Así viven los usuarios de colectivos la medida de fuerza de la UTA en las principales estaciones del AMBA
La Unión Tranviarios Automotor comenzó una retención de tareas desde la medianoche de este 9 de abril y amenazó con un paro; el testimonio de los pasajeros, entre el hartazgo y la resignación, y un conflicto que se agudiza
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“Ahora nunca sabes cuando vienen: es una lotería”. Con esas palabras y mientras espera al 197 en la estación de Retiro, Leonardo, un biólogo de 42 años, sintetiza lo que cientos de usuarios sienten ante la baja frecuencia de colectivos que se registró durante los últimos días en en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA).
Luego de que la Unión Tranviarios Automotor (UTA) anunciara este miércoles una retención de tareas desde la medianoche de este 9 de abril, el malestar por la baja circulación de colectivos se hizo sentir en las principales estaciones. Largas filas, esperas que se extienden y menos unidades disponibles, por lo que el viaje se vuelve más incómodo.
Esta medida de fuerza se suma a un conflicto que comenzó a notarse durante la semana. Tras la disparada del precio del gasoil, que golpeó de lleno a las empresas de colectivos, y mientras la demanda del transporte público no para de caer y los subsidios siguen en retroceso, las firmas se vieron obligadas a recortar la frecuencia.

Esperas que se agrandan
Daiana Milán tiene 28 años y trabaja en una empresa de filtros de agua. En Constitución y mientras espera el colectivo de la línea 51, dice: “La frecuencia de ahora es la misma que en épocas de vacaciones: antes solía esperar 15 minutos. Ahora, más de una hora”.
Junto a ella está su hija de tres años. “En el jardín ya me pidieron que deje de llegar tarde”, comenta, y agrega: “Si pierdo un colectivo tengo que tomarme un tren, porque la plata no me alcanza ni para un Uber”.
Por su parte, Daniel, un camillero que trabaja en una clínica ubicada sobre la calle Mitre, en el barrio de Once y que diariamente se toma la línea 57, cuenta: “Entro a trabajar a las 14 y hace un tiempo, con salir con una hora de antelación, me alcanzaba. Ahora si no salgo antes de las 10 de la mañana, no llego”.
Junto a él está Gisela, quien trabaja en la misma clínica. “Todos los días tengo un plan B: si el 197 no viene, me tomo el 98″, confiesa. Consultada sobre qué hace si su segunda opción también se demora, remata: “No me queda otra que esperar”. Según Daniela, desde hace dos semanas espera casi dos horas en la parada para volver a su casa.
Ismael trabaja en una empresa de seguridad, tiene 24 años y espera por la llegada de una unidad de la línea 28, en Constitución. Se enteró de la medida de la UTA por redes sociales, razón por la cual pidió salir antes de su trabajo.
Una vez en Retiro, empalma con un tren para llegar a su hogar, en el norte bonaerense. “Hace tres meses que nota que la frecuencia no es la misma de antes. Antes el 28 demoraba 20 minutos, ahora más de una hora”, cuenta.
La medida de la UTA
En el comunicado que la UTA compartió a través de redes sociales, la entidad gremial advirtió que la medida alcanzará a las líneas cuyas empresas no hayan cancelado “la totalidad de los haberes”. Sin embargo, se desconoce cuáles serán las que presentarán baja frecuencia por esta nueva medida.

En tanto, desde el grupo DOTA aseguraron a LA NACION que los sueldos fueron pagados y que sus líneas trabajarán con normalidad.

La Asociación Argentina de Empresarios del Transporte Automotor (AAETA) anunció la reducción de frecuencias. En la mayoría de las empresas alcanza el 30%, mientras que en algunas el 40%. En un comunicado, AEETA informó de la “extrema gravedad financiera” que atraviesan las empresas por la suba del costo del gasoil y el atraso del pago de compensaciones.

Impaciencia y violencia
“Esta semana se notó muchísimo más”, comenta Roxana Aloise sobre la baja frecuencia de los colectivos. La mujer de 52 años atiende desde hace varios años un kiosco de golosinas ubicado entre las paradas de las líneas 57 y 132, en plaza Miserere.

Según ella, las grandes demoras se tradujeron a hechos de violencia: “Veo a los pasajeros más impacientes: cada media hora hay una pelea”. Por último, la mujer compartió una reflexión: “La gente ahora trabaja 12 horas para viajar seis, es una locura”.
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