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Hay circunstancias en la vida de un futbolista profesional en las que una jugada puede marcarle el destino para siempre. Y más si esa situación se da en un superclásico.
En Boca se pueden enumerar una serie de momentos clave. Desde el penal que Antonio Roma le atajó al brasileño Delem en el campeonato de 1962 al célebre "muletazo" de Palermo en la Libertadores 2000, pasando por el nucazo sobre la hora de Hugo Romeo Guerra en el Clausura 1996, todo es motivo para que el hincha consagre al involucrado. Incluso en este listado aparece la patada artera de Juan Krupoviesa a Daniel Montenegro en el Apertura 2006, quien reconoció hace unos años que todavía lo saludan por la calle por esa desleal acción.
No sólo me queda la bronca del penal, sino la del gol que hice y no me cobraron. Errar puede errar cualquiera, pero el gol que hice era legítimo
En la vereda de los recuerdos poco felices, la imagen más cercana es el penal que Emmanuel Gigliotti desaprovechó ante River, en el partido de vuelta por una de las semifinales de la Copa Sudamericana 2014, hace menos de un año. Después del áspero 0 a 0 en la Bombonera, se jugaban apenas 14 segundos en el Monumental cuando el árbitro Germán Delfino marcó una falta dentro del área de Rojas a Carrizo. El Puma asumió la responsabilidad... pero fue Marcelo Barovero el que se vistió de héroe.
La historia posterior es conocida. River ganó aquel partido y más tarde la Copa Sudamericana. Gigliotti fue señalado como uno de los máximos responsables de esa derrota. De nada valió que fuera el delantero de Boca con mejor promedio de gol desde el retiro de Palermo, y a fines de febrero de este año, emigró al otro lado del mundo.
"Vine a China por cuatro meses, pero intuí que tenía las puertas cerradas en Boca, y con el correr del tiempo me di cuenta. A medida que pasó el tiempo, esa sensación se fue incrementando y luego se dio lo que pensé. Igual, la decisión de no volver la tomé yo. Es lo que sentí en ese momento", dijo el Puma, en declaraciones a 90 Minutos, que emite Fox Sports.
Mientras defiende los colores del Chongqing Lifan, que hizo uso de la opción y compró el pase, el Puma también habló sobre aquella jugada que marcó su destino con la casaca azul y oro.
"No me arrepiento de haber pateado aquel penal. Por tomar decisiones en mi carrera llegué a Boca. Ya pasó, ya está. No sólo me queda la bronca del penal, sino la del gol que hice y no me cobraron. Errar puede errar cualquiera, pero el gol que hice era legítimo", recordó Gigliotti.
"Cuando las cosas no estaban de la mejor manera es cuando uno más ganas tenía de quedarse. No pudo ser. Pienso en volver a Boca para sacarme la espina, pero no creo que pase eso", se lamentó.
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