Crear un Santuario del Agua con indígenas del norte argentino: el nuevo desafío de Tomás Saraceno
El artista nacido en Tucumán y radicado en Berlín impulsa un proyecto junto con comunidades de Salinas Grandes para construir allí un templo de sal; será a la vez una escultura, un monumento y una fuente de recursos para la población local
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“Si querés participar y formar parte de esta creciente comunidad, contactanos”. Así termina la carta que Tomás Saraceno, un “artivista” nacido en Tucumán, formado como arquitecto en la UBA y radicado en Berlín, está enviando a los múltiples contactos que tiene en distintos puntos del planeta para sumar socios “institucionales e individuales”. Su objetivo es juntar fondos para llegar a inaugurar en la primavera un proyecto que describe en una presentación de nueve páginas, ilustrada con renders: El Santuario del Agua, un templo construido con sal en las Salinas Grandes del norte argentino, que se propone como “un modelo de turismo comunitario y autogestionado” por la población local.
Integrantes de la comunidad Aerocene, que ya impulsó vuelos sin combustible hace seis años en la puna jujeña, trabajan ahora en Salta con las comunidades indígenas de Red Atacama para crear un prototipo del proyecto: un conjunto de cinco volúmenes creados con sal en distintas escalas -de dos a treinta metros de diámetro y hasta quince metros de altura-, cuyas formas semicirculares se completan al reflejarse sobre un estanque. Se podrá ascender a ellos por escaleras talladas en su parte posterior, hasta miradores elevados desde los cuales se podrá contemplar las pasarelas orbitales que los rodearán, así como los reflejos cambiantes de agua y luz.

El templo evocará de esa forma las apachetas, los montículos de piedras que forman los indígenas para marcar y bendecir los altos pasos andinos. Cada piedra es una ofrenda: a la montaña, al camino, a quienes vinieron antes y a quienes todavía han de venir. “Estas apachetas nos recuerdan que el agua no es un recurso, sino un ser sagrado que sustenta la vida y merece ser honrado”, señala la presentación del proyecto, donde Red Atacama aclara: “Construir un espacio sagrado significa crear un lugar para las palabras, para el silencio, y para encontrarse uno al otro. Todo lo que levantamos aquí tiene espíritu: la piedra, el agua, el viento... Y nuestro trabajo también.”

En ese sentido, además de destacar la necesidad de “proteger un ecosistema frágil en la primera línea de la extracción de litio”, se aclara también que once comunidades indígenas son propietarias y gestoras de esta obra, y que conservarán el total de los ingresos por entradas de los visitantes, estimados entre 100 y 350 por día.

Las Salinas Grandes, un desierto blanco ubicado a 3450 metros sobre el nivel del mar entre las provincias de Salta y Jujuy, son uno de los destinos más elegidos para hacer turismo en la Argentina. La comunidad Aerocene llegó por primera vez hace dos décadas a este lugar donde el agua se mueve en silencio: surge de acuíferos subterráneos, se evapora bajo el sol y se cristaliza en sal. De esa manera, disuelve la línea del horizonte que divide la tierra y el cielo hasta generar, incluso, la ilusión de poder caminar entre las estrellas.

“Lo que encontramos allí transformó no solo una práctica artística, sino también nuestro modo de entender cómo podríamos habitar este planeta de manera más responsable”, dicen hoy, mientras advierten que “los salares andinos de Argentina albergan la tercera reserva de litio más grande del mundo, codiciada para alimentar la llamada ‘transición verde’ del Norte Global. Pero la minería industrial de litio tiene un costo mortal para una región árida que recibe apenas unos 300 milímetros de lluvia al año. Para producir una sola tonelada de carbonato de litio, se evaporan más de dos millones de litros de agua dulce de acuíferos que pueden tardar siglos en recargarse”.

“El agua y la vida valen más que el litio”, decía la escultura solar Fly with Aerocene Pacha que se elevó sobre las Salinas Grandes en 2020. Fue un ascenso libre de combustibles fósiles piloteado por Leticia Noemí Marqués que estableció 32 récords mundiales, y se convirtió para muchos en el vuelo más sustentable de la historia de la aviación.
Ahora, El Santuario del Agua ocupará un lugar central en la exposición que Saraceno inaugurará el 16 de julio en la Haus der Kunst de Múnich -institución que apoya este emprendimiento-, curada por Sarah Theurer y Andrea Lissoni. Tras esa presentación en Alemania se prevé hacer la inauguración en la Argentina entre fines de octubre y principios de noviembre, antes o después de arteba.

“Para quienes se dedican al arte y la cultura, este proyecto es un hito artístico pionero: arquitectura, escultura, monumento y land art convergen en un gesto singular, formando una obra que pertenece en su totalidad a las comunidades de la Red Atacama, creando un legado que honra tanto la visión estética como la cosmología indígena”, opina Saraceno, experto en la unión entre arte y naturaleza, que ofrece obras suyas realizadas con sal a quienes aporten donaciones sustanciales al proyecto. “En sintonía con la organización comunitaria -agrega-, El Santuario establece un modelo replicable de turismo sostenible liderado por la comunidad, generando ingresos estables, creando empleo local y garantizando que los jóvenes puedan construir su futuro en sus tierras ancestrales”.

“El Santuario del Agua representa un cambio de paradigma en cómo los individuos pueden participar en la acción directa, pasando más allá de los modelos tradicionales de caridad para apoyar la verdadera autonomía comunitaria, la innovación artística y la soberanía indígena. En lugar de dar ayuda de una sola vez, invierte en propiedad colectiva”, sostiene por su parte Oscar Soria, activista político y defensor del medio ambiente y los derechos humanos citado en la presentación que está recorriendo el mundo.

Coincide también con entusiasmo al respecto la crítica, narradora y guionista de cine Graciela Speranza: “¡Es un proyecto asombroso en todas sus posibilidades: política, estética y simbólica! Pionero en un hito artístico en la defensa de la naturaleza, la justicia ambiental y la soberanía indígena. Arquitectura, escultura, monumento, land art... Todo en uno”.
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