“Momento de brillar”. Los audios que delatan a “Los Peluches”, la banda con gendarmes que enseñaban a camuflar cocaína
En el TOF 2 de Salta se escucharon por primera vez las grabaciones del grupo de WhatsApp de la organización; allí se detallan “tutoriales” para acondicionar la droga, cómo sortear controles y cómo repartir ganancias; el caso tiene siete imputados y dos secuestros por 334 kilos de cocaína
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“Vos mirás los detalles, ¿viste? Ahí es donde te llama la atención y ya querés chusmear… Entonces hay que evitar eso: tiene que estar lo más original posible y bien hecho el trabajo”. La frase sonó en los parlantes de la sala y el ambiente cambió de inmediato.
En el estrado, los jueces escuchaban inmóviles, con el gesto tenso. En el banquillo, cinco gendarmes −en actividad, dados de baja o próximos a incorporarse a la fuerza− y dos civiles permanecían en silencio mientras la grabación avanzaba con naturalidad por una serie de explicaciones que, en cualquier otro contexto, podrían confundirse con un instructivo técnico, pero que detallaban cómo esconder cocaína en distintos compartimentos de camionetas para evitar controles.
“Fue terrible el momento”, dijeron a LA NACION quienes presenciaron la audiencia cuando las voces de dos de los imputados continuaron describiendo métodos, precauciones y reparos para no levantar sospechas en las rutas.

El juicio oral a siete imputados por dos envíos de un total de 334 kilos de cocaína incorporó como prueba central los audios del grupo de WhatsApp “Los Peluches”. La fiscalía, representada por Ricardo Toranzos, la auxiliar fiscal Carolina Aráoz Vallejo y el investigador Facundo Saravia, presentó esas grabaciones ante el Tribunal Oral Federal 2 de Salta, conformado por Gabriela Catalano, Domingo Batule y Diego Matteucci.
En los mensajes, los acusados conversaban sobre rutas, previsiones, formas de sortear controles y modos de acondicionar la droga en camionetas utilizadas en los viajes. También utilizaban apodos y se referían a la organización como “la empresa”, “la asociación” o “el microemprendimiento”.

Como presuntos coautores del delito de transporte de estupefacientes, agravado por el número de intervinientes, están siendo juzgados Jonathan Leonel Ostapowicz, Richar Ariel Delgado, Diego Hernán Delgado, Gabriel Osvaldo Ruiz Apaza y Adrián Emilio Escarlata. En tanto, Federico Rubén Batista y Francisco Agustín Flores están acusados como partícipe necesario y partícipe secundario, respectivamente.
En los casos de Batista y Diego Delgado, el delito se agrava por su condición de gendarmes en actividad en el Destacamento Móvil 1 de Campo de Mayo. El resto, salvo Ostapowicz, tenía algún vínculo con Gendarmería: Escarlata y Richar Delgado habían sido dados de baja, mientras que Apaza y Flores estaban por ingresar como aspirantes.

La fiscalía presentó como testigo al primer alférez Octavio Mansilla, de la Unidad de Investigaciones y Procedimientos Judiciales de Salta, quien explicó cómo se analizaron los audios y las llamadas extraídas de celulares secuestrados a algunos de los acusados. Según su exposición, de allí surgieron detalles sobre rutas, roles, apodos, previsiones y compras de vehículos destinadas a los viajes. La presentación fue contundente: las defensas no repreguntaron y los imputados escucharon sin apartar la vista, en silencio.

En las grabaciones se escucharon instrucciones precisas sobre cómo mantener la estructura del vehículo sin delatar modificaciones. Advertían que si la camioneta quedaba “muy playita” en la parte posterior, podía resultar sospechoso; indicaban reforzar los elásticos si el peso era demasiado; recomendaban distribuir la carga hacia los costados y detallaban cómo abrir asientos, “comer la gomaespuma”, armar “cajoncitos” y lograr que todo quedara con un aspecto “impecable” desde afuera. La lógica era clara: mientras más original se vea la camioneta, más fácil pasar inadvertido.
También aconsejaban cómo presentarse ante controles de ruta: desde identificarse como integrantes de unidades específicas de inteligencia hasta apelar a excusas familiares para justificar desplazamientos.

Otros audios daban cuenta de la logística comunicacional. Los encargados de los viajes debían avisar al iniciar la ruta, volver a reportar al llegar a destino y mantener actividad en línea cada una o dos horas para que quienes coordinaban los movimientos pudieran seguir la conexión.
La jerga interna era un capítulo aparte: la droga era “pasajeros”, “pajaritos” o “cajas”; los viajes, “cursitos”; las felicitaciones incluían expresiones como “pasaste como el mejor cabo primero de la Nación”; y la planificación se anunciaba como “tu momento de brillar”.
La reproducción de estos audios, según la fiscalía, no solo confirmó los roles de los acusados en los dos viajes por los que están siendo juzgados, sino que también aportó indicios sobre actividades anteriores. La fiscalía sostiene que la organización funcionaba con planificación, división de tareas, circulación de información técnica y una estructura que combinaba experiencia operativa con aprendizajes internos compartidos.

El impacto de los audios en el juicio
El primer hecho que dio origen al caso ocurrió el 19 de mayo de 2024, cuando el cabo primero Diego Hernán Delgado fue detenido en el puesto de control de General Pizarro, sobre la ruta provincial 5. Viajaba en una Toyota Hilux con su uniforme colgado en el asiento trasero y llevaba 303 kilos de cocaína en cajas de cartón. Ese procedimiento disparó la investigación y derivó en nuevas detenciones y allanamientos.
Meses más tarde, el 26 de octubre del mismo año, en el puesto El Naranjo, en Rosario de la Frontera, Salta, fue detenido Adrián Emilio Escarlata con 31 kilos ocultos dentro de la rueda de auxilio de una Volkswagen Amarok. Ese traslado se hacía en modalidad de convoy, con una camioneta “puntera” conducida por Ruiz Apaza y Flores.
La fiscalía señala que el análisis posterior del teléfono de Escarlata permitió recuperar información clave para reconstruir el funcionamiento del grupo y acceder al contenido del chat “Los Peluches”. Allí aparecían instrucciones internas sobre cómo actuar ante controles, advertencias sobre nuevos puestos fijos y referencias a roles, recorridos y condiciones operativas de los viajes.
Durante la audiencia, el punto más tenso llegó cuando se escucharon las indicaciones sobre cómo esconder la droga. “Hubieses visto la cara de los jueces cuando escucharon los audios… fue terrible el momento”, relató a LA NACION una fuente presente en el tribunal.
La precisión técnica, la naturalidad de las explicaciones y el uso de conocimientos adquiridos en el ámbito profesional para evadir controles fueron los aspectos que más impacto generaron en la sala.

El debate, que comenzó el 19 de diciembre pasado, continuará con declaraciones técnicas y peritajes destinados a clarificar el rol de cada imputado y sus intervenciones en los hechos.
Los jueces deberán evaluar si el contenido del chat —sus instrucciones, la planificación descrita, los apodos y la forma de coordinación— constituye prueba suficiente para atribuir responsabilidades directas en los dos transportes de cocaína ya acreditados. Para el Ministerio Público Fiscal, la articulación entre los audios y los secuestros documentados conforma un cuadro que exhibe continuidad operativa, coordinación interna y un traspaso sistemático de conocimientos destinado a asegurar el traslado de la droga sin ser detectados.
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