Una reportera de la BBC encontró evidencia de que cada vez más jóvenes pasan por el quirófano por motivos estéticos; expertos alertan sobre los riesgos
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El estiramiento facial se adentra en nuevos territorios.
Una búsqueda rápida en las redes sociales y mi cuenta se inunda de publicaciones de personas de veintitantos y treinta y tantos años que hablan de diferentes tipos de estiramiento facial: el mini, el de cola de caballo, el de plano profundo.
Atrás quedaron los días en que los estiramientos faciales estaban reservados a los ancianos adinerados: ahora un número creciente de personas más jóvenes opta por pasar por el quirófano.
Algunos comparten fotos de su rostro antes y después. También del tramo intermedio: su a menudo muy dolorosa recuperación en la que se les ve amoratados. Ya no es un procedimiento del que se hable en secreto; celebridades como Kris Jenner, Catt Sadler y Marc Jacobs hablaron abiertamente sobre su tratamiento. Se rumorea que muchos famosos más se sometieron a estos tratamientos.
El estiramiento facial es visto a menudo como el último recurso, la más importante de las cirugías estéticas.
¿La gente se volvió tan insegura, en este mundo digital lleno de falsedades, que está dispuesta a pagar miles de dólares por esta operación? ¿O se extendieron tanto los tratamientos no quirúrgicos, como el Botox y los rellenos, que hacer que nos separen la piel de los pómulos y nos reorganicen los tejidos faciales y la grasa se percibe como un siguiente paso lógico y de mayor duración?

Para Emily, que se sometió a un estiramiento facial a los 28 años, todo se trataba de conseguir un “aspecto estilizado”: una mandíbula esculpida y afilada, pómulos altos y lo que entre muchos jóvenes se conoce como ojos de zorro.
Afirma que operarse en Turquía fue “un cambio de vida” y no se arrepiente.
“En total me hice seis cirugías combinadas en una”, explicó. “Entre ellas, me hice un estiramiento facial medio, un levantamiento de labios y una rinoplastia [cirugía de nariz]”.
Al describir el proceso, esta empresaria de Toronto, Canadá, contó que el cirujano puso su canción favorita mientras le aplicaban la anestesia general y luego: “Me quedé dormida y me desperté, vomité, y tenía una cara y una nariz nuevas”.
El proceso de recuperación fue largo: el dolor y los moretones comenzaron a disminuir durante las primeras semanas, pero a Emily le tomó seis meses recuperar la sensibilidad en algunas partes de sus mejillas.
¿Lo haría de nuevo? Duda.
“Desde mi cirugía, cambió mi vida. Estoy más sana, bebo mucho menos, cuido mi piel, duermo. Creo que si supiera lo que sé ahora, tal vez no lo habría hecho. Mi mamá ni siquiera lo supo hasta que se lo conté un par de días después de la cirugía”, manifestó.
Pero luego se detuvo y reflexionó.
“Pero yo solo quería ser la mejor versión de mí misma”, dijo Emily y agregó: “Ahora creo que lo soy”.
Un perfil cambiante
Las cifras de la Asociación Británica de Cirujanos Plásticos Estéticos (BAAPS) muestran un aumento del 8% en los estiramientos faciales durante los últimos 12 meses en el Reino Unido. Si bien no desglosan las cifras por edad, muchos cirujanos informan que el perfil demográfico está cambiando.
Lo mismo sucede en otras partes del mundo. La Sociedad Estadounidense de Cirujanos Plásticos vio un aumento en las personas de la Generación X (de 45 a 60 años) que optan por un estiramiento facial.
Nora Nugent, presidenta de BAAPS, cree que hay una serie de razones para este cambio, incluido el auge de los medicamentos para bajar de peso.
“Perder peso tan rápidamente con estos medicamentos puede dejar mucha piel sobrante. Un estiramiento facial puede ayudar con eso”, explicó y ahondó: “Las técnicas se desarrollaron enormemente: un estiramiento facial ya no significa arriesgarse a ese efecto de ‘túnel de viento’ [un rostro excesivamente estirado como resultado de tirar la piel hacia atrás] que veíamos hace muchos años”.

