Dorados de la celeste

Ezequiel Fernández Moores
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31 de agosto de 2016  

“Sólo así se librará del yugo de intereses ajenos y no seguirá vendiendo su rico patrimonio al bajo precio de la necesidad”. Parece José Gervasio Artigas. Pero es Diego Godín, el capitán de la selección uruguaya que a los cuatro años de edad, se cayó a un arroyo y, sin saber nadar, se las arregló para llegar a la orilla, pese a las botas de goma y al abrigo. Sus compañeros de la Celeste podrían ser entonces una versión futbolera de Los 33 Orientales. “Yo también estoy de acuerdo”, lo apoyó, entre otros, Luis Suárez, socio de ataque y amigo de Leo Messi en Barcelona. El plantel que el Maestro Oscar Tabárez dirige desde 2006, rival de Argentina mañana en Mendoza, declaró combate contra el “yugo” de Tenfield. La empresa de Paco Casal manda desde 1998, cuando el entonces presidente Eugenio Figueredo le cedió todos los negocios de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF). TV, publicidad, marketing, patrocinadores, ropa deportiva, partidos amistosos y oficiales de selección nacional, imagen de los jugadores y hasta objetos en China y los álbumes de las figuritas. Los jugadores obligaron a la AUF a decir basta. Sucedió en la Asamblea del martes 23 pasado. La histórica votación terminó 10 a 9. Primera derrota de Casal en dieciocho años.

“Esto es hijo de aquello. Nada de esto -me dice Diego Muñoz- se entiende sin aquella entrega”. Se refiere a la votación del 20 de noviembre de 1998. Muñoz acaba de publicar junto con Emiliano Zecca “Figueredo. A la sombra del poder”, un libro notable sobre la corrupción en el fútbol de Uruguay y de Sudamérica, Julio Grondona y Alejandro Burzaco incluidos. Casal, cuenta el libro, irrumpió en esa reunión a los gritos, señalando a cada uno de los directivos. “Vos me debés favores, vos me debés favores”. Bersabel, cuentan Muñoz y Zecca, ofrecía 82 millones de dólares por diez años de contrato por los derechos de TV del fútbol local. La AUF de Figueredo ni siquiera abrió el sobre. Negoció con Tenfield, que ofreció 36 millones. La empresa de Casal, un supuesto Robin Hood en sus primeros años, puso 14 millones más y obtuvo también dos ciclos eliminatorios. Por 50 millones se quedó con el campeonato uruguayo y con la selección. Once días antes de aprobar ese contrato, Figueredo abrió en Panamá la firma Capri Development Inc, con domicilio fiscal en Rambla República del Perú 1519, el apartamento que compró dos meses más tarde, por 375.000 dólares, con 191 metros, doble terraza, jardín y cochera. Llegarían más departamentos. Y más sociedades offshore, algunas de ellas creadas a través del estudio de Juan Pedro Damiani, que era su vice en la AUF. El mismo Damiani que, por esta misma causa, debió renunciar a la Comisión Etica de la FIFA. El mismo Damiani que es presidente de Peñarol, el club, que lidera los reclamos de Paco Casal de trasparencia y licitación en la Conmebol, pero que, en Uruguay, votó la semana pasada por mantener los privilegios eternos de Tenfield.

Los jugadores de la Celeste confiaron acaso que el cambio podía ser liderado por Sebastián Bauza, el presidente de la AUF bajo cuya gestión Uruguay no sólo se se clasificó semifinalista en Sudáfrica 2010, sino que avanzó también en torneos juveniles y organización interna. Bauza osó llamar a licitación para renovar contratos de la Celeste, abrió el juego de la TV a Full Play y obligó a Casal a pagar mucho más que antes. Los clubes amigos de Tenfield, eternamente dependientes de sus adelantos económicos, y algún guiño del gobierno de Pepe Mujica, cercano a Casal, echaron a Bauza dos meses antes del Mundial de Brasil. La gestión del nuevo presidente Wilmar Valdéz parecía ahora cerca de prolongar, una vez más, los acuerdos con Tenfield. Hasta que los jugadores sintieron que llegó su hora. Bauza, astuto, había logrado en la última renegociación que la marca selección pudiera quedar afuera de los dominios de Tenfield a partir de 2017. Cualquier renegociación, exigieron luego los jugadores a Valdéz, debía tener su aprobación. Caso contrario, no cederían sus derechos de imagen, que eran explotados monopólicamente por Tenfield. El último lunes, apenas un día antes de la votación en la AUF, salió el comunicado de Godín apoyado hasta por ex jugadores de la selección, como el caso del aún hoy influyente ex capitán Diego Lugano. Fue el comunicado que pidió a la AUF liberarse “del yugo de intereses ajenos” y que usó palabras como “democracia”, “independencia”, “transparencia” y “dignidad”. Llevaron la oferta de Nike para vestir a la selección a partir de 2017: 24 millones de dólares por siete años. Es decir, 3,4 millones por año, 4,67 veces más que los 750.000 dólares que paga Puma, la firma que llevó Tenfield.

