La MLS y el coronavirus. Canchas divididas en cuatro, sin pases y sin contacto personal: el estricto protocolo para volver a los entrenamientos

Marcelo Gantman
Marcelo Gantman PARA LA NACION
Los controles en Cincinnati
Los controles en Cincinnati Crédito: MLS
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12 de mayo de 2020  • 07:42

El futbolista debe salir de su domicilio y dirigirse al campo de entrenamiento sin escalas. Tiene prohibido detenerse en cualquier otro lugar durante el trayecto. Debe usar máscaras y guantes. Tienen un lugar asignado para estacionar y debe mediar el espacio de dos automóviles entre el suyo y otro. Al llegar al parking le toman la temperatura y debe entregar un formulario completo donde consta que no ha tenido fiebre, tos, dolores musculares, escalofríos y que no ha viajado en avión en las últimas 24 horas. Desde el auto debe seguir un recorrido delimitado que lo conduce directamente a una de las canchas de fútbol: "Cancha 3, cuadrante 6" dice su indicación. Cuando llega recoge desde el piso una pechera, coloca el GPS y encuentra una pelota. Todos los objetos fueron debidamente sanitizados por los utileros. Nunca recibirá un pase de un compañero ni podrá darlo. La fase 1 del protocolo de regreso a los entrenamientos de la MLS reconfigura el fútbol en pandemia como una actividad estrictamente individual.

Desde el 6 de mayo los 26 clubes de la Major League Soccer pueden ejecutar el plan maestro de la organización para la vuelta a los entrenamientos en sus instalaciones. Durante seis semanas la liga estuvo trabajando en la confección de un protocolo para que los clubes pudieran implementar este modo individual de sacar a los jugadores de sus casas y trasladar ese entrenamiento solitario a los campos de juego. En ese lapso, la MLS elaboró un documento que intercambió con cada franquicia y que fue enriquecido con sugerencias de cada club. El 1 de mayo el documento estuvo listo y cinco días después los clubes comenzaron a aplicarlo.

Además de las restricciones y las condiciones no negociables que tienen los modos de entrenar, la MLS procuró que la vuelta a las prácticas tuviera un principio de igualdad: la pandemia del COVID-19, por ejemplo, no atacó de igual modo en Los Angeles que en Nueva York. Y cada región tuvo diferentes tipos de confinamiento. Por eso todos los clubes que vuelven a entrenarse lo hacen con el mismo protocolo y luego de obtener el permiso de las autoridades sanitarias de cada estado o ciudad.

La descripción del protocolo entrega un paisaje del fútbol de ciencia ficción. Los futbolistas reciben a diario en una plataforma el mapa de acción de cada día. Llegan al entrenamiento en horario escalonado para no cruzarse con otro compañero. Jamás deben ingresar al edificio del campo de entrenamiento ni tampoco al gimnasio. De su automóvil deben ir directamente a su sector de la cancha para iniciar la práctica. Las canchas se dividen en cuatro sectores y cada uno tiene el suyo asignado. Allí se encontrarán con los tres elementos debidamente sanitizados: pelota, pechera y GPS. Los equipos trabajan como mínimo en dos turnos de entrenamiento.

Los utileros en algunos casos deben empezar su trabajo a las 5 AM. Es regla de la MLS que los elementos de entrenamiento estén ya en el campo a la hora de empezar: pelotas, maniquíes, rebotadores para hacer pases, conos. Cada cuerpo técnico debe entregar el día anterior la lista de lo que se precisa. Cuando hay cambio de turnos, se cambian las pelotas. Los jugadores deben regresar las pecheras y los GPS a un sector determinado, dejarlos en el piso y los utileros procederán a sanitizarlos con un líquido que mezcla alcohol y lavandina en proporciones ya determinadas por la liga.

N ingún futbolista puede invadir el cuadrado de otro compañero. No hay pases entre ellos. Los técnicos y preparadores físicos circulan por pasillos internos para dar indicaciones, siempre manteniendo la distancia social con cada uno. El jefe médico es el encargado de controlar que se respeten las normas. "Social distance." grita por altavoz cuando intuye que dos miembros del equipo se acercaron demasiado. El riesgo de no respetar el protocolo es enorme: en cualquier momento puede llegar un control de la MLS; a la menor falla, la liga tiene el poder para cancelar de inmediato los entrenamientos y regresar a la fase cero. Ningún preparador físico puede cambiar un entrenamiento si no es expresamente convalidado por la MLS. Todo lo diseñado tiende a que no haya espacios compartidos.

Los jugadores no se cambian en el lugar. Son responsables de llegar ya vestidos para entrenarse y luego volver con la ropa sucia a sus casas para lavarla. Cada uno también trae su propio kit de hidratación planificado por la MLS: una heladerita con todo lo necesario para esa sesión. El asunto le da algo de amateurismo a este enorme despliegue, ya que el costo económico de todas estas medidas se adivina como muy elevado. Pero hablamos de la MLS: espacios de entrenamiento y recursos no escasean.

La fase 1 de entrenamiento se centra más en lo físico que en lo técnico. La parte táctica sigue confinada a las sesiones colectivas por Zoom. La fase 2 contempla la vuelta a los entrenamientos en grupos reducidos que solo serán posibles cuando la MLS disponga en abundancia de tests rápidos masivos para determinar si algún futbolista o miembro del staff está infectado. Por eso la fase 1 se basa en trabajos individuales y con toma de temperatura a distancia, que es un método económico para detectar si un futbolista está contagiado.

Los miembros de diferentes áreas de las franquicias tienen no menos de 20 videoconferencias semanales para analizar la marcha de los acontecimientos. Esta fase 1, con la pandemia en pleno desarrollo, es todo lo que el emergente y potente fútbol de la MLS tiene por ahora para ofrecer.

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