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Por Carlos Ilardo
Para LA NACION
SOFIA, Bulgaria.- El 23 del actual, Anatoly Karpov cumplirá 59 años. Más de medio siglo dedicó a descifrar las encrucijadas de oblicuos alfiles, homéricas torres y ladinos peones. Lo hizo casi como ninguno; lo bautizaron el rey. Durante 15 años paseó su estela junto a los astros; su cuerpo soportó más de 6000 batallas y en su cabeza se posaron 157 coronas por sus conquistas internacionales. Un récord sin registro en los 21 siglos de historia del milenario juego. Podrán imitarlo, pero superarlo jamás.
Hace una década que se alejó de la alta competencia; se dedica a ver cómo el juego de la vida imita al ajedrez mientras asume nuevos retos. Acaba de patear el tablero de la política con su postulación a la presidencia de la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE, según sus siglas francesas) y, sin descuidar ningún frente, anuncia que viajará a la Argentina en agosto próximo. Quiere husmear su candidatura en América del Sur.
"Hace 15 años que [Kirsan] Ilyumzhinov está al frente de FIDE y quedó demostrado todo lo malo que ha hecho; no veo por qué la gente no me votará a mí", dijo Karpov, o "Tolia", como lo llaman sus amigos, a LA NACION en el hotel Grand Sofía, en la capital de Bulgaria, donde llegó con la excusa del match entre Anand y Topalov.
-¿Cree que derrotará al aparato político de Kirsan Ilyumzhinov en las próximas elecciones?
-Yo no empezaría ninguna lucha si no estuviera seguro de mi victoria.
Este hombre, que disputó junto a Garry Kasparov el duelo más largo de la historia del deporte, con 144 partidas, más de 500 horas de juego al cabo de cinco años, militante del partido comunista en Rusia, defensor del régimen de Putin y Medvedev, que trabaja para Unicef y varias causas de ayuda humanitaria, conoce las luces y sombras del poder. Se trata del mejor embajador del juego ciencia en los cinco continentes.
"Iré a la Argentina invitado para los festejos del ajedrez en el bicentenario de ese país, y a escuchar por qué razón aquella federación votaría a Ilyumzhinov. He sido el primer extranjero que luchó por la Argentina ante el FMI cuando sucedieron los problemas de 2001. Existen centros de enseñanza de ajedrez que llevan mi nombre, no entiendo por qué no me votarían", dijo.
Karpov conoce que todo pasa por acuerdos subterfugios; la compra de conciencias.
"La compra de votos es el gran problema. Yo confío en que las federaciones entenderán qué es lo mejor. Cuento con el apoyo de Alemania, Estados Unidos, Francia y otras más, y el de las nuevas estrellas, como Carlsen, Nakamura y Karjakin. Sólo falta definir qué hará Rusia, que debería apoyarme sólo por mis antecedentes, pero Ilyumzhinov ha estado haciendo acuerdos oscuros. Ya verán cómo saldrán a la luz", afirmó seriamente.
En Sofía, los dirigentes más importantes del mundo del ajedrez se reúnen casi a diario; el duelo Anand y Topalov parece relegado ante la presencia de Karpov. Su carisma y trayectoria encienden envidias; son sus mejores piezas para moverse en el tablero de la política.