Sin embargo, afirmó que un estiramiento facial sigue siendo una operación importante que solo debe ser realizada por un cirujano plástico especialista registrado en un centro y con el equipo adecuado.
En su clínica en Bristol, el cirujano plástico Simon Lee realizó cientos de estiramientos faciales y me mostró un video de uno.
Durante la duración del procedimiento, la clienta está completamente despierta, ya que le inyectaron niveles bajos de anestesia local en la piel y el tejido más profundo subyacente.
Él realiza una serie de pequeñas incisiones en su rostro antes de ir debajo de la piel, la grasa y la fascia superficial —la parte del rostro que controla nuestras expresiones—, para luego llegar al plano profundo donde reposiciona tejido y músculos para remodelar el rostro.
Mientras él termina, la clienta, que estuvo bajo el bisturí durante cuatro horas, sonríe aliviada.
Simon Lee dice que una de las razones por las que esta cirugía se volvió más atractiva es la facilidad con la que ahora se llevan a cabo los estiramientos de cara y cuello. Antes estaban reservados para un quirófano de hospital ya que requerían anestesia general. Pero ahora se pueden realizar estiramientos faciales y sin sedación en su clínica.
Según comentó, es un “momento emocionante” en una industria en rápido desarrollo. Si bien el estiramiento facial clásico —que se centra en la mandíbula inferior y el cuello— sigue siendo popular, existen tratamientos nuevos que se dirigen a los dos tercios superiores del rostro, donde, según él, comienza el proceso de envejecimiento.
El cirujano matiza esto diciendo que un estiramiento facial es adecuado para mayores de 40 años, pero sería muy inusual realizar un procedimiento tan complejo en alguien de veintitantos o treinta y tantos años.
Existen riesgos y complicaciones asociados a este tipo de procedimientos, como desarrollar un hematoma (una acumulación de sangre debajo de la piel que, si no se trata, podría provocar necrosis o muerte de los tejidos circundantes), infecciones, lesiones nerviosas y alopecia.
Un estiramiento facial cuesta, en promedio, entre US$20.000 y US$60.000 en el Reino Unido, aunque hay clínicas que ofrecen estos procedimientos por tan solo US$6.660.
Los expertos dicen que es importante investigar y elegir a un cirujano plástico especializado en estiramientos faciales.

Julia Gilando, de 34 años, decidió que necesitaba un estiramiento facial para corregir una asimetría en su rostro, tras haber tenido problemas con la alineación de la mandíbula al inicio de su vida.
Aunque muchas de sus amigas le dijeron que no veían ningún problema en su cara, ella lo sentía, “confió en su instinto”, y voló a Turquía para su procedimiento, que le costó $8.000.
A pesar de las advertencias sobre los riesgos asociados con la cirugía estética en Turquía, se volvió cada vez más popular hacerlo allí, principalmente por los precios más bajos.
“Al principio pensé que toda esta idea era una locura, pero investigué y decidí hacerlo”, contó Gilando, profesional de la salud. “Estaba asustada, estaba en un país extranjero, sola y no hablaba el idioma”.
“Después de mi cirugía pasé dos días en el hospital y luego tuve que valerme por mí misma. Estaba tan hinchada que no podía ver. Hubo momentos oscuros, fue una montaña rusa mental de emociones, pasas por esos altibajos”, relató.
Existen preocupaciones por parte de los investigadores sobre si tales procedimientos de cirugía estética realmente proporcionan la autoestima y la confianza que la industria anuncia.
“Creo que existe una presión sin precedentes”, explicó la doctora Kirsty Garbett, experta en imagen corporal del Centro de Investigación de Apariencia de la Universidad de West England. “Especialmente en lo que respecta al rostro: nos vemos en videollamadas, en plataformas de redes sociales, nos comparamos con otros muy fácilmente”.
Y, según ella, lo que vemos no es necesariamente un fiel reflejo de la realidad.
“La inteligencia artificial y los filtros juegan un papel en la creación de un mundo en línea falso. Y, al mismo tiempo, estamos viendo un aumento en la normalización de los procedimientos cosméticos”.
Que las celebridades hablen más abiertamente sobre estas operaciones es, en cierto modo, algo bueno, dijo, pero también las normaliza, haciéndolas parecer “solo una parte de la vida, y eso es realmente preocupante”.

Caroline Stanbury, presentadora de televisión y participante en un popular “reality show”, se sometió a un estiramiento facial hace dos años, a la edad de 47, a pesar de que todos le decían que no lo hiciera porque era demasiado joven.
“Fue lo mejor que me he hecho”, dijo Caroline. “¿Por qué voy a esperar hasta tener 60 años, estar desesperada y necesitarlo? Quiero verme y sentirme increíble ahora”.
Después de pasar 20 años poniéndose regularmente Botox y rellenos, sentía que estaba “empezando a parecer rara”. Pagó US$45.000 por un estiramiento facial de plano profundo en Estados Unidos.
“Todavía me parezco a mí, y este procedimiento me ha dado otros 20 años de sentirme genial”, afirmó.
Alexis Verpaele, un cirujano plástico que vive en Bélgica, con clientes de todo el mundo, incluido el Reino Unido, dijo que le preocupa el número creciente de personas más jóvenes que acuden a él para este tratamiento.
A menudo habla con estos clientes sobre cómo ciertos aspectos se pueden lograr sin algo tan importante como la cirugía.
“Si se hacen un estiramiento facial a los 20 años, y sabemos que puede durar, digamos, 10 o 15 años... Para cuando tengan 60 años, podrían haberse hecho tres”, dijo De Verpaele.
“Eso es mucho trauma para un rostro; incluso en el mejor escenario posible, sin ninguna complicación”.
Por Ruth Clegg
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