El DT con menos feeling con Messi fue el que mejor lo hizo jugar en la selección argentina

Con Alejandro Sabella, Messi llegó a la final del Mundial de Brasil 2014
Con Alejandro Sabella, Messi llegó a la final del Mundial de Brasil 2014 Fuente: Reuters
Christian Leblebidjian
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13 de julio de 2019  • 00:59

Lionel Messi debutó en la Argentina de la mano de José Pekerman. Un viejo conocido, el mismo que lo había educado desde las selecciones juveniles. Ya en ese momento, con apenas 18 años, era muy valorado como futbolista, pintaba para crack. El aporte de José para la carrera de Leo fue mucho más significativo que cualquier foto en donde el 10 aparezca sentado al pie del banco de suplentes en un Mundial, no pudiendo ingresar ante Alemania.

Pekerman fue el primero de los nueve entrenadores que tuvo en celeste y blanco. Basile lo juntó en un equipo bien ofensivo con Riquelme, Cambiasso, Verón, Tevez, Mascherano y, Zanetti, Ayala y Heinze, pero a Messi no le gustaba el Coco. Después llegó Maradona, quien le potenció la forma de patear los tiros libres directos, consejos que le daba incluso antes de ser su DT, en los Juegos Olímpicos de Pekín, pero Diego pecó de una superpoblación de delanteros en Sudáfrica y eso terminó de romper el equipo; Sergio Batista tuvo el mérito de juntarlo y asociarlo bien con Román en los Juegos Olímpicos de 2008, pero ya en la mayor. El Checho repitió dentro y fuera del predio de la AFA que buscó de todas formas armarle un "Barcelona argentino", un 4-3-3 con características de esquema y jugadores similares con los que la Pulga brillaba en España. No pudo.

Gerardo Martino intentó darle vuelo con las ideas de posesión y ataque que había probado exitosamente en Newell's, pero se quedó sin poder responder las mismas preguntas que (incluso hoy) rebotan en las paredes de la selección y que tenían que ver con cómo rodearlo a Messi, con qué esquema y con qué características se sentía mejor, por qué nadie podía rescatarlo durante un mismo partido en donde las cosas no le salían bien. etc, etc. Pero el Tata terminó tan cuestionado como su preparador físico, Elvio Paolorroso. Se fue de la selección porque los clubes argentinos no le cedían los jugadores y sin que los jugadores de la selección digan (casi) nada.

A Edgardo Bauza le costó dirigir a Messi sin descolgar el póster de la pared. Justo esta semana Rodrigo De Paul reconoció en declaraciones a Fox Sports que lo que más quiere Messi es lo contrario, que lo traten como terrenal, como a uno más del grupo. Más de una vez el 10 dio indicios de que prefiere que le den herramientas para potenciar el equipo antes de que le pidan soluciones mágicas para ganar un partido. El Patón, eso sí, le puso un gran socio: Lucas Pratto, con quien generó entendimiento casi sin entrenamientos, pero el Oso no tuvo continuidad tras la salida del DT que había tenido en San Pablo.

Lo más curioso y desorientador pasó con Sampaoli. El extécnico de Chile había arrancado ganándose la confianza del rosarino, mostrándole videos en su casa de Barcelona y con Messi -cómodo con la idea y la propuesta- recibiéndolo descalzo. Sampaoli, con personalidad y hasta exigiéndole al 10 un mayor compromiso en la cancha a la hora de no tener la pelota o cuando el equipo necesitaba de su posesión para bajarle un cambio al ritmo del juego, terminó desautorizado ante todo el plantel. Sampaoli perdió la brújula en medio del camino, mucho antes de poner a Messi de falso 9 en la eliminación ante Francia, y hasta fue víctima de un motín en pleno mundial de Rusia, un papelón pocas veces visto en la historia de la selección.

Mientras iba de vuelo en vuelo, de ciudad a ciudad en Rusia, Messi seguro habrá pensado más de una vez en Alejandro Sabella, el mejor DT que tuvo en la selección, pero con el que tampoco tenía feeling. Incluso una vez que el entrenador lo fue a ver al predio de Barcelona para charlar sobre fútbol y el seleccionado, Messi tomó el café frío porque se quedó pateando tiros libres. Seguramente el exentrenador de Estudiantes cometió errores en su etapa en la Argentina, pero (desde la planificación táctica colectiva, cómo rodearlo y el rol que necesitaba de él el equipo) fue el que más lo potenció y lo acercó al éxito. El rendimiento colectivo en gran parte de las eliminatorias, pero sobre todo en la final perdida con Alemania en Brasil, y los triunfos ante Bélgica y Suiza fueron una buena prueba. El mayor triunfo de Sabella fue, cuando en medio del desconcierto de Sampaoli, los jugadores (Messi y Mascherano incluidos) le pidieron al exDT de Sevilla jugar como hacían con Sabella. Querían esa búsqueda de solidez antes cuestionada.

Scaloni fue el impulsor del cambio más profundo desde que está Messi en la selección. Aportó una buena renovación de nombres y características, pero falló en algunos planteos y la mayoría de los cambios, le dio más importancia al rival que al equipo propio y está aprendiendo en un puesto que exige más certezas que dudas. Hasta se enojaron los futbolistas cuando se enteraron por los medios de los cambios que Scaloni iba a hacer antes de jugar con Paraguay. Las interferencias que tuvo el VAR en la última Copa América que acaba de finalizar terminaron agregándole un par de puntos a la calificación de una selección que estuvo lejos de aprobar en el juego y en la mayoría de los rendimientos individuales. Pero, a los 32 años, al Messi capitán le hace feliz que Scaloni sea el DT de la selección.

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