Renunció el jefe de los fiscales de Rosario, acusado de cobrar coimas del juego clandestino

El fiscal Patricio Serjal presentó su renuncia tras haber sido acusado de cobrar coimas del juego clandestino
El fiscal Patricio Serjal presentó su renuncia tras haber sido acusado de cobrar coimas del juego clandestino
Germán de los Santos
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3 de agosto de 2020  • 14:12

ROSARIO. El jefe de los fiscales de Rosario, Patricio Serjal, presentó la renuncia, después de que él y su par Gustavo Ponce Asahad fueran acusados de cobrar coimas de un supuesto capitalista del juego clandestino ligado a la banda de Los Monos.

Serjal, cuya actuación estaba bajo la lupa desde el año pasado, presentó el sábado -aunque la novedad recién trascendió anoche- su dimisión al cargo de Fiscal Regional, el más alto en la ciudad dentro del Ministerio Público de la Acusación (MPA). Este lunes también renunció a su puesto de grado.

Mañana, Ponce Asahad y su secretario, Nelson Ugolini, serán imputados en la causa por el supuesto pago de coimas. Aún no se definió cuándo se acusará formalmente a Serjal, a quien el fiscal general, Jorge Baclini, señaló como presunto partícipe de la red de sobornos.

La Comisión Bicameral de Acuerdos de la Legislatura de Santa Fe se reunirá mañana para tratar el caso de los dos funcionarios. El fiscal regional ya estaba siendo investigado por otro caso y los legisladores, oportunamente, habían rechazado separarlo de sus funciones.

Esta trama de coimas estalló tras la declaración del empresario Leonardo Peiti, que se presentó como arrepentido la semana pasada y reveló detalles de las coimas que supuestamente cobraban los fiscales Ponce Asahad y Serjal desde diciembre de 2018. Este hombre, imputado en la causa, reveló el día y la hora en que habría pagado tales sobornos. Los fiscales de la causa, Matías Edery y Luis Schiappa Pietra, confirmaron luego los últimos encuentros reseñados a partir del cotejo de las imágenes de las cámaras de seguridad de varios sitios.

Una de las últimas reuniones que Peiti mantuvo con Serjal fue en la ciudad de Buenos Aires, en el hotel Etoile, de Recoleta. Allí, según reveló el abogado del "empresario", el fiscal regional le habría pedido 100.000 dólares a cambio de favorecerlo en la causa en la que se lo investigaba, que unía a la banda de Los Monos con el juego clandestino y con una red de extorsiones a "cuevas" financieras del centro de Rosario.

Peiti tiene empresas de juego legal en Formosa, Mar del Plata, Misiones y Paraguay. Según su abogado, maneja el casino del hotel Sasso, que pertenece a la Unión de Trabajadores Hoteleros, Gastronómicos y Afines (Uthgra), que conduce Luis Barrionuevo.

Según la investigación, la entrega del dinero se produjo días después en el Pasaje Rosario, a metros de los Tribunales. Ahí, según el abogado Ángelo Rossini, fue Ponce Asahad el que buscó el dinero, que no eran 100.000 sino 10.000 dólares; el empresario le dijo que era lo que había podido conseguir con cierta rapidez. Peiti reveló que mantuvo más de 30 encuentros, en los que pagó entre 4000 y 5000 dólares a los fiscales.

La "tranquilidad" del negocio del juego clandestino en Rosario se rompió hace más de un año, cuando Ariel "Guille" Cantero, líder de Los Monos, y su lugarteniente, Maximiliano Díaz, alias Cachete, descubrieron que se podían inmiscuir en ese rubro, que durante los últimos cuatro meses de pandemia de Covid-19, y con el cierre del casino City Center, duplicó su facturación.

