Real Madrid venció por penales al Atlético de Madrid de Simeone y se quedó con la Supercopa de España

Fuente: Reuters - Crédito: Sergio Perez
Claudio Mauri
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12 de enero de 2020  • 15:10

Tres años y medio después de aquella final de la Champions League en Milán, el Atlético de Madrid del Diego Simeone cayó otra vez en una definición por penales ante Real Madrid, que se impuso 4-1 tras el 0-0 de los 120 minutos. Es cierto, esta Supercopa de España mudada por intereses económicos a Arabia Saudita no tiene la relevancia del trofeo europeo, pero los 120 minutos ásperos y muy disputados evidenciaron que los dos entregaron lo máximo para quedarse con un nuevo título oficial.

En los penales, Real Madrid sacó rápida ventaja. Se puso 2-0 con las conversiones de Carvajal y Rodrygo, mientras que por el Atlético fallaban Saúl (poste) y Thomas (atajó Courtois). Como en Milán el conjunto de Zidane no erró. Aquella vez, Cristiano Ronaldo marcó el remate de la victoria. Ahora le correspondió sentenciar a otro histórico, Sergio Ramos, autor del 4-1. El zaguero central es otra vez un estigma para el Atlético, como en la final de la Champions 2014, cuando con el gol del empate en el final llevó el partido al suplementario que ganó su equipo por 4-1.

Al Cholo Simeone siempre le gustó desafiar a Real Madrid y Barcelona desde un plano de inferioridad en lo relativo al potencial económico y el peso de la historia. Nunca asumió esa situación como un complejo para su equipo, sino como un estímulo para acortar distancias con los dos gigantes y plantarle una dura oposición en cada desafío. La rebeldía y el corazón del más modesto contra los mayores recursos del poderoso.

El Cholo se quedó en la puerta de obtener el octavo título como entrenador, con lo cual hubiera igualado el récord de Luis Aragonés, a quien superó en la cantidad de derbis oficiales: 31 contra 30.

Con ese espíritu reivindicativo lleva construyendo desde hace ocho años un Atlético de Madrid que desterró el fatalismo que solía frustrarlo. Emparejó una lucha que no lo era.

Salió cerrado y escaso de emociones el derbi madrileño en tierra saudita. Zinedine Zidane, que en la previa dijo que se ve como un mejor entrenador que en su etapa anterior, repitió la fórmula con los cinco mediocampistas y un único delantero definido (Jovic). El dibujo que representa el árbol de Navidad: 4-3 (Valverde-Casemiro-Kroos)-2 (Modric-Isco)-1. Una búsqueda de posesión y pases vinculada al estilo con que Pep Guardiola marcó una época.

Avisado de que con ese planteo Real Madrid bailó por momentos a Valencia en las semifinales, Atlético de Madrid acentuó su habitual vocación para achicar espacios en campo propio y cortar los circuitos de circulación del rival. El desarrollo se hizo muy chato, con los talentosos apagados en el fragor de la batalla. Las situaciones de gol dependían más de un error, como la pelota que Sergio Ramos le regaló a Joao Félix en la puerta del área, que de las virtudes. O de alguna aislada acción de estrategia.

Fuente: AFP - Crédito: Giuseppe CACACE /

Apenas un poco más movida fue la segunda etapa. Simeone buscó una variante con Vitolo por el mexicano Herrera, con lo cual Saúl pasó al doble pivote con Thomas, para luego reubicarse como lateral izquierdo cuando Llorente sustituyó a Lodi, y regresar al medio con el reemplazo de Joao Félix por Arias. Saúl es uno de los jugadores más polifuncionales para Simeone. Y Zidane también intentó un revulsivo en ataque con los ingresos de Rodrygo (por Isco) y de Mariano (Jovic). Los dos arqueros, Oblak y Courtois, respondieron con solvencia a los contados intentos.

Zidane fue quitando volantes para agregar delanteros (Rodrygo, Mariano y Vinicius), pero la profundidad ofensiva no se incrementó. Y cuando fue más peligroso, el esloveno Oblak, como tantas otras veces, salvó al Atlético con tapadas a Modric y Mariano. También Courtois estuvo rápido de reflejos ante Ángel Correa, que pudo ser decisivo en el final como ante Barcelona.

Sin terminar de abrirse del todo, el suplementario fue más emotivo, el peligro merodeó los arcos. Y el Atlético tuvo la ocasión que esperó toda la noche: un pase en cortada de Saúl a Morata, que encaró con todo el campo libre, hasta que Valverde lo derribó con un foul desde atrás antes de entrar al área. Una falta estratégica: el uruguayo prefirió pagar con su expulsión a que Morata definiera solo ante Courtois. Tras la victoria en los penales, no fueron pocos los de Real Madrid los que fueron a felicitar a Valverde por haber interrumpido lo que pudo ser el gol de la derrota.

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