“Por qué salió tan mal”: Roy Hora ingresa en la Academia de Historia con un discurso sobre el desempeño económico de la Argentina
Ocupará el sitial dejado vacante por Roberto Cortés Conde; destaca que la historia se profesionalizó y hoy que, aunque en la era de la inteligencia artificial a veces parece que tiene olor a naftalina, “enriquece nuestra cultura cívica y eleva la calidad del debate público”
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La Academia Nacional de la Historia de la República Argentina (ANH) tiene un nuevo integrante. Este martes a las 18, en Balcarce 139, el profesor y doctor en Historia Moderna Roy Hora (Buenos Aires, 1965) ingresará en la entidad como académico de número, en un acto encabezado por el presidente de la institución, Fernando J. Devoto. El discurso de recepción estará a cargo del vicepresidente primero de la entidad, Eduardo José Míguez. La disertación de Hora tiene un título tan inquietante como incuestionable: “¿Por qué salió tan mal? En torno a las raíces históricas de la declinación económica argentina”.

Se lo invitó a integrar la ANH a finales de 2025. “Por supuesto, acepté con mucho gusto –dice a LA NACION–. El proceso de elección de los nuevos miembros es por voto secreto de los integrantes de la Academia que, por estatuto, tiene cuarenta sitiales; solo cuando hay alguno vacante se abre el espacio para la incorporación de un nuevo miembro. Me toca ocupar el sitial número 27, que por varias décadas perteneció a Roberto Cortés Conde, el destacado historiador económico fallecido en 2024″.
En su discurso, retomará uno de los ejes de estudio de su predecesor. “Es uno de los grandes temas de nuestro tiempo: por qué el desempeño económico de nuestro país ha sido tan decepcionante en el último medio siglo, al punto de que está naturalizado hablar de declinación, de un pasado más brillante que el presente. Hace tres o cuatro décadas, la pregunta que desvelaba a la investigación social giraba en torno al problema de la debilidad de nuestras instituciones democráticas, al problema de la inestabilidad política. Hoy esa preocupación perdió peso, por las buenas razones. Conmemoramos cuatro décadas de democracia ininterrumpida y, si bien no estamos en el mejor de los mundos, lo cierto es que nuestra democracia funciona. Hay elecciones competitivas, y varios partidos se han alternado en el poder. El sistema político incluso ha procesado sin grandes conflictos la prueba de fuego que significa el arribo de un outsider tan poco sensible a la cultura democrática como Javier Milei. Nuestra democracia tiene sus debilidades, pero estas se refieren, sobre todo, a la frustración de las promesas de progreso material y mejora del bienestar. Nos hemos estancado, hace tiempo que vemos como nuestros vecinos avanzan más que nosotros. Me interesa explorar las razones de este fracaso, que vuelve tan penosa la vida de muchos compatriotas. Esta discusión suele estar dominada por economistas, que tienen sus sesgos. Y creo que los historiadores tenemos algo para decir al respecto”.
Para Hora, siempre hubo un conflicto entre los historiadores y los usos que el poder político hace del pasado. “Es una tensión ineliminable –afirma–. El poder suele apelar al pasado no para conocer sino para legitimarse. Lo peculiar del gobierno actual es que, atado al mástil del equilibrio fiscal, y además imbuido de cierto humor antiintelectual, e incluso anticientífico, ha dejado con presupuestos muy reducidos a todo el entramado de instituciones científicas y de investigación”.
Mientras, la gravitación de las academias nacionales en el debate público aumentó en las últimas décadas. “Como toda academia, la de Historia es una institución que debe preservar el legado del pasado y abrirse a las nuevas formas de investigación, de enseñanza y difusión de la historia –dice Hora–. La historia se profesionalizó y hoy es, en promedio, de mejor calidad que hace tres o cuatro décadas. Pero también está sometida a cuestionamientos de nuevo tipo. En la era de la inteligencia artificial, a veces parece que tiene olor a naftalina. Me gustaría contribuir a mostrar que la buena historia enriquece nuestra cultura cívica y ayuda a elevar la calidad del debate público, además de ser una fuente de conocimiento y reflexión sobre la condición humana cuyo valor no puede ser concebido de manera instrumental”.
Hora es doctor en Historia por la Universidad de Oxford, investigador principal del Conicet y profesor en la Universidad Nacional de Quilmes y la Universidad de San Andrés. En 2004 recibió el Premio Bernardo Houssay del Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología y, en 2024, fue declarado Personalidad Destacada en el ámbito de la Cultura por la Legislatura porteña. Es autor de Los terratenientes de la pampa argentina, Los estancieros contra el Estado. La Liga Agraria y la formación del ruralismo político en la Argentina moderna, Historia económica de la Argentina en el siglo XIX, Historia del turf argentino, ¿Cómo pensaron el campo los argentinos? y, con Pablo Gerchunoff, La moneda en el aire. Conversaciones sobre la Argentina y su historia de futuros imprevisibles.
En su opinión, el estudio de la historia es fundamental. “Cuanto más desarrollada y más libre es una sociedad, más recursos destina a la investigación del pasado –sostiene–. Entender el pasado nos ayuda a entender mejor el mundo, y amplía el horizonte de nuestra comprensión de los problemas contemporáneos. Y además enriquece nuestra mirada sobre nosotros mismos. Por relativamente poca plata, porque los historiadores somos relativamente baratos, devolvemos mucho”.
Actualmente, prepara un libro sobre la historia argentina, desde la Revolución de Mayo hasta el presente. “Va a recoger bastante de lo que los historiadores aprendimos en las últimas décadas, que fueron de mucho aprendizaje y de muchas novedades para la historiografía. Nuestra visión sobre períodos como el siglo XIX se ha renovado profundamente, aunque todavía no ha impactado demasiado sobre el gran público. Y va a ser un trabajo que tiene que hacerse preguntas, y en lo posible dar buenas respuestas, sobre las razones de nuestro frustrante desempeño económico. Que aborde la paradoja de que, mientras en el pasado tuvimos más progreso material que democracia, desde la década de 1980 tenemos democracia pero nos quedamos sin progreso material. ¿Por qué pasó esto? Es una temática relevante, que los historiadores tenemos que contribuir a entender mejor”, concluye.







