Un rompehuesos oculto en Israel

Gustavo Carabajal
Gustavo Carabajal LA NACION
Federico Schiber
Federico Schiber
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21 de septiembre de 2019  

Federico Schiber es el único prófugo de la denominada banda de los rompehuesos, que se dedicaba a fracturar las piernas de mujeres en situación de extrema pobreza para cobrar millonarias indemnizaciones a compañías de seguros por accidentes de tránsito que nunca ocurrieron.

Actualmente, el fugitivo argentino está oculto en una ciudad de la llanura de Sharon, cerca de Tel Aviv. Se cambió el nombre. Utiliza la identidad de su abuela materna. Y el Ministerio del Interior de Israel comenzó a investigar si hubo irregularidades en el otorgamiento de la ciudadanía de ese país.

La sospecha de las autoridades de Israel se fundó en que la mayoría de los interesados que piden la ciudadanía por la ley de retorno presentan sus solicitudes antes de salir de sus lugares de origen, nunca cuando llegan a ese país.

"Los nuevos inmigrantes generalmente arreglan su estado por adelantado antes de salir de sus países de origen porque el examen de su elegibilidad lleva tiempo y, mientras tanto, continúan con su rutina habitual. El caso de una persona que prefiere llegar como turista y presentar su solicitud aquí, poco tiempo después de su llegada, definitivamente genera preguntas", indicó un funcionario de la Autoridad de Población e Inmigración del Ministerio del Interior de Israel, según consignó el periodista Hilo Glazer en la edición del diario Haaretz, de Tel Aviv, publicada en los últimos días.

En mayo de este año, Hugo Schiber, el padre de Federico y titular del estudio que representaba a las víctimas de los hechos fraguados, fue condenado a 18 años de prisión por comandar la organización criminal. Además, el tribunal integrado por los jueces María Coelho, María Elena Márquez y Alberto Gaig condenó a 15 años de prisión a Daniel Ceferino Herrera, acusado por ser uno de los que rompieron las piernas de por lo menos ocho mujeres para simular que habían sido arrolladas por automóviles. Después de las fracturas, les retenía los documentos de identidad y las obligaba a firmar poderes en favor de Schiber, quien iniciaba las demandas contra las aseguradoras.

Pero el menor de los Schiber huyó antes de que el Tribunal Oral N° 7 de San Isidro terminara con el juicio oral. Durante las sucesivas audiencias, al menos nueve víctimas señalaron a Federico como el nexo entre su padre y el resto de los integrantes de la banda que les rompían las piernas a las mujeres.

Una fuga en lancha colectiva

A partir de la reconstrucción realizada por los investigadores judiciales, se determinó que el 24 de noviembre pasado, Federico Schiber dejó su casa de Morón, tomó una lancha colectiva a Carmelo, Uruguay; luego se dirigió a Montevideo donde compró, en efectivo, un pasaje de la compañía Air Europa hacia Barcelona, con escala en Río de Janeiro.

Al seguir la pista del fugitivo, los investigadores determinaron que Schiber había viajado a Israel. Ingresó en ese país por el aeropuerto internacional Ben-Gurion. Allí, la policía perdió el rastro del integrante de la banda de los rompehuesos.

Actualmente, Schiber tiene pedido de captura internacional solicitada por el Tribunal Oral N° 7 de San Isidro. La orden de detención figura entre las denominadas circulares rojas de Interpol.

Desde la clandestinidad, Schiber dijo que era inocente y sostuvo que las mujeres que lo señalaron como el abogado que les hacía firmar los poderes para que se iniciaran las demandas contra las compañías de seguros por los falsos accidentes, mintieron. En realidad, todas las víctimas señalaron a Federico Schiber como abogado, pero no tenía título.

"Hice todo lo que estaba a mi alcance para demostrar mi inocencia. Se dieron muchas pruebas en el juicio que demuestran que no sabíamos acerca de estos incidentes criminales. Había tres delincuentes que estaban detrás de la estafa. Ellos son quienes pusieron en marcha los hechos criminales, junto con las mujeres. La prensa no investigó sus motivos", expresó el menor de los Schiber, en una conversación telefónica con el periodista Glazer.

Según fuentes oficiales, cuando llegó a Israel, el único prófugo de la banda de los rompehuesos tomó el apellido de su abuela materna para solicitar la ciudadanía de ese país. Actualmente está escondido. Aunque sabe que no hay tratado de extradición entre la Argentina e Israel, no está tranquilo. Su estatus de inmigrante es frágil y tiene sobre sus espaldas la circular roja de Interpol que implica ser capturado ni bien ponga un pie fuera de Israel.

"Hay familias y vecindarios enteros que hicieron esto y que se recomendaron mutuamente cómo y qué hacer para ganar dinero. Simplemente buscaron abogados para cobrar el dinero y les dijeron que los accidentes eran reales. Hay cinco bufetes de abogados y no acusaron a ninguno de ellos de ser los organizadores. Solo a nosotros", explicó Schiber en la charla con el redactor del diario de Tel Aviv.

Antes de concretar la entrevista telefónica, el periodista israelí llegó a un edificio de la ciudad de Kfar Safa, donde vive la abuela materna de Schiber.

Tras un año de investigación y de dos meses de juicio oral, se determinó que el prófugo era el organizador de toda la estructura de la banda. El Croto, como lo describía una de las víctimas debido a su forma de vestir, se desempeñaba como nexo entre su padre, las mujeres a las que les rompían las piernas y los rompehuesos.

Todos los testigos reconocieron al menor de los Schiber en la sala de audiencias y lo señalaron como el abogado -a pesar de que no tenía el título de letrado- que les adelantaba sumas de dinero en concepto de asistencia y las llevaba a las audiencias por las demandas contra las aseguradoras.

Federico nunca se manchó las manos con sangre. Para esa tarea convocaba a los rompehuesos, así se determinó en la investigación. Luego, adoctrinaba a las víctimas sobre lo que tenían que declarar en los juzgados donde se tramitaban las demandas por los accidentes que nunca ocurrieron.

Para los investigadores, Federico daba la cara por el estudio de su padre y era el titular de la falsa ambulancia en la que se hacían los traslados de las víctimas de los accidentes fraguados.

"Conozco a Hugo del estudio. Al hijo también. No tenía dónde vivir y ni para darles de comer a mis hijos. Si dejaba que me quebraran las piernas iba a tener una casa para ellos. Me preguntó si quería entregar mi pierna y mi brazo y dije que sí. Lo hice por necesidad", expresó Leticia Taglieri, una de las víctimas.

Al exponer los fundamentos de la resolución, los jueces valoraron como agravantes de la condena: "El trato cruel, discriminatorio, inhumano y degradante dispensado hacia las víctimas en las maniobras delictivas y durante el juicio".

El caso que terminó con la condena contra la banda de los rompehuesos comenzó con una investigación de la fiscal María Virginia Toso. Después de la sentencia, la representante del Ministerio Público fue amenazada por un familiar de los Schiber.

Para eludir la condena, Federico tuvo que huir a Israel. De nada le sirvió cambiar su apellido por el de su abuela materna. Allí lo encontró Interpol y un periodista.

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