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PESCARA, Italia.- Corren 31 minutos del encuentro de la Serie B entre Pescara y Livorno, que el visitante ganaba 2 a 0. De repente, Piermario Morosini, mediocampista de Livorno, cae al suelo. Intenta levantarse, como un gladiador. Dura apenas segundos en pie hasta desplomarse. Sus compañeros levantan los brazos. Los médicos de los dos equipos piden que se pare el juego. El árbitro accede y todas las miradas se dirigen hacia Morosini, que yace desplomado sobre el césped. El recuerdo de Fabrice Muamba -ocurrió el 17 de marzo; anteayer recibió el alta- está muy cercano, muy presente.
Pasan algunos minutos, que se hacen interminables. La ambulancia se demora más de la cuenta en ingresar en el estadio porque otro vehículo le impide el paso. Mientras, en el terreno reservado para los futbolistas, los médicos y masajistas hacen su trabajo: el cuerpo de Morosini, que parece consciente, es entubado y le aplican un desfibrilador para que su corazón vuelva a latir con normalidad. Los otros 21 futbolistas asisten a la escena con estupor. Algunos miran. Otros lloran. Hay jugadores que optan por desandar el camino a los vestuarios, sin consuelo.
Morosini es subido a la ambulancia, rumbo al hospital Santo Spirito de Pescara. Todavía estaba con vida, de acuerdo con el testimonio de Danilo Iannascoli, administrador delegado del club local. "Me miró a los ojos cuando entró en el vehículo", señalaría Iannascoli, luego de conocerse el fatídico desenlace del futbolista.
Mirá el video (las imágenes pueden dañar su sensibilidad):
Piermario Morosini mort crise cardique
por Spi0n
Luego de noventa minutos de reanimación cardíaca, los médicos decidieron que no había nada más por hacer. El joven mediocampista de Livorno se sumaba al trágico listado de jugadores fallecidos en una cancha de fútbol por fallas cardíacas. "Un minuto más o menos en la ambulancia no habría significado nada", indicó el cardiólogo Leonardo Paloscia, quien estaba en el estadio cuando Morosini colapsó. "Su corazón se había parado. Intentamos de todo durante 90 minutos y no hubo caso. El corazón no volvió a latir...Ni una sola vez", relató Paloscia. Para entonces, los compañeros de Morosini ya estaban en el centro asistencial junto al entrenador del equipo granate, Walter Novellino. Esperaban buenas noticias, que nunca llegaron. "Era un gran muchacho, de pocas palabras; un excelente mediocampista que quería tener éxito", definió Novellino a Morosini en diálogo con la agencia ANSA. Sobre lo sucedido en la cancha de Pescara, Novellino agregó: "La muerte de un joven en el campo de juego es feo para cualquiera. Para quienes conocen a la persona, y para todos aquellos que aman el fútbol y el deporte en general".
El desenlace de Morosini es una tragedia adentro de otra. Perdió a su madre cuando tenía 15 años; dos años después a su padre. Sus dos hermanos -un varón y una mujer- tenían problemas congénitos. Su hermano se suicidó. Tal vez por toda esta historia de infortunios, un ex compañero de Morosini, Roberto Baronio, tuiteó: "Ahora podrás abrazar a toda tu familia".



