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Adusto y de brazos cruzados. Como contenido, tras la amenaza con una arma de fuego que había sufrido un día atrás, el colombiano Giovanni Moreno rompió el silencio y dejó en claro que no quiere irse de Racing, aunque hoy se ve en medio de presiones y su principal preocupación es la seguridad de su familia. "Si me los cruzo (por los barras) y me piden una disculpa se las voy a aceptar. Por ahí fue algo que se les escapó de las manos a esas personas. Tienen que pensar que no es la forma. Les pido que estén tranquilos", comenzó el diálogo con Fox Sports. Y agregó: "Si me hubiera querido ir del club no habría ido a entrenarme hoy [por ayer]. Muchos allegados me dijeron que no fuera, que yo no me merecía esto. Pero irme así sería salir por la puerta de atrás, y no quiero eso".
La película de terror que vivió Moreno desde el martes pasado nunca había pasado por su cabeza. Ayer, el arribo al Cilindro, pasadas las 9.30, acompañado por Agustín Jiménez y Daniel Pellerano, dos de sus representantes, y por Sergio Marchi, titular de Futbolistas Argentinos Agremiados, dejó en claro que el tembladeral en Racing promete continuar: el estadio de la Academia parecía un fuerte blindado, custodiado en todos sus accesos. Efectivos con armas de alto calibre cerca de los portones de las calles Corbatta, Colón e Italia, y varios patrulleros daban cuenta de ello. Así de extraño amaneció el día para el plantel de Racing.
Mientras, en el vestuario local lo aguardaban todos sus compañeros (incluido Federico Santander, que estaba con Gio en el momento de la amenaza), el DT Luis Zubeldía y el secretario técnico Roberto Ayala, junto con el presidente Gastón Cogorno, el vicepresidente primero Rodolfo Molina y el secretario general del club, Cristian Debia.
De la reunión también participaron el ministro de seguridad y justicia bonaerense, Ricardo Casal. "Ayer (por anteayer) no hablé porque no quería que esto pasara a mayores. A los barras no los conocía, no los había visto. Uno me dijo que quería que nos fuéramos de Racing, que no estuviéramos. Si hubiésemos ganado el partido [contra Boca], por ahí no pasaba nada", añadió Gio. El apremio que vivió el futbolista colombiano motivó una actuación de oficio del Coprosede, dado que ni Racing ni los jugadores implicados en el hecho habían realizado la denuncia policial. "Se trató de un hecho meramente policial, pero correspondía que interviniéramos", dijo Rubén Pérez, mandamás del Coprosede.
La denuncia que elevó el organismo recayó en el juzgado N° 3 de Lomas de Zamora, a cargo del doctor Mario Prieto, el mismo que investiga las amenazas de la barra de Independiente al presidente del club, Javier Cantero.
Luego de la extensa reunión en la que se les ratificó el apoyo a Gio y a Santander, los jugadores buscaron aislarse aún más dentro del estadio a las órdenes de Zubeldía. Allí, el capitán Sebastián Saja y Jorge De Olivera dialogaron con el colombiano. "El Chino estuvo muy pendiente. Al igual que Jorge. Saja me decía que esto no podía sucederle a nadie y menos a un extranjero. Se apenaron mucho", contó Gío.Después, Gastón Cogorno (ver aparte) brindó un escueto y breve comunicado en la sala de prensa, pero no se permitió a la prensa realizar preguntas.
La Nación se comunicó con el vicepresidente Molina, quien comentó: "Como dirigentes nos hacemos cargo hasta donde podemos. Nosotros en nuestro ámbito, y la Justicia debe hacerlo en el ámbito penal. El Estado debe establecer las normas y Racing, como club social que es, debe ponerse al servicio de ellos. No somos una agencia de seguridad pero al club ingresan sólo personas que son identificadas". Asimismo, Molina aseguró que "Racing no quiere desprenderse del jugador. No tenemos motivos para que Gio no continúe en el club", en alusión a una versión que creció en las últimas horas sobre la intención de que Moreno emigre de Avellaneda. "Tenemos un porcentaje [37,5% del pase] y nos estamos poniendo al día con Atlético Nacional [poseedor de un 25%; el 37,5 restante pertenece a un grupo inversor]". Aunque fue el propio jugador quien se encargó de echar por tierra un posible cambio de club. "Sigo siendo jugador de Racing. No tengo intenciones de irme a ningún lado porque acá soy feliz. Decide Zubeldía y estoy a su disposición", subrayó.
En este contexto de presiones que con la amenaza se tornaron asfixiantes, el colombiano se debate en la intimidad y no sabe qué hacer después de junio. Al tironeo del grupo inversor por sacarlo de la institución, al de la Academia y al de un técnico que no lo tiene entre sus preferidos (hoy, Luis Fariña está por encima del jugador cafetero ) se suma, nada menos, la mirada de su familia. La de aquí, junto a su esposa y su bebe de casi siete meses, y la de Colombia, su tierra natal. "Mi esposa tiene miedo de que salgamos, por la niña. Mi madre quería venir y le dije que no. Y también aprovecho para pedirle tranquilidad a mi abuela, que es quien más sufre. Ella está al tanto de todo. Mira y lee todo", señaló, dejando escapar una tenue sonrisa. Acaso, de temor e incertidumbre en dosis iguales.


