El asesino que conquistó a la hermana de un juez

Docentes exigieron justicia en los años 90
Docentes exigieron justicia en los años 90 Crédito: El Litoral de Santa Fe
"Hace 31 años que busco a mi madre", dijo la mujer y señaló a su padre como responsable de otra desaparición
Gustavo Carabajal
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26 de octubre de 2019  

Daniela tenía seis meses cuando su madre, la profesora de educación física Marta Isabel Romero, desapareció el 23 de marzo de 1988, en la ciudad de Santa Fe. Hace una semana aportó el dato clave para esclarecer el homicidio de Ana María Alurralde. La joven señaló a su padre y pareja de Ana María, Santiago Daniel Fernández, como sospechoso de la desaparición de la hermana del juez federal de Reconquista, Aldo Alurralde.

El dato aportado por Daniela permitió que el último fin de semana se encontrara el cuerpo de Ana María. A su vez este macabro hallazgo echaría luz sobre la desaparición de la docente Romero, un misterio que lleva más de 31 años en Santa Fe.

Cuando la docente desapareció, al final del verano de 1988, la sociedad santafesina estaba conmocionada por la acusación contra el máximo ídolo deportivo de la provincia: Carlos Monzón, detenido por el homicidio de su mujer, Alicia Muñiz. Por entonces, gobernaba la provincia el justicialista Víctor Reviglio y no existía la figura del femicidio. En ese contexto ocurrió la desaparición de la docente Marta Romero, que salió de la casa de su madre, situada en Pedro Zenteno 972, para encontrarse con su exesposo, de quien se había separado pocos meses antes.

Romero se había mudado a la casa de su madre junto con su pequeña hija, de seis meses, Daniela. El día que desapareció, debía encontrarse con Fernández en el estudio de la abogada Nilda Rotger para comenzar los trámites del divorcio. Nunca llegó. Su automóvil fue hallado con las puertas abiertas en la dársena de estacionamiento situada en el Boulevard Pellegrini frente al Hospital Iturraspe y al estadio de Unión.

Desde ese día nada se supo de Marta Romero. En esa época, Daniela tenía seis meses y su madre había decidido separarse de su padre por una serie de episodios de violencia intrafamiliar que sufrió. Durante más de dos décadas, su abuela encabezó la búsqueda.

Seis jueces sin respuestas

Elsa Bertoldi, que hoy tiene 90 años, se presentó ante los seis jueces que tuvieron el caso, pero no tuvo ninguna respuesta. El caso tampoco tuvo imputados, aunque la madre de la docente desaparecida, después de muchos años, pidió que se investigase a su yerno. La reserva en acusar públicamente a la pareja de su hija se relacionaba con el temor que la mujer le tenía a Fernández.

No era un miedo infundado. En 1988, Fernández se movía con seguridad en la noche santafesina, debido a que trabajaba como inspector de Sadaic. En este contexto, el sospechoso se relacionó con personajes influyentes en el ambiente político y policial de Santa Fe.

Aunque nunca fue imputado formalmente en la causa por la desaparición de su mujer, Fernández convocó a una conferencia de prensa en un hotel cuatro estrellas de la capital provincial para desmentir los rumores que lo vinculaban con el caso.

"Mientras estaba embarazada mi hija quiso vivir conmigo: sufría agresiones físicas, insultos e infidelidad. Después que nació mi nieta él era asiduo concurrente a mi domicilio, lo que fastidiaba a Marta, además intentó persuadirla para que volviera", relató Elsa en una carta entregada al periodista José Luis Pagés del diario El Litoral, al cumplirse 23 años de la desaparición de su hija.

Ante la falta de respuestas por parte de los jueces y la policía, la madre de la docente desaparecida presentó el caso ante los medios de comunicación santafesinos.

"A las 22 del día que mi hija desapareció, pensando que hubiera podido sufrir un accidente, le pedí que vaya a la comisaría 3a. a radicar la denuncia. Por supuesto que no fue. A medianoche llame por teléfono, atendió y me dijo: 'Número equivocado' y colgó", expresó la madre de la docente en la carta enviada a Pagés. En cada misiva, Elsa se cuidaba de no mencionar a Fernández ante el temor de que tomara alguna represalia o se llevara a su nieta.

Coincidencia entre casos

La situación que describió Elsa en la última carta sobre la reacción del sospechoso que nunca fue a buscar a su hija constituye una réplica exacta de la actitud que tuvo Daniel Lagostena ante los llamados de la madre y la hermana de Érica Soriano la tarde que la joven embarazada desapareció el 20 de agosto de 2010, en Lanús. Lagostena demoró un día en radicar la denuncia por la desaparición de Érica. Según los familiares de Soriano, tuvieron que insistirle para que concurriese a la comisaría.

La demora en radicar la denuncia por averiguación de paradero de sus parejas constituye un elemento en común entre la desaparición de la docente santafesina y la joven embarazada de Lanús. Además, los cuerpos de Romero y de Soriano nunca fueron encontrados.

Existe una diferencia entre ambos hechos. En el caso de Érica, su pareja, Lagostena, fue condenado a 22 años de cárcel. Mientras que Fernández nunca fue imputado por la desaparición de su pareja.

El dato inesperado

Actualmente, la madre de Romero tiene 90 años y sufre graves problemas de salud. Su reclamo para que la Justicia y la policía busquen a su hija fue acompañado por representantes del gremio docente. Marta trabajaba como profesora de Educación Física en un colegio de la localidad de Recreo.

Diez años después de la desaparición de su expareja, Fernández conoció a Ana María Alurralde y comenzó una relación con la hermana del juez federal de Reconquista.

Con su abuela afectada por problemas neurológicos, Daniela se hizo cargo de la búsqueda de su madre. Durante casi tres décadas no tuvo contacto con su padre. Sin embargo, hace cinco años restableció el vínculo. Aunque el destino provocó que se convirtiera en la principal testigo contra su padre.

Hace una semana, cuando se conoció la noticia de la desaparición de la segunda esposa de su padre, Daniela lo señaló como el principal sospechoso. Fernández, de 66 años, pareja de Ana María Alurralde, había radicado la denuncia de averiguación de paradero de la hermana del juez federal de Reconquista el viernes pasado.

Al día siguiente, cuando Daniela se presentó en la sede del Ministerio Público los investigadores no tenían ninguna pista sobre el paradero de Ana María. "Hace más de 31 años que busco a mi madre. No me extrañaría que este hombre hubiera matado a Ana María". El hombre al que señaló Daniela como el sospechoso a investigar era Fernández, su padre, quien diez años después de la desaparición de su madre comenzó una relación con la hermana del juez.

Hasta que Daniela relató su historia familiar ninguno de los investigadores había relacionado las desapariciones de ambas mujeres: Marta y Ana María.

Si bien la policía y la fiscal Ana Laura Gioria desconfiaban de Fernández, la declaración de Daniela confirmó la sospecha y avaló un allanamiento en la casa de Regis Martínez al 3900, a pocas cuadras del cementerio municipal de Santa Fe. Al revisar la vivienda, los peritos hallaron manchas de sangre que habían sido limpiadas.

Esa mañana, luego de que los peritos revisaron su casa, supuestamente acorralado por los indicios en su contra, Fernández le comentó a un allegado: "Yo sé dónde la pueden encontrar". El cuerpo de Ana María fue hallado en el fondo de un zanjón. A Marta la siguen buscando y se espera que Fernández aporte algún dato para encontrarla.

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