Qué tener en cuenta al incluir edulcorantes artificiales en la dieta personal

La polémica en torno al aspartamo y los edulcorantes artificiales está todavía lejos de ser soslayada. Qué dicen las distintas voces y qué tener en cuenta al decidir consumirlos o descartarlos de la dieta personal.
Daniela Chueke Perles
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31 de agosto de 2016  • 00:00

Los edulcorantes artificiales no calóricos o bajos en calorías (ENC) son aditivos alimentarios que ostentan una capacidad de endulzar superior a la del azúcar, cualidad que los torna muy requeridos en la industria alimentaria como ingrediente de sabor dulce sin necesidad de aumentar las calorías de los productos.

Por ese motivo ocupan un lugar destacado en la mayoría de las dietas para bajar de peso, porque permiten limitar el consumo calórico y al mismo tiempo, incluir alimentos endulzados. Lo dulce es un sabor que se considera esencial dentro del rango de gustos preferidos por los seres humanos.

El más conocido de los ENC, la sacarina tiene un poder endulzante de 300 a 500 veces mayor que el del azúcar, con un aporte calórico de prácticamente cero calorías. En el grupo de los ENC se encuentran también el ciclamato, el acesulfamo k o potásico, el aspartamo, la sucralosa y la famosa stevia que, pese a comercializarse bajo el rótulo de natural, en realidad es un preparado químico en base a un componente que se extrae de la planta -el rebaudósido A- mezclado con otras sustancias. Todos estos edulcorantes están autorizados por la ANMAT, que es la autoridad regulatoria de los alimentos y los medicamentos en la Argentina, que los evalúa como seguros e inocuos según los valores indicados por la Ingesta Diaria Admisible (IDA), una estimación de la cantidad de un aditivo alimentario autorizado que puede consumirse diariamente durante toda la vida sin que ocasione problemas de salud.

Dulzura natural versus artificial

Los edulcorantes artificiales así como las versiones light de gaseosas u postres, no sólo son indicados por los especialistas dentro de los esquemas de dietas para tratamientos de la obesidad, sino también en algunos casos para el control de la diabetes e, incluso, para la prevención de enfermedades coronarias, puesto que un consumo alto de alimentos ricos en azúcar, entre ellos las bebidas azucaradas, se asocia a un mayor riesgo de padecer enfermedades coronarias.

También está instalado en el imaginario de la sociedad de consumo, cada vez más atenta al cuidado del cuerpo de que consumir alimentos light y bajos en calorías– siempre adicionados con estos compuestos- , son indispensables para mantener el peso bajo control. Esta creencia que viene más de la mano de la publicidad que de una auténtica necesidad para cada persona, algo que en todo caso, debería determinarse en la consulta clínica con un médico, fue la que en los últimos treinta años impulsó el uso de edulcorantes no calóricos.

Pero, en los últimos tiempos, una pregunta se viene instalando en la sociedad: ¿hasta qué punto el uso de edulcorantes artificiales puede considerarse absolutamente y sin riesgo alguno como un hábito saludable?

Las dudas sobre sus efectos negativos para la salud son varias: desde si entraña riesgo de aumentar la diabetes y alterar la flora intestinal , elevar la probabilidad de padecer cáncer en el futuro, hasta incluso, de engordar y generar adicción .

Las autoridades sanitarias los aprueban como aditivos alimentarios aptos para el consumo. Esa es una verdad incuestionable y un dato no menor a la hora de consumirlos con tranquilidad. Pero en la práctica, todavía hay científicos y consumidores que arguyen motivos para sospechar lo contrario.

Quiénes confirman la seguridad de los edulcorantes no calóricos

Del lado de quienes abogan por la respuesta ciento por ciento positiva están los expertos de la Asociación Argentina de Tecnólogos Alimentarios y de la Sociedad Argentina de Nutrición que destacaron que son solo aditivos alimentarios de sabor dulce, aprobados luego de exhaustivos análisis por todas las autoridades sanitarias internacionales. La conclusión fue comunicada a la sociedad como corolario del Simposio ‘Mitos y Verdades sobre Edulcorantes No calóricos’ organizado por la Asociación Argentina de Tecnólogos Alimentarios (AATA) y llevado a cabo a comienzos de agosto en la Sociedad Argentina de Nutrición, con la participación de prestigiosos oradores nacionales e internacionales.