“Votamos pensando en lo mejor para nuestro club”, justificó Marcelo Areco el voto pro-Tenfield de Peñarol. “CAP-Club Atlético Paco”, se burlaron en redes sociales, recordando los 7 millones de dólares de Tenfield que sirvieron para la construcción del nuevo estadio de Peñarol. Cerro, River Plate, Boston River, Juventud, Villa Española, Liverpool, Racing y la Segunda División sumaron otros ocho apoyos. Enrique Moreira, delegado de Plaza Colonia, el último equipo revelación del fútbol uruguayo, pidió –según se escucha en los audios de la Asamblea– voto según orden alfabético. Iban 9-9. El último turno fue para Rampla, histórico pro-Tenfield. “¿Cómo salimos a explicar que 5 millones es mejor que 24? No tengo cara para eso”, expresó Juan Castillo. El presidente de Rampla, ex líder sindical y actual Director Nacional de Trabajo, es un reconocido dirigente del Partido Comunista del Uruguay. El PCU integra el gubernamental Frente Amplio (FA) de Tabaré Vázquez, el presidente que, a diferencia de Mujica, no simpatiza con Casal. Tenfield, así lo establece el contrato, tiene ahora veinte días para igualar la oferta de Nike. Desmenuzada, la cuenta podría dar para la mayoría de los clubes (excepto los grandes, claro) unos 13.700 dólares mensuales. Poquísimo, pero vitales en un fútbol pobre, a veces milagroso. Tenfield-Puma deberían pagar también 2 millones más si Uruguay se clasifica a los dos próximos Mundiales. Y otros 5 millones más si Uruguay es campeón. Posiblemente lo hagan, anticipan algunos medios, pero Tenfield acaso sepa que ya nada será igual.

El lunes pasado, Godín, que tiene contrato justamente con Puma (Suárez tiene con Adidas), volvió a tomar la palabra en el Complejo Uruguay Celeste, casa del trabajo cotidiano y también memoria de las selecciones uruguayas, como lo recuerdan imágenes de jugadores y capitanes míticos. “Los jugadores de la selección –dijo Godín– no queremos ganar un peso más, pero sí decidir sobre dónde debe ir el dinero que nosotros generamos”. A su lado estaba Tabárez. “Siempre en este grupo capté la intención de hacer cosas por el fútbol”, dijo el Maestro. El colega Mario Bardanca me recuerda la carátula del proyecto de Tabárez cuando hace diez años retomó la conducción de la selección: “Institucionalización de los procesos de las selecciones nacionales y la formación integral de sus futbolistas”. Tabárez, me dice Bardanca, “formó jóvenes comprometidos con la causa, pensantes y jugados, dentro y fuera de la cancha. La selección –añade- estaba privatizada y se la devolvió a la gente”.

Muñoz, coautor del libro sobre el ascenso y caída de Figueredo, hoy con prisión domiciliaria en Uruguay y otra vez bajo el ala protectora de Casal, usó el apodo de la selección de básquet de Argentina. Llamó a la selección uruguaya de fútbol de estos últimos años como “Nuestra Generación Dorada”. Líderes ya hechos en Europa, sin dependencias ni ataduras locales, profesionales y solidarios, y que, conscientes de que buena parte de la prensa está vinculada a Tenfield, tampoco le tienen temor a las críticas oportunistas ante una eventual futura derrota. Recuerdan acaso la frase del ex basquetbolista Tato López que tomó Tabárez en pleno Mundial 2010, sobre “el contenedor de la esquina que está lleno de periodismo basura”. La selección de Godín, Suárez y compañía que mañana ante Argentina, como suele ocurrirle, acaso luche más que juegue, sigue siendo una hazaña de alta competencia en “el paisito de los 3 millones de habitantes”. “Esta selección –me dice Muñoz– es una isla en todo sentido. Logró cosas que el fútbol uruguayo no obtenía desde hace años y sus jugadores podrían haberse tirado a dormir la siesta”. Pero decidieron defender sus derechos de imagen. Defendieron, en realidad, el valor histórico de la Celeste.

efm/jt

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