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Lionel Messi tuvo un comienzo de año impresionante: jugó tres partidos y marcó tres goles, los tres de tiro libre, en apenas seis días. Lionel Messi tuvo un comienzo de año normal: su promedio en este inicio es similar al que lleva a lo largo de la temporada 2016/17: jugó 23 partidos, marcó 26 goles. La media de gol por partido, entonces, es de 1,13.
En lo que va de 2017, antes le había marcado al mismo rival de ayer (en la ida de los octavos de final, en San Mamés, un gol que sirvió para que Barcelona solo perdiera 2-1) y a Villarreal (el domingo, el del empate 1-1, cerca del final). La estadística de la temporada se completa con otros dos ítems:
Y el gol de ayer le valió alcanzar un récord: ahora lleva 26 goles de tiro libre en Barcelona, y así igualó al holandés Ronald Koeman en esa estadística.
El golazo de Messi, desde la tribuna
El que marcó ayer contra Athletic Bilbao retrata una de las últimas especialidades que el rosarino perfeccionó: ya nadie recuerda que en los primeros años de su carrera en Primera le costaba mucho marcar de tiro libre. Fue Diego Maradona el que le dio un consejo respecto a cómo mejorar en ese apartado del juego. La anécdota la escribió Fernando Signorini, ex preparador físico de la selección cuando la dirigía Diego, en su libro "Fútbol, un llamado a la rebelión". Así lo narró Signorini:

"En febrero de 2009, a poco tiempo de haber asumido Diego Maradona como técnico de la selección, fuimos a Francia a disputar un amistoso ante el seleccionado local, en Marsella. El día anterior al partido hicimos una práctica en el estadio, donde Diego trabajó con los once titulares en el táctico final y yo me quedé con el resto haciendo un 'loco' hasta terminar el entrenamiento. Cuando dio la orden de terminar, Mascherano, Tevez y Messi le pidieron si podían quedarse haciendo tiros al arco, a lo que Maradona accedió.
En un momento, Lionel puso la pelota mirando hacia el arco, un poco sobre la izquierda y cuando le pegó, su remate se fue lejos, por arriba del ángulo de la mano derecha de Carrizo. Hizo un gesto de fastidio y, como enfiló para el vestuario, le salí al cruce: 'Decime una cosa, ¿un jugador como vos se va a ir a duchar con esa porquería? Dejate de hinchar las bolas. Agarrá una pelota y volvé a intentar'. Termino de pronunciar eso y veo que viene Diego, que había escuchado todo, como siempre. Lo tomó del hombro y le dijo: 'Leíto, Leíto, vení, papá. Vamos a hacerlo de vuelta'. Era como un profesor con un alumno. Y siguió; 'Poné la pelota acá y escuchame bien: no le saques tan rápido el pie a la pelota porque si no ella no sabe lo que vos querés'. Entonces, la acarició con la zurda y la clavó en el ángulo, inflando la red ante la mirada de admiración de Messi. Para los que hablan de los celos de Diego, ¿qué celos? Le estaba abriendo el mundo del conocimiento y no le cobró nada. Yo pegué media vuelta y no quise ver más, ya era suficiente. Allí estaba el fútbol argentino".

