Son de Córdoba y adoptaron a tres hermanos en Ucrania

La nueva familia
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Gabriela Origlia
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14 de noviembre de 2018  • 17:22

CORDOBA.- Los papás y chicos adoptados suelen decir que se eligen mutuamente, que no hay una razón que explique porqué terminaron juntos. Analía Maldonado y Guillermo Fernández están convencidos de que es así. Hace casi cinco meses fueron a Ucrania a buscar un hijo y regresaron con tres, Benjamín de 11 años, Paulina, de nueve, y Victoria, de ocho. Instalados en Villa Carlos Paz es como si su vida hubiera estado siempre allí, lejos de la ciudad bombardeada donde pasaron, la mayor parte de sus años, en un orfanato

"Queríamos ser papás, no abuelos", dice Analía. Diez años estuvieron anotados y haciendo trámites en Argentina. "Estábamos inscriptos y, cada año, escuchábamos ‘sigan esperando’ pese a que primero queríamos un bebé, después más grandes, después hermanos. Por eso nos decidimos por Ucrania".

El año pasado armaron la carpeta, buscaron un "facilitador" que ya había trabajado en otros casos en Argentina –el de Córdoba es el segundo de adopción múltiple internacional- y presentaron toda la documentación que incluye desde informes penales, a ingresos, estado de salud, que el matrimonio sea legal (no de hecho), inmueble para vivir. "Todo certificado y legalizado; a los pocos meses nos avisaron que fuéramos".

Cambio de planes

Cuando llegaron a Ucrania la idea de la pareja era volver con un niño o niña. Pero -aunque no lo pueden explicar con palabras- "algo pasó" y al escuchar la historia de estos tres hermanos, la decisión fue regresar con ellos.

"En el Ministerio de Adopción te muestran carpetas con las historias de los niños conforme a tu propia historia; hay foto pero siempre son viejas, del momento en que los chicos llegan y, en su mayoría, están desde hace muchos años esperando".

Benjamín, Paula y Victoria estaban solos en el mundo. Vivían desde hacía casi ocho años en orfanatos (dos diferentes por la diferencia de edad). Victoria tenía un mes cuando su mamá los abandonó; estaba desnutrida y estuvo internada bastante tiempo. En los últimos dos años apenas tuvieron contacto entre ellos.

Victoria es la que conserva su nombre porque se podía traducir al español (lo piden las autoridades), en los otros casos no tenían traducción ni nada que se pareciera, así que Benjamín y Paula acordaron con sus nuevos papás cómo se llamarían.

"El día que nos conocieron dijeron que querían ser adoptados, que iban a firmar, como piden las normas. Convivimos sólo diez días allá, porque el resto fueron visitas. Llegamos el 4 de julio a la Argentina y, para ellos, es como si toda la vida hubieran vivido acá; es increíble".

Terminadas las vacaciones de invierno, los tres empezaron en un colegio de Villa Carlos Paz, unas horas para adaptarse. "Los recibieron, los acompañaron y eso ayudó mucho, socializaron inmediatamente y ya hablan bien el español", cuenta Analía entusiasmada.

En Buenos Aires, cuando llegaron, se sorprendieron con los edificios y la ausencia de bombas. Los chicos estaban en una zona de Ucrania donde sigue el conflicto con Rusia y los combates son diarios.

La comida, los primeros tiempos, fue "todo un tema". Acostumbrados a platos tipo guiso y a la alfalfa que se come en Ucrania, empezaron el acercamiento con las papas fritas y las sopas (que sí conocían) y así se fueron habituando. "Les gustan mucho las pastas, más la carne de pollo que la de vaca y los tres toman mate".

Benjamín ya es hincha de Boca; juega fútbol en el Club Carlos Paz y mira partidos en la tele. Visitan amigos, pasan tiempo con otros chicos y están "felices". Analía repite: "Aprendimos a conocernos mutuamente. Al final ellos nos aceptaron como padres y nosotros como hijos al mismo tiempo".

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