Cómo iluminar sin la lámpara del genio

Fernando Pacini
Fernando Pacini LA NACION
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1 de octubre de 2015  • 22:44

Primero lo primero: Messi no se reemplaza. Por muchas conjeturas que hagamos, su ausencia modifica por completo el paisaje de la selección . La configuración del equipo no va a cambiar, tampoco su estilo, pero el techo está más bajo sin él, en un lugar más normal. El asunto es cómo convertir el problema en oportunidad, cómo llenar la falta con varias presencias y promover un círculo virtuoso que impulse al equipo. Ese "ensayo" sólo es posible sin Messi; ahí radica la oportunidad.

El vacío que deja el capitán argentino se puede abordar desde muchos aspectos del juego. Especialmente de dos: a) ¿quién ingresa en su lugar, partiendo de extremo derecho?, b) ¿qué respuestas ofrece el equipo para llegar a los mismos lugares a los que llega Messi sin Messi?

Ambos puntos están relacionados. Dependiendo del fin colectivo, se eligen las características del reemplazante, y en función de ese potencial individual se acopla el equipo para que pueda explotarlo. Si éste es un razonamiento más o menos adecuado, el primer candidato a jugar es Ángel Correa .

Todos en este momento pensarán: "¿Y Tevez?". No es simpático escribir cosas antipopulares, pero no, Tevez no es la pieza que falta en ese ataque de tres. Tampoco Dybala. Son futbolistas de corte central, del medio hacia los costados en el mejor de los casos. En sus puestos naturales, duplicarían a Agüero y el ataque quedaría cerrado. La otra opción sería que jugaran de wines, pero allí no podrían explotar sus facultades, no estarían cómodos, y además, hay futbolistas en el plantel más aptos para esa función.

En cambio, Correa puede ser un extremo izquierdo mentiroso, dejando la punta derecha para Di María –puesto que ocupa actualmente en el Paris Saint Germain y en el que se desempeñó con éxito durante mucho tiempo en el Real Madrid–. Por características, entre los convocados, Lavezzi también se adaptaría a ese rol, aunque en una versión menos creativa y más vinculada con la carrera directa y el centro. Correa y Di María tienen freno, gambeta y desequilibrio individual. Participan con mayor naturalidad del final de la jugada si llegan al área partiendo desde los costados y no desde zonas centrales.

Si juegan con los perfiles invertidos, la asociación con Agüero y el interior, se producirá casi naturalmente; bastará con aceitar esos triángulos. Si invierten ocasionalmente las bandas, debieran integrarse a la trama los laterales –sumados al interior de lado–. El camino al desborde se despeja con gambetas, o con ataques combinados entre dos o tres.

En cualquier caso, es probable que la selección deba apelar a un fútbol más posicional sin Messi, para que sea más sencillo vincular con pases la elaboración. Sea cual sea la opción que tome Martino para amortiguar su ausencia, precisará de una gran disposición colectiva. Esta vez toca pensar, correr y asociarse más y mejor que de costumbre. No está la lámpara; hay que sacar el genio colectivo.

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