Por qué el tercer episodio de la octava temporada de Game of Thrones no se veía bien

Fuente: Archivo
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29 de abril de 2019  • 11:11

El único spoiler que tiene este texto es el siguiente: para quienes no vieron todavía el tercer capítulo de la octava temporada de Game Of Thrones , ahora es un buen momento para hacerlo; lo disfrutarán más que quienes lo vieron ayer a las 10 de la noche en la transmisión en vivo que hizo HBO del asedio al castillo de Winterfell por parte de los Caminantes Blancos, y que debieron lidiar con la oscuridad de una forma diferente que la familia Stark y sus aliados.

82 minutos dura el episodio 3 de la temporada final; la observación inicial de quienes siguieron la transmisión en vivo fue que todo estaba demasiado oscuro, con una calidad de imagen deficiente. No era lo esperado de un episodio clave en una serie cuyo presupuesto es enorme. Enorme, pero no infinito: registrar una batalla de esa duración es carísimo, tanto por el tiempo de grabación (55 días, según algunos reportes) como por los efectos especiales que necesitó.

La economía de la historia

El episodio transcurre en una noche. Desde lo narrativo, tiene sentido: el ejército de muertos vivos ataca aprovechando la poca visibilidad, el temor a los monstruos nocturnos, la niebla fría que los acompaña, etcétera. También hay una cuestión técnica y económica: cuando todo está oscuro los efectos especiales son más baratos, porque el grado de detalle que hay que generar es menor. No es lo mismo el vuelo de los dragones visto a través de las nubes e iluminados solo por una luna que un primer plano de su cuello en un quirófano: la medialuz es más sugerente, permite que nuestra imaginación agregue detalles y le ahorra al director tener que hacerlos visibles; así estira los más de 15 millones de dólares que costó grabar el episodio (el número no es oficial, pero es el qu ese calcula teniendo en cuenta que el presupuesto de HBO para toda la temporada final de Game Of Thrones ronda los 90 millones de dólares).

Y aunque fuera una elección estética (un episodio oscuro para un momento oscuro de la trama, en el que el fuego también juega su papel) la dificultad para entender las escenas por la opacidad de la imagen fue una queja internacional: en todos lados el chiste fue que no se veía nada. Porque además las pantallas están diseñadas para mostrar imágenes coloridas y bien iluminadas; cuando hay que mostrar negro sobre negro (o blanco sobre blanco) se les complica. Hace unos años debutó un estándar llamado HDR que buscar ofrecer mejor detalle en los claroscuros (para, justamente, permitir ver una silueta negra sobre un fondo muy oscuro), pero aunque casi todos los televisores modernos incluyen este estándar, cualquiera que use una TV hecha antes de 2016 se queda afuera. Además, depende de que el video que está mostrando la tele también esté grabado con HDR; la transmisión de HBO para TV no parece incluirlo.

A la vez, muchos expertos recomiendan no activar el HDR en los televisores para este tipo de grabaciones, porque fuerza los colores de la imagen y a veces termina haciendo más mal que bien. Algunos probaron subir el brillo de la tele, pero con poco éxito. Lo mejor es reducir la luz ambiente: ver la pantalla casi a oscuras.

La compresión

A esto se le agrega algo más: la compresión del video, notoria en el caso de la transmisión en vivo que hizo HBO del episodio 3 de Game of Thrones el domingo por la noche. En general, los servicios de streaming bajan la calidad de un video para privilegiar la reproducción (que no haya interrupciones); todos los hacen, incluyendo HBO Go, YouTube, Netflix, etcétera; se llama video adaptativo y es una configuración dinámica: cambia la calidad según el ancho de banda dispnible. Más compresión implica menos datos para transmitir, lo que aumenta la probabilidad de que lleguen todos a destino en tiempo y forma. El problema es que para lograr esa compresión debe reducir la información que describe cada cuadro del video.

Esto también aplica a la transmisión en TV, la que llega por cable o señal satelital: en teoría no debería sufrir este problema porque es una única emisión (no hay pico de demanda porque el cliente es siempre el mismo, el servicio de cable o satélite que después distribuye esa señal entre sus abonados), pero en la práctica es una señal que también tiene compresión.

Esta compresión se hace más notoria en situaciones donde hay mucho detalle, o en secuencias oscuras, donde casi no hay color pero sí hay mucha necesidad de detalle para describir un degradé, el borde de una nube sobre otra, etcétera. Y de nuevo: las pantallas son más eficientes para mostrar colores que tonalidades de blanco y negro.

El resultado son esas manchas pixeladas que se veían cuando desde Winterfell miraban el horizonte oscuro, el cielo nublado, y demás.

Así, "La larga noche" terminó siendo una suerte de ejemplo de máxima de cómo la penumbra es, todavía, un problema para el video. La solución de corto plazo es aprovechar que el episodio sigue estando disponible y verlo en diferido, evitando la baja en la calidad de imagen a la que obliga la transmisión en vivo: ahí se verá todo con mejor detalle.

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