Leo Messi es un problema

Sebastián Fest
Sebastián Fest LA NACION
Fuente: LA NACION - Crédito: Sebastián Rodeiro
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8 de julio de 2015  • 23:43

LONDRES - "¡Messi, Messi, Messi!". Gritar ese nombre que tantos argentinos siguen considerando un asunto menor ayudó a que Santiago López Menéndez, el ingeniero agrónomo secuestrado en Nigeria, encontrara el camino hacia la libertad. La anécdota pasó relativamente inadvertida en medio del tramo final de la Copa América, pero confirmó una vez más lo que es Messi para los argentinos: un enano al lado de Maradona.

Imaginen a "D10s" en la misma situación, un "¡Maradona, Maradona, Maradona!" y un argentino libre. "D10s" pasaría a ser un acrónimo absurdo por insuficiente, los memes glorificadores se multiplicarían hasta el infinito y el asunto desembocaría en una frase: "Diego gana en todas partes".

Messi gana en todas partes, menos en su país. La selección -quirúrgico ayer Cristian Grosso- sería un equipo impotente sin él. Pero eso no alcanza en el país que más sabe de fútbol del mundo. ¿Fue Messi brillante en las finales de Brasil 2014 y Chile 2015? No, pero a las dos se llegó sobre todo gracias a él. Tampoco fue brillante Maradona en 1986 en el Azteca, pero cuando el chispazo del genio salió del botín, otro compañero estuvo ahí con capacidad para transformarlo en gol.

Messi hace mucho, pero no puede hacer todo. Fue interesante ver la final con Chile en la televisión británica y escuchar a sus comentaristas. "¡Genio, genio, genio!", gritaron en un momento. Es así de desconcertante: los "piratas" nos admiran y no tienen reparos en decirlo.

"No hay un delantero de clase mundial en Chile -decían-, toda una diferencia con la Argentina". Que esos delanteros fallaran en el momento justo ya es otra historia. Lo que está claro es que aquel grito de "¡Animales!" es una simpática anécdota de hace medio siglo. Del siglo pasado. Si existiera un artefacto mágico para convertir a Messi en inglés, millones de hinchas pondrían con gusto dinero de su bolsillo para financiar su compra. Y otros 200 países del resto del mundo harían lo mismo. También Brasil, sí, donde en Recife o en Río de Janeiro es posible encontrar a niños en la playa jugando con la camiseta del "10". La celeste y blanca, no la del Barcelona.

Pero en la Argentina, Messi es casi siempre un problema antes que una solución. ¿Es envidia? ¿Es porque se fue del país y le fue bien? ¿Es porque gana en euros?

Messi hablará "en rosarino" en Barcelona, porque a su acento y cadencia no se le pegó casi ni un deje español o catalán, pero su error es ser notablemente antiargentino: debería hablar más, expresarse de otra manera, manejar los códigos de la demagogia. Se lo querría más. Su problema, quizás, no pase por no ser brillante en las finales. Hay otros caminos para llegar a ser un jugador del pueblo.

Fuente: EFE

Gerardo Martino estará amargado aún por lo que sucedió el sábado, pero en realidad no hay nadie más habilitado que él para resolver la encrucijada messiánica: es el único que conoce en profundidad los dos mundos de Messi, el de la Argentina y España, el de Rosario y Barcelona. Sabe -o debería saber- porque allá no es como acá. O al revés.

"Así no, míster, así no", le decía Xavi Hernández a Martino durante los entrenamientos de aquella temporada en la que dirigió al equipo de Messi. No le fue fácil lidiar con el "cerebro" del Barca, tampoco entenderse con los periodistas y el mundillo locales: de un lado y del otro brotaron incomprensiones, en parte por equívocos idiomáticos, porque españoles y argentinos hablarán la misma lengua, pero no el mismo idioma.

Le sirvió ese año a Martino, en cambio, para conocer a Messi como nadie en la Argentina. En aquella temporada en Barcelona pecó a veces por soberbia, pero muchas más por timidez. Se fue frustrado. Ahora dirige la selección, no quiere otra frustración. Conoce al Messi de afuera y al de adentro.

Y conoce a los de adentro.

gm

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