Para lograr asociarse con Peiti, Cachete usó la clásica estrategia de Los Monos: las amenazas y la violencia. El 1º de julio del año pasado dos jóvenes en moto pasaron por el edificio de Servando Bayo al 1000, donde dispararon cinco balazos y escribieron con aerosol rojo en una pared el mensaje: "Leo pagá". El destinatario del "apriete" era Peiti, quien denunció que Guille Cantero le había pedido 400.000 dólares a cambio de no ser blanco de más atentados.

Según la investigación de los fiscales Edery y Schiappa Pietra, supuestamente Peiti ya pagaba sobornos a la policía para que nada importunara el funcionamiento de sus casinos clandestinos; lo hacía a través de Alejandro Torrisi, exjefe de la Unidad Regional VI de Villa Constitución. Se detectó en la causa que ese oficial retirado visitó en varias oportunidades la jefatura de Policía de Rosario para, eventualmente, definir los alcances del acuerdo.

El viernes agentes de la Tropa de Operaciones Especiales allanaron la residencia del fiscal Ponce.
El viernes agentes de la Tropa de Operaciones Especiales allanaron la residencia del fiscal Ponce.

Pero aparecieron nuevos actores, además de la policía, como destinatarios de las coimas: Los Monos y los fiscales Ponce Asahad y Serjal, según se desprende de la investigación judicial y de lo detallado por el fiscal general Baclini.

A Guille Cantero, según surge de la causa, le pagaba con salas de juego ilegales. Según declaró Peiti, desde diciembre de 2018 les abonaba coimas a los funcionarios del MPA, con quienes mantuvo alrededor de 30 encuentros en distintos lugares de Rosario y de la Capital Federal. Los "sobres" eran de entre 4000 y 5000 dólares mensuales, dijo.

En el expediente consta el registro de las cámaras de seguridad del momento en que se concretó uno de esos pagos, en la cochera del restaurante Ceviche, de Jujuy y Oroño. También, en el pasaje Rosario, prácticamente junto a los Tribunales de la ciudad.

El abogado de Peiti, Ángelo Rossini, detalló que desde diciembre de 2018 su cliente "se reunió con el fiscal Ponce Asahad, que lo citó en un bar de Mendoza y bulevard Oroño para brindarle información sobre una causa en la que se lo investigaba y que entonces le pidió entre 4000 y 5.000 dólares por mes no solo para él sino también para su jefe [Serjal], a los fines de tener protección, a lo que accedió por temor a quedar 'entrampado' en alguna causa".

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Hay una "pata" política que se está investigando, alguien que también "embolsaba" una parte de la cadena de coimas que desembolsaba Peiti, que a su vez está lejos de ser una víctima en esta trama, ya que luego terminó por asociarse con Cantero y le pasó información clave para llevar adelante extorsiones contra otros empresarios que, como él, transitaban por la oscuridad de algún rubro de la economía, sobre todo el financiero.

Se sospecha que todas las estructuras del Estado recibían dinero de este capitalista del juego clandestino: la policía, la Justicia y sectores de la política. Pero a los que Peiti les tenía más miedo no era a este entramado corrupto sino a Los Monos, con quienes terminó siendo socio de un negocio de recaudación permanente, con más de 80 casinos clandestinos.

Por eso, en cuanto la investigación de Edery y Schiappa Pietra avanzó y los fiscales empezaron a detectar cómo funciona este entramado corrupto, este capitalista del juego, de 46 años, decidió presentarse como arrepentido y contar todo, con lujo de detalles, especialmente dónde y cómo se concretaba cada pago de coimas a los fiscales, que -según altas fuentes de la causa- "nunca creyeron que Peiti los iba a entregar".

Serjal ya estaba siendo sometido a una investigación en la Legislatura, luego de que en noviembre pasado fuera denunciado por el empresario Omar Santero, quien adujo que había sido perjudicado en una causa en litigio contra el titular de Auto Rosario, Rómulo González, a quien 29 días después del fallo el fiscal regional le compró dos autos Toyota cero kilómetro.

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