“Los edulcorantes no calóricos son solo aditivos alimentarios de sabor dulce que han sido debidamente aprobados por las autoridades sanitarias internacionales luego de exhaustivas revisiones de todas las investigaciones científicas disponibles, con el objetivo de constatar que no presenten ningún efecto sobre la salud humana”, afirmó Susana Socolovsky, doctora en Química, Consultora en Asuntos Regulatorios y Científicos de la AATA. Aclarando que lamentablemente es frecuente encontrar estudios que los relacionan con efectos metabólicos en animales, y con mayor insistencia aún se sacan conclusiones extrapoladas a humanos en forma indebida, olvidando que por la naturaleza misma del aditivo alimentario, se autorregula en la cantidad que una persona puede utilizar para edulcorar un alimento, o que puede usarse en alimentos o bebidas, lo que hace imposible ingerir las cantidades a las que se fuerza a consumir a los animales de laboratorio.

En Europa y en todo el mundo, los edulcorantes, al igual que otros aditivos alimentarios, se someten a un riguroso proceso de investigación y evaluación. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA por su siglas en inglés), así como la Food and Drug Administration (FDA) de los EE.UU. y otras prestigiosas agencias regulatorias, definen los niveles de ingesta diaria aceptable (IDA) y revisan exhaustivamente y en forma periódica cada nueva información sobre su seguridad. Estas medidas garantizan a la población que los edulcorantes no calóricos aprobados sean seguros.

Cada país establece sus propios niveles de uso en alimentos y bebidas, basándose en la información provista por el Codex Alimentarius, un compendio de normas y regulaciones alimentarias de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), y de la Organización Mundial de la Salud (OMS). “Todos los edulcorantes no calóricos que se utilizan en la producción de alimentos y bebidas se han sometido a rigurosas pruebas de seguridad. La autorización y utilización de estos aditivos alimentarios está armonizada en el Mercosur e incorporada en el Código Alimentario Argentino”, insistió la Dra. Socolovsky.

Respecto de investigaciones preliminares que sugerirían una potencial propiedad de los edulcorantes de aumentar el apetito, la Dra. France Bellisle Investigadora de la Unidad de Epidemiología Nutricional de la Universidad de Paris y Profesora Asociada de la Universidad Laval de Quebec, Canadá, manifestó que en aquellos estudios en los que la metodología estuvo bien hecha, las conclusiones fueron exactamente las contrarias: “quienes usaban edulcorantes consumían menos azúcar y carbohidratos que quienes no lo hacían”.

Otro de los invitados extranjeros, el Dr. Ashley Roberts, Vicepresidente Senior del Equipo de Alimentación y Nutrición de Interek (Canadá), disertó sobre el estudio que relaciona a algunos edulcorantes con cambios en la microbiota intestinal, mostrando que la investigación no es concluyente: “la evidencia clínica consistente defiende la seguridad de estos ingredientes 0 para sus usos esperados. Numerosos estudios clínicos e investigaciones a largo plazo en animales, muestran que los edulcorantes no calóricos en los niveles permitidos no tienen efecto en la glucosa en sangre. No hay evidencia que sugiera que el edulcorante no calórico en los niveles autorizados, presente peligros en la salud. Esta es una visión compartida por todas las más importantes autoridades regulatorias internacionales”.

Atención: en estas contraindicaciones hay coincidencia de los especialistas

Si bien los edulcorantes artificiales aspartamo, acesulfamo K, sacarina, neotamo y sucralosa están todos aprobados por la FAO y la OMS, hay personas que deben evitar algunos de estos edulcorantes.

