Alimentar el cuerpo y el espíritu para superar la adversidad
En La Boca, Pancita Llena, Corazón Contento asiste a 30 chicos y adolescentes por día
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Lo recuerda bien: tenía ocho años y trabajaba, mañana y tarde, vendiendo flores en un puesto frente a la puerta del cementerio de Ezpeleta, en Quilmes. Cuando llegaba la hora del descanso, se compraba un sándwich y una botellita de gaseosa y, sentándose en el suelo, mientras se frotaba la panza, decía en voz alta: "Pancita llena, corazón contento". En aquel entonces, Marcela Morales no podía imaginarse que, 24 años después, así bautizaría el comedor que fundó y hoy dirige.
En el barrio de La Boca, justo frente a la cancha del club xeneize, un cartel hecho de puño y letra cuelga del balcón de un conventillo: "Comedor comunitario Pancita Llena, Corazón Contento". Cruzando un estrecho pasillo, detrás del patio común, está el galpón donde funciona. Se sienten el calor del horno y el olor de la comida –el menú de ese día es pollo con arroz– que, en una inmensa olla, termina de cocerse a fuego lento, y se oyen las risas de los chicos en la mesa.
Hace 10 años, un 1° de mayo, abrió su comedor. "Abrí un Día del Trabajador porque dije: con trabajo lo voy a lograr. Y lo logré. Para mí, lo importante es dar, sin pensar si voy a recibir", cuenta Marcela, que tiene cinco hijos propios y le faltan dos cursos para terminar la primaria.
El comedor no tiene ni subsidio ni apoyo permanente. Se sostiene mediante donaciones y la labor de voluntarios que se pasean por La Boca contándoles a los turistas y visitantes sobre el comedor y ofreciéndoles muñequitos de porcelana a cambio de una donación. Además, Marcela vendió bijouterie, ropa en el parque Lezama y cosas ricas hechas con sus propias manos.
Al comedor asisten por día entre 30 y 35 niños y adolescentes del barrio. Sirve almuerzo dos veces por semana y merienda otras tres. Colaboran unas ocho madres y otros voluntarios, incluyendo una psicóloga y docentes. Dan clases de apoyo escolar, talleres y en época de vacaciones se organiza una murga. Además, desarrollan una peluquería, para que las mamás puedan tener una salida laboral.
Además de alimentos y útiles escolares, el comedor necesita una heladera con freezer, insumos de peluquería para continuar con el emprendimiento y un lugar físico en La Boca para seguir creciendo.
Quienes quieran colaborar pueden contactarse al 4303-3296.
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