde los prófugos tienen sus domicilios. Finalmente, los atraparon en los primeros minutos de este jueves.
Este nuevo cargamento interceptado deja al descubierto el crecimiento del volumen de droga que llega al centro del país desde Paraguay y Bolivia. La sospecha de los investigadores judiciales es que estos cargamentos no tienen como destino el consumo doméstico en las principales ciudades del país, sino el contrabando internacional. El destino final de estos volúmenes de droga es Europa, Asia y Oceanía, donde el valor del estupefaciente es mucho más elevado. En Australia se llega a pagar US$160.000 por un kilo de cocaína, mientras que en Bolivia tiene un valor de 2000 dólares.
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