Nueva vida para Venus y Eolo, dos gigantescos mascarones de proa de Quinquela Martín

El dios del viento pesa 150 kilos y está recostado en la mesa de restauracion en los talleres de Tarea; perteneció a una embarcación a vapor que naufragó en 1924
El dios del viento pesa 150 kilos y está recostado en la mesa de restauracion en los talleres de Tarea; perteneció a una embarcación a vapor que naufragó en 1924 Crédito: Diego Spivacow/AFV
Daniel Gigena
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3 de marzo de 2019  

Venus y Eolo, los dos gigantescos mascarones de proa de los vapores escoceses homónimos, descansan en las salas de Tarea-Instituto de Investigaciones sobre el Patrimonio Cultural de la Universidad Nacional de San Martín (Unsam) , con sede en Barracas. La diosa del amor y la belleza, que seducía las aguas en favor de los navegantes, y el dios de los vientos, que permitía surcarlas con buena fortuna, son extranjeros. Fueron construidos en los astilleros Danny Brothers de Dumbarton, Escocia, a fines del siglo XIX. Luego de un recorrido tan intrépido como azaroso, pasaron a ser propiedad de la colección del Museo Benito Quinquela Martín (MBQM). Rotundos, pesan ciento cincuenta kilos cada uno. Joseph Conrad, Herman Melville, Pío Baroja y Eugene O'Neill se hubieran fascinado con ellos.

Desde mediados de 2018, gracias a la financiación de la ley de mecenazgo del gobierno de la ciudad de Buenos Aires, el museo los puso a disposición de los restauradores del taller Tarea, que los devolverán en buenas condiciones técnicas para que se luzcan entre otros compañeros navegantes dentro de unos meses.

Los dioses de madera integran una de las dos colecciones de mascarones más importantes de Sudamérica, junto con la del poeta Pablo Neruda en Isla Negra. "La niña coronada por las antiguas olas,/ allí miraba con sus ojos derrotados:/ sabía que vivimos en una red remota/ de tiempo y agua y olas y sonidos y lluvia,/ sin saber si existimos o si somos su sueño", escribió Neruda sobre la efigie de una sirena naviera. Para muchos argentinos, la colección del Quinquela Martín es la más importante de la región. Chauvinismo aparte, ese conjunto de seres de inspiración mitológica devuelve historias de navegantes, aventuras y naufragios. En la Argentina, Venus y Eolo pertenecieron a la flotilla de Nicolás Mihanovich.

Venus, tallada en Escocia a fines del siglo XIX, concluyó sus días como navegante en el Paraná
Venus, tallada en Escocia a fines del siglo XIX, concluyó sus días como navegante en el Paraná Crédito: Diego Spivacow

Una pareja acuática

El vapor Eolo tuvo una vida accidentada. "El 4 de noviembre de 1904, en el puerto de Montevideo, en medio de la neblina chocó contra otro vapor, el Dálmata –cuenta a LA NACION Víctor Fernández, director del MBQM-. En ese accidente murió el reconocido periodista y escritor uruguayo Enrique Kubly Arteaga". El vapor fue reparado, pero el 19 de septiembre de 1924 naufragó en el Paraná de las Palmas. Eolo había sido construido en 1884 y Venus, más joven, en 1889. Esta última embarcación fue desarmada en 1935. "Ambos mascarones, ya muy deteriorados, fueron donados a Quinquela por el señor Carlos Haynes", sigue Fernández. Aunque terminaron sus días como figuras decorativas y protectoras de las naves en sitios diferentes, ambas tallas llegaron a las manos de la misma persona. Desde entonces, forman una pareja.

"Se trata de los mascarones más grandes que posee la colección del museo y por su estructura requieren estudios y tratamientos especiales para su puesta en valor –agrega el funcionario–. Desde los tiempos en que me desempeñaba como curador, intenté que la restauración de esas piezas únicas fuera hecha por Tarea, considerando que sus profesionales eran los indicados para ese desafiante trabajo". Se trata de referentes internacionales en el campo de la restauración científica. Entre los trabajos más descollantes del equipo de la Unsam, se destacan la restauración de las obras que integran el Museo Pío Collivadino de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, del telón del Teatro El Círculo, de Rosario, y, en especial, de la pintura mural Ejercicio plástico, del Equipo Poligráfico encabezado por David Alfaro Siqueiros.

El conjunto de 32 mascarones del Quinquela constituye una colección dentro de la colección del museo. Hace siete años, se publicó un estudio del historiador Diego Ruiz. En esa publicación, se aportan datos históricos sobre los mascarones, su historia e iconografía. "Al iniciar mi gestión al frente del museo, encaramos la remodelación de la sala de mascarones, renovando el guion expositivo y restituyendo el carácter 'portuario' que había tenido en sus orígenes". En simultáneo, comenzaron las gestiones para que Tarea se encargara de la puesta en valor de Venus y Eolo.

Sergio Medrano es Licenciado en conservacion y restauracion de bienes culturales. Trabaja en los mascarones Venus y Eolo en el Instituto de Investigaciones culturales IIPC de la UNSAM.
Sergio Medrano es Licenciado en conservacion y restauracion de bienes culturales. Trabaja en los mascarones Venus y Eolo en el Instituto de Investigaciones culturales IIPC de la UNSAM. Fuente: LA NACION - Crédito: Fernando Massobrio

Diagnóstico y plan de tratamiento

Sergio Medrano, licenciado en Conservación y Restauración en Bienes Culturales por la Universidad de las Artes, está a cargo de los "pacientes" de Tarea. Con un posgrado en Gestión y Políticas Culturales, trabaja en el taller de Barracas desde 2006. "Nosotros hacemos un restauro científico. Tal vez algunos visitantes del museo, al ver los mascarones, dirán: 'Che, los hubieran pintado un poco'. Se debe recuperar su valor histórico con una intervención mínima". Por ese motivo, no está previsto reponer los brazos perdidos para siempre de Venus y Eolo, ni cubrir los huecos de las tallas.

