Las novelas de Carlos Ruiz Zafón: un éxito de lectores salido de la Barcelona gótica
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"No escribo para un tipo de lector específico, no intento reforzar el prejuicio que pueda tener un lector. Escribo para los que disfrutan la textura del lenguaje, para aquellos que están dispuestos a perderse en una atmósfera particular y conocer a los personajes como si fueran seres reales. Esos son mis lectores", declaró en una entrevista con este diario el español Carlos Ruiz Zafón (1964-2020), que murió esta madrugada en Los Ángeles, a los 55 años. Tal vez esa decidida "ausencia de especificidad" respecto del público de sus relatos lo convirtió, con la publicación de La sombra del viento (2001), en uno de los escritores españoles más exitosos. En el universo zafoniano gravitan una Barcelona gótica como escenario y protagonista constante, un elenco de personajes inspirado en novelistas del siglo XIX como Charles Dickens y Victor Hugo, el contrapunto entre épocas e historias y giros argumentales provistos por emisarios inesperados, mitos y las pasiones que despiertan los libros.
Las novelas juveniles
Antes del lanzamiento de La sombra del viento, el autor había probado suerte en el campo de la literatura juvenil. Su primera novela, El príncipe de la niebla (1993), retoma el mito fáustico del pacto con el diablo y está protagonizada por adolescentes. "Caín era un hombre joven y bien parecido, cuyo origen nadie sabía explicar. Todas las noches, en alguno de los callejones del barrio, Caín reunía a los muchachos harapientos y cubiertos por la mugre y el hollín de las fábricas y les proponía un pacto. Cada uno podía formular un deseo y él lo haría realidad". La "trilogía de la niebla" se completa con El palacio de la medianoche (1994), ambientada en Calcuta, y Las luces de septiembre (1995), que transcurre en un pueblo costero de Normandía. En ellas el autor combina los ingredientes habituales del género de fantasía después del éxito de Harry Potter: suspenso, elementos sobrenaturales de la tradición fantástica, romance y aventuras.
Como reconoció el autor, en Marina (1999), su última novela para el público juvenil, se bosquejan las líneas de su obra posterior. "El cementerio de Sarriá es uno de los rincones más escondidos de Barcelona. Si uno lo busca en los planos, no aparece. Si uno pregunta cómo llegar a él a vecinos o taxistas, lo más seguro es que no lo sepan, aunque todos hayan oído hablar de él. Y si uno, por ventura, se atreve a buscarlo por su cuenta, lo más probable es que se pierda. Los pocos que están en posesión del secreto de su ubicación sospechan que, en realidad, este viejo cementerio no es más que una isla del pasado que aparece y desaparece a su capricho", se lee al inicio. El escritor no abandonaría jamás las referencias a lugares reales e imaginarios de su ciudad natal.

El Cementerio de los Libros Olvidados: un folletín del siglo XXI
En 2001, con La sombra del viento, presentaría en sociedad a Daniel Sempere, el niño lector que pone en marcha una pesquisa histórica, política y literaria a partir de la lectura de un libro que su padre conserva en "el cementerio de libros olvidados", una librería de ejemplares curiosos, viejos y agotados. El chico quiere saber todo sobre el desafortunado escritor Julián Carax, que vivió en París antes de la Guerra Civil Española. "Cada libro, cada tomo que ves, tiene alma. El alma de quien lo escribió, y el alma de quienes lo leyeron y vivieron y soñaron con él", le dice el señor Sempere a su hijo. Elogiada por Stephen King, la novela representa un hito en la historia de los best sellers en España.
Publicada en 2008, El juego del ángel, está protagonizada por otro asiduo visitante de la librería de la calle Santa Anna a cargo del señor Sempere. David Martín es un joven huérfano que quiere dejar de firmar con seudónimo folletines para diarios y convertirse en un escritor famoso. Padece, además, un cáncer terminal. Mediante el pacto que sella con un mefistofélico personaje que quiere crear una nueva religión, se salvará de la muerte, aunque empieza a vivir episodios tétricos y extraordinarios. La historia, que se remonta a las primeras décadas del siglo XX, se conecta con los personajes de La sombra del viento y Zafón suma un nuevo escenario: Puigcerdá, en Girona.
Al inicio de El prisionero del cielo, de 2011, Daniel Sempere está casado con Bea y es padre de Julián. En la librería Sempere e Hijos recibe la visita de un hombre que busca a otro personaje conocido (y querido por lectores de la serie), Fermín Romero de Torres, el mendigo locuaz que oficiaba de guía de Daniel en la primera novela y que estuvo detenido por ser opositor al régimen franquista. Ambientada en los años 50, transcurre por completo en una Barcelona grisácea y combina el thriller con la historia de fantasmas y la novela de aventuras. Es, además, un hermoso relato sobre la amistad entre Daniel y Fermín.
El laberinto de los espíritus, de 2016, cierra la serie. Allí está otra vez Daniel, acompañado por Bea y Fermín en la librería barcelonesa donde se inició la historia, cuando él era un niño. Mientras intenta resolver el misterio de la muerte de su madre, se revela ante él una red siniestra de crímenes vinculados con el régimen de Francisco Franco. "Aquella noche soñé que regresaba al Cementerio de los Libros Olvidados -se lee en las primeras páginas-. Volvía a tener diez años y despertaba en mi antiguo dormitorio para sentir que la memoria del rostro de mi madre me había abandonado. Y del modo en que se saben las cosas en los sueños, sabía que la culpa era mía y solo mía porque no merecía recordarlo y porque no había sido capaz de hacerle justicia". Como varias de las novelas de Zafón, esta también comparte título con uno de los libros imaginarios que dan vida a sus ficciones.
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