Orientación vocacional para sordos, un taller inclusivo en la UBA

Esa casa de estudios brinda actividades gratuitas para que los jóvenes puedan conocer toda la oferta académica
Andrés Krom
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24 de enero de 2019  

Educación física, analista de sistemas, maestra jardinera, acá parece que hay tantos sueños como personas. Son 36 los alumnos de quinto año del Instituto Integral de Educación (IIDE) que han llegado a esta aula de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA) para participar de un taller de orientación vocacional. Pero esta charla tiene un condimento especial: fue preparada para un público donde se mezclan chicos sordos y oyentes.

Aunque los alumnos del IIDE pueden leer los labios, el personal a cargo del encuentro también ha sido instruido en lenguaje de señas. "Llevamos adelante diferentes actividades gratuitas de orientación presenciales y virtuales para estudiantes de la escuela media, adaptadas a las características de cada público", dijo a LA NACION Paula Quattrocchi, secretaria de Relaciones Institucionales, Cultura y Comunicación de la UBA.

El curso, dictado por la Dirección de Orientación al Estudiante (DOE) de esa casa de estudios, es similar al que se brinda regularmente a otros secundarios porteños. Incluye un módulo en el cual se comparten las inquietudes de los estudiantes por el paso del colegio a la facultad, un recorrido por la oferta de carreras de la UBA (son más de 100) y una charla sobre las ventajas de obtener un título de grado, entre otros contenidos.

Como la mayoría de los adolescentes, ellos ven con cierta aprehensión el ingreso a la vida adulta, período que involucrará "mucho esfuerzo", "más responsabilidades" y grandes cuotas de "paciencia".

También les preocupa que su condición los excluya de la dinámica de las clases. "Me da miedo que sea más complicado estudiar", admitió Manuel, uno de los alumnos presentes en la charla.

En el Censo de Estudiantes de 2011, 2498 alumnos de la UBA declararon poseer alguna discapacidad, cifra que representaba el 0,96% de la matrícula. Del total, 659 manifestaron tener dificultades motrices, 356 acusaron problemas auditivos, 210 impedimentos visuales y 44 limitaciones para hablar. La gran mayoría, 1173, dijo vivir con otras condiciones no especificadas.

La importancia de los gestos

Para atender a esta población, la UBA diseñó un programa de inclusión con instrucciones específicas para los profesores. A quienes tienen a su cargo alumnos con discapacidad auditiva, les recomienda que otorguen importancia a los gestos de la cara (las emociones aportan información a las personas sordas), situarse cerca de la luz para que su rostro sea fácilmente visible, evitar ofrecer explicaciones mientras escriben en el pizarrón y usar apoyos visuales, como imágenes y gráficos, de los temas a tratar.

Además, algunas clases cuentan con intérpretes de lenguaje de señas y otras son grabadas para su posterior reproducción. "Entendemos la discapacidad como una gran heterogeneidad, no hay dos casos iguales", señaló a LA NACION Carolina Shaferstein, integrante de la DOE y una de las encargadas de brindar el curso. Y agregó que también llevan adelante talleres para la posterior inserción laboral de los estudiantes.

Este no es un tema menor: según un informe del Indec, solamente el 32,2% de las personas con discapacidad en edad laboral accede a un empleo. "La UBA cambió el paradigma de pensamiento respecto del tratamiento de personas con problemas de discapacidad -comentó la secretaria de Asuntos Académicos, Catalina Nosiglia-. Si bien no llegan a ser el 1% del total en los dos últimos censos, son personas de carne y hueso, y hay que trabajar para incluirlas con el resto del alumnado".

Al final del encuentro, varios alumnos elogiaron la experiencia. Agostina, una de las estudiantes hipoacúsicas del grupo, dijo que la ayudó a enfrentar algunos de sus temores respecto del futuro. "Es muy complicado el camino de la secundaria a la facultad. Yo creo que voy a conseguir un trabajo de cuatro horas y aprovechar el resto del tiempo para hacer deportes y cursar", añadió.

Anahí, una de sus compañeras, sostuvo que "fue muy interesante" y le "sirvió para entender lo que va a pasar el año que viene". Guillermo, otro de los chicos, se mostró nostálgico por la etapa que llega a su fin: "Justo cuando uno se acostumbra al secundario se termina, ojalá tuviera un poco más de tiempo".

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