"No somos indios, somos mapuches", la consigna de un festival en Los Toldos
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LOS TOLDOS.- La presencia del Cacique Ignacio Coliqueo, líder boroano muerto en 1871, aún se siente en Los Toldos, ciudad cabecera del Distrito de General Viamonte, Buenos Aires. Hace 157 años el entonces presidente Bartolomé Mitre, en recompensa por los servicios prestados al Ejército Nacional le cedió una gran extensión de tierra que hoy continúa siendo ocupada por sus descendientes, configurando la comunidad mapuche más numerosa de la provincia. Para reafirmar esta identidad, y celebrar la integración con el "huinca" (hombre blanco) se celebró este fin de semana la segunda edición del Festival Mapuche, con el foco puesto en revalorizar la cultura, lenguaje, música, cosmovisión, el telar, la gastronomía y el legado histórico de una comunidad que se aferra al pasado pero como único camino para construir el futuro. "El Festival es la demostración de que estamos vivos", resume Liliana Antimán, lonco de la Comunidad Hermanos de Los Toldos.

Durante tres días el programa de actividades fue variado y demostró que las cinco comunidades que habitan las casi 1000 hectáreas de la llamada "Tribu de Coliqueo", algunas de las cuales tienen sus diferencias, pueden unirse y mostrar su identidad. "Nosotros damos mucha importancia a la familia, vemos que se ha perdido el sentido familiar, para los mapuches la familia lo es todo, sólo a partir de ella se puede construir una comunidad", afirma Antimán. Nacido hace una década como el Festival del Telar Mapuche, el sentido del mismo se vio desvirtuado los últimos años, hasta culminar siendo un mero festival folklórico. A partir de 2016 desde el municipio se buscó recuperar la esencia del festival. "Nos sentamos con todas las comunidades y decidimos trabajar para que el Festival sea una verdadera reafirmación de la identidad mapuche", comenta Bruno Morán, secretario de Producción municipal. "El Festival visibiliza algo que aquí sucede naturalmente, porque no sólo los italianos, españoles, suizos y holandesas formaron nuestra identidad como pueblo. También lo hicieron los mapuches", sostiene Moran.

Cambios
Llevó todo el 2016 afianzar el proyecto de revalorizar el hilado y tejido mapuches, a partir del trabajo de las mujeres, fundamentalmente las más ancianas, quienes volcaron su experiencia. A través del programa "Hacemos Futuro", del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, al finalizar aquel año, ya contaban con 20 ruecas (elemento que sirve para hilar a mano). Un grupo de 20 mujeres mapuches comenzaron a trabajar la lana con métodos ancestrales. "Fue un trabajo de recuperación de la historia familiar, porque se estaba perdiendo la técnica", argumenta Antiman. Este taller de hilado fue el puntapié para relanzar el Festival, y la marca "Kume Lalen". La lana que usan es el resultado de la esquila de sus ovejas. La primera edición se hizo en el 2017 y este año el programa buscó superar la experiencia del año pasado, apuntando a mostrar la diversidad cultural del pueblo mapuche. "Estamos integrados a la comunidad, recuperando nuestras ceremonias", afirma Julián Lincoqueo nacido y criado en la Tribu. "Mi madre enterró la placenta cuando nací, esta es mi tierra", reafirma.

El Festival se desarrolló en las tierras de la llamada "Tribu de Coliqueo", cuya entrada está a menos de 20 cuadras de la plaza central del pueblo donde flamean la bandera argentina, junto con la mapuche, lo que demuestra hasta qué punto en Los Toldos, la asimilación entre ambos estilos de vida es estrecha, y aceptada. La Plazoleta Coliqueo fue el centro de todas las actividades que incluyeron talleres de lengua mapuche, el mapudungún. Conferencias de arte, chamanismo, cosmovisión, a cargo del wuerken (mensajero) Segundo Quintupil, plantación de pehuenes, danzas y cantos típicos y gastronomía ancestral. El programa incluyó la visita guiada los lugares sagrados que la tribu tiene en sus tierras, como la Laguna La Azotea, donde se han hallado restos óseos de antepasados, vestigios de un cementerio que la comunidad tuvo en sus comienzos. La tribu de Coliqueo, al respecto, pide que se le reconozca este lugar como Patrimonio Histórico para que pueda estar protegido. El recorrido incluyó "La Olla", que es un Rehue o lugar sagrado donde mora el Nehuen, fuerzas de la naturaleza que el mapuche venera. El circuito culminó en la Escuela N° 18 donde los niños reciben educación convencional, pero con una currícula especial que incluye lengua materna, historia y tradición mapuches.

Tradición
La tribu de Coliqueo se entiende a partir de una traición. Este cacique era de la etnia boroana, y tenía sus tolderías en Masallé, cerca de la laguna Epecuén, la puerta de entrada a las Salinas Grandes. La sal en el siglo XIX era el bien más preciado porque permitía mantener fresca la carne. Cerró acuerdos estratégicos con Juan Manuel de Rosas, a quien le dejaba sacar sal, a cambio de provisiones. Esto se mantuvo así hasta que en 1834 el cacique Calfucurá, de la etnia moluche, tendió una emboscada a los boroanos y los asesinó en la llamada "Masacre de Masallé", a partir de allí Coliqueo deambuló por diferentes lugares de la provincia, hasta que en 1861, el presidente Bartolomé Mitre les cedió tierras en donde hoy se asienta su tribu.

El Festival Mapuche tuvo un momento emotivo que se materializó con una rueda de ancianos que hablaron sobre sus vidas en la tribu. "Llevo la sangre mapuche en mi piel, mi papá –que nunca supo leer ni escribir español- hablaba mapudungún pero yo nunca pude hablarlo", recuerda Horacio Inaipil, de 76 años, quien relató su vida como trabajador portuario en el puerto de Buenos Aires durante 40 años, hasta que se dio cuenta que necesitaba volver a sus tierras. "No sirvo para estar encerrado", afirma. "Cuando papá era chico le exigían que aprenda la lengua del invasor –el español-, pero siempre me decía lo mismo: para qué voy a querer aprender otra lengua si ya tengo la mía", sostiene Susana Carranza, de 70 años, descendiente de mapuches. "Ahora le estamos transmitiendo todo a los jóvenes, para que sepan de dónde vienen", confirma Julián. Todos concuerdan que sus padres sufrieron discriminación. "Nos llamaban indios, pero nosotros no somos indios, somos mapuches", concluye Susana.

La gastronomía mapuche centró su propuesta en la realización ritual de la Pankuxa (se pronuncia Pancucha), que es una sopa guisada, "mezcla de puchero y guiso", aclaró Antiman. Las mapuches en la cocina trabajan de a par, cuatro mujeres de la tribu cortaron la zanahorias, papas, morrones y apios, la preparación suda en una olla con aceite, y se le van adhiriendo osobuco, salsa de tomate y lentejas, a la par se hace una masa con harina y se la corta como si fueran ñoquis, y una vez la preparación está lista, alrededor de la olla todos los presentes lanzan una porción de pasta pidiendo cuatro deseos. "Hubo momentos en que había que negar el ser mapuche, el Festival es un ejemplo de que los tiempos han cambiado", resume la lonco.

Fotos: Santiago Hafford
Edición fotográfica: Fernanda Corbani
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