La doctora Socolovsky advierte que “El aspartamo no se recomienda para personas con fenilcetonuria ya que su cuerpo es incapaz de descomponer uno de los aminoácidos empleados para hacer el aspartamo”.

Y en una de las fuentes más confiables de salud en Internet para no médicos, la Medline Plus, publicada por la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, se aborda también la cuestión del uso de edulcorantes en el embarazo. Según la publicación, existe poca evidencia para respaldar el hecho de evitar el uso de NNS durante el embarazo, por lo que puede considerarse que el uso de endulzantes aprobados por la FDA es aceptable si se realiza con moderación. Sin embargo, la Asociación Médica Americana en Estados Unidos (American Medical Association) sugiere evitar la sacarina durante el embarazo debido a que al feto le puede llevar mucho tiempo eliminarlo .

“Procura evitarlos como la peste”

La recomendación, provocadora por cierto, pertenece al libro “Puesta a Punto” de Patricia Robiano y Pablo de la Iglesia , (2016, Ed. Urano), que propone una visión holística e integral sobre la salud. La licenciada en Nutrición y consultora de salud sostiene una visión desalentadora del consumo de edulcorantes artificiales, sean los que sean, postura que ha forjado basada en estudios científicos y bibliografía.

Pero al mismo tiempo, la experta considera que no sólo los papers y las publicaciones, avaladas por la comunidad científica, pueden constituir fuentes razonables a la hora de tomar una decisión respecto de una actitud integral de vida. Así lo explica: “Como profesional me motiva mucho el análisis de la realidad basado en preguntas a las que me gusta ir encontrando respuestas”. Por caso: “Luego de tantos años de estudios que avalan el uso de químicos alimentarios entre los que están los edulcorantes artificiales, y de góndolas abarrotadas de alimentos “diet o light” en el mercado, ¿están, las personas, más delgadas y saludables que antes de que los edulcorantes existieran?”. Su respuesta es que claramente salta a la vista que esto no sucede. No hay menos personas obesas desde que los edulcorantes entraron al mercado. Por el contrario, la profesional alerta: “El índice de obesidad y diabetes en niños y adultos aumenta significativamente año a año”. Hace más de 70 años que existen los edulcorantes artificiales (junto con otros químicos de la industria alimentaria) y en cierto momento de furor, se creyó que "habrían venido a salvarnos", pero esta esperanza nunca se comprobó en la realidad. “Lo cierto es que hoy las personas están más enfermas que nunca en la historia evolutiva del ser humano. Hay más diabetes y sobrepeso que antes”, define Rabbiano.

Por otro lado, cabe aclarar qué significa hablar de las "dosis inocuas" con respecto a los químicos alimentarios. Para comprender el concepto, la nutricionista considera dos factores importantes. Por un lado, que nadie puede saber cuánto de esos químicos consume una persona al día; hoy es común ver personas que beben 2 litros de gaseosa diet, a los que suma golosinas diet, chiclets y caramelos diet, ilimitadas cantidades de infusiones con edulcorantes, mermeladas y galletas diet, yogures, aguas saborizadas, bajo el incomprensible rótulo de “cero”, que llegan a consumir cantidades de aditivos químicos imposibles de contabilizar. Y, por el otro lado, incluso más allá de lo que se pueda decir de estudiarlos por separado, nadie jamás ha estudiado los efectos del consumo en simultáneo de todos esos edulcorantes e incluso la interacción con otros químicos como el glutamato monosódico por ejemplo.

Mientras que la doctora Socolovsky sostiene que no es necesario contar cuantos postres o bebidas con ENC comemos por día ya que la chance de pasarse de la ingesta diaria admitida es bajísima, Robiano contrapone un argumento distinto. “Según mi experiencia personal y profesional, y luego de varios años de estudio independiente, solo puedo recomendar consumir libremente todo lo que conserve su estado natural" .

El consumo de todo el resto de alimentos existentes en el mercado y que sean industrializados quedan, entonces, a consideración de cada persona –y de su consejero de confianza en materia de salud-, de su decisión informada y cuanto más consciente mejor.

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