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LA PLATA.– La escenografía de la ciudad de las diagonales se transformó: La Plata adquirió una nueva piel y hoy es un rincón tricolor, con pinceladas azules, blancas y rojas. Los graffitis con leyendas simples, característicos cinco años atrás, le cedieron el espacio a prolijos murales que hoy decoran las paredes.
La metamorfosis es innegable. Las frases del estilo “Dale León/Lobo” mutaron en piezas artísticas, con la prolijidad y el detalle como requisitos casi obligatorios. Se cambió cantidad por calidad.
“Lo de los graffitis vinculados al fútbol, en La Plata, empezó en 1984 cuando nosotros ascendimos. Pintamos el barrio de azul y blanco, y la onda le gustó a todos. Antes eran frases, algunas acompañadas por la cara de un lobo, y hoy son diseños mucho más coloridos y trabajados”, cuenta Alejandro “Coqui” Otero, fanático de Gimnasia.
Cristian Rubeis, hincha de Estudiantes, aporta su visión: “Con el tiempo se fueron agregando dibujos y se tornó una competencia para ver quién tenía el mural más copado. Algunos incluyen textos, pero más prolijos en relación a lo que se hacía antes”.
A diferencia de lo que sucede en Rosario, que parece una ciudad dividida en dos, como si existiese una línea imaginaria, en La Plata los murales futboleros están mezclados. De un barrio albirrojo se pasa a uno albiazul y así sucesivamente; e incluso hay sectores en los que conviven las obras de pinchas y triperos.
“Lo que me motiva a realizar estos murales es ser hincha de Gimnasia y el querer ver a mi ciudad pintada de azul y blanco”, expresa el Coqui, mientras que Cristian narra su experiencia: “Como a mí siempre me gustó dibujar, empecé a hacer murales del Pincha; primero en el Parque Saavedra y luego en otros barrios. Es algo que disfruto porque siento que aporto mi granito de arena para que el club sea más grande todavía”.

Si bien aún hoy existe el escrache y en ocasiones se dan tachaduras o respuestas del rival, esa tendencia mermó bastante. Antes prácticamente todas las frases eran respondidas por un hincha adversario. Un “22” vinculado a Gimnasia se transformaba en “Son 22” y un “53 %” relacionado a Estudiantes se convertía en un “15,3 %”. Eso en el mejor de los casos. Hace un lustro eran muy habituales los insultos, que daban lugar a los mamarrachos. Hoy, excepciones mediante, la rivalidad pasa más por adueñarse de territorios y por decorarlos con los colores propios.
Otra diferencia es que en la actualidad los hinchas eligen estratégicamente el lugar de sus obras: paredones grandes, que dispongan del permiso del dueño. Casi sin darse cuenta, los simpatizantes del Lobo y el Pincha saltaron del graffiti al muralismo. Aunque, también hay que decirlo, en ocasiones se apropian –además– de elementos públicos como cordones de veredas, postes y carteles, todo esto sin tener ninguna autorización.
Mientras la ciudad continúa su conversión y los murales se multiplican, el derby se acerca y la ansiedad crece. La Plata, por estas horas, es un espacio monotemático. Alejandro y Cristian se animaron palpitar el encuentro, y cada uno dejó una cargada para el adversario. “Mi pronóstico es un 2-0. Nunca les vamos a hacer más de cinco porque abandonan”, sentenció Coqui, tripero de ley. “No me gusta hablar antes, pero veo bien al equipo. Ojalá ganemos así seguimos estirando el historial”, afirmó Cristian, “enfermo del Pincha”, como él mismo se describe.
Faltan horas para el partido, pero el clásico ya se juega en las paredes.