"Luego de hacer estratigrafías, estudios que revelan las sucesivas capas de pintura de las piezas, usamos materiales reversibles para volver al color original", explica Medrano. Esos materiales se podrán quitar de las obras sin producir daño alguno, en el caso de que en el futuro aparezcan otros mejores. En algunas zonas, las tallas tenían cinco capas de pintura; en otros, más de veinte. Se volverá a la policromía original, dorada y blanca, de las figuras que, en el país, pusieron proa a viajes entre Buenos Aires, las ciudades a orillas del Paraná y Montevideo.

Imagen histórica del mascarón de Venus, en la proa del barco, cuando todavía estaba en actividad
Imagen histórica del mascarón de Venus, en la proa del barco, cuando todavía estaba en actividad Crédito: MBQM

Los especialistas de Tarea comparten el diagnóstico del director del MBQM. Luego de realizar la "ficha técnica" de cada mascarón, se elaboró una propuesta de tratamiento. "Son dos obras muy ricas para ser estudiadas y el plan es recuperar su valor histórico para que permita una lectura estética", dice Medrano. Mientras estaban en uso, las piezas fueron restauradas sin criterio científico: se les agregaron collares de latón, se amputaron partes y se pintaron con colores vivos. También se sumaron, a la derecha de cada divinidad, querubines que desentonan con los originales. "Mientras los barcos estaban en funciones, las piezas tenían que estar bien. Fueron intervenciones utilitarias", indica el investigador.

Incluso se rehizo la cabeza de Venus, cambiando para siempre su postura original. Cuando se la exhiba como lucía en la embarcación, ya no mirará hacia el frente, sino hacia abajo. "Eso resignificó la obra. Se dice que lo hizo un amigo escultor de Quinquela", acota Medrano.

En parte, el trabajo de los restauradores es eliminar los agregados a las tallas que se hicieron con la intención de repararlas. "Estas piezas ahora ya no pertenecen a una nave sino a un museo. Como tal, son piezas abiertas a investigadores y, por eso, no debemos desvirtuar la obra". Eso implica exponer los rastros que la historia dejó en las figuras. Los tapones que ocultaban los tornillos se quitaron, con el propósito de exhibir el sistema constructivo de los mascarones. "Se ocultaba un dato histórico", considera Medrano.

En el trabajo de restauración se debe evitar la creación de lo que los especialistas denominan "falsos históricos". El concepto por el que se guían en Tarea es el de "anastilosis", una técnica de reconstrucción de monumentos u obras según el estudio metódico de los elementos que los componen.

Los dos mascarones que pertenecen al acervo del Museo Benito Quinquela Martín están en tratamiento desde mediados de 2018
Los dos mascarones que pertenecen al acervo del Museo Benito Quinquela Martín están en tratamiento desde mediados de 2018 Fuente: LA NACION - Crédito: Fernando Massobrio

Tarea pendiente: crear centros de restauración en las provincias

Néstor Barrio, decano de Tarea-Instituto de Investigaciones sobre el Patrimonio Cultural desde 2011, es licenciado en Artes Visuales por la Universidad de las Artes. "El Instituto tiene una larga tradición. Antes era la Fundación Tarea, formada por Fundación Antorchas y la Academia Nacional de Bellas Artes en 1985 y que instaló un laboratorio de restauración muy adelantado", recuerda. De ese modo se unieron la ciencia y la restauración, aplicadas a la preservación de bienes culturales. Cuando cesó el compromiso entre la Academia y Antorchas, se cerró el taller.

"Antorchas financiaba el taller –señala Barrio–. Cuando se llamó a licitación internacional para continuar, la Unsam ganó con un proyecto de José Emilio Burucúa y mío. Así se introdujo la conservación en el ámbito académico con el apoyo de una universidad publica". Tarea genera importantes recursos con los trabajos que solicitan museos, iglesias, instituciones públicas y coleccionistas privados. Posee una larga lista de obras realizadas. "Hay una demanda enorme de trabajo". Entre otros, menciona la recuperación de las lunetas de Galerías Pacífico, que hoy se pueden apreciar en el Museo del Libro y de la Lengua.

El presupuesto de Tarea se alimenta de dos fuentes: el que destina la Unsam y el que aportan instituciones públicas y privadas, para los que se reciben subsidios. Para restaurar los mascarones del MBQM, mecenazgo concedió $500 000 pesos. Actualmente, se preparan para restaurar dos de los doce murales que Quinquela Martín donó a escuelas porteñas."Vamos a empezar por uno en La Boca y otro en una escuela de La Paternal", adelanta sobre el proyecto que aguarda la firma ministerial para ser oficial. Mecenazgo también apoya la restauración de la parroquia santuario Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, en Parque Chacabuco.

En Barracas se desarrollan tres actividades: se restauran obras de patrimonio, se investiga y se forma a profesionales en una licenciatura y en carreras de posgrado, con salida laboral garantizada. "Además de estudiar, se deben hacer prácticas", opina. Las gobernaciones, los municipios y las instituciones culturales públicas y privadas de las provincias deberían apoyar la formación de profesionales. "Mi consejo es que elijan a una o dos personas jóvenes que trabajen en museos provinciales o municipales para que se formen aquí y, una vez de vuelta a sus lugares, creen un centro de restauración in situ". Mientras tanto, las obras deben viajar hasta Barracas para ser restauradas. "Algunas llegan desahuciadas –comenta Barrio–, pero aquí encuentran una nueva vida".

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