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Federico Grabich: la proeza de una esperanza que crece a pura brazada

Fuente: LA NACION - Crédito: Maxie Amena
Confirmó que se abrió una nueva era en la natación, después de José Meolans, retirado en 2008; la medalla dorada en los 100 metros libre ratifica lo que se insinuaba: con 25 años, el santafecino es el gran crédito
Gastón Saiz
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15 de julio de 2015  • 10:30

TORONTO.– Casilda se conmovió a la distancia con la proeza del supercampeón, que se mordía los labios durante el himno nacional. Todavía cuando surcaba la pileta a pura brazada, ese bullicio ensordecedor del Acquatic Center se escuchó hasta en el sur profundo de Santa Fe, allí donde se crió la gran ilusión actual de la natación argentina. Federico Grabich confirma que se abrió una nueva era, después de las figuraciones del cordobés José Meolans , retirado en 2008. La medalla dorada panamericana en los 100 metros libre ratifica lo que ya se insinuaba: con 25 años, se trata de una esperanza criolla enorme en uno de los deportes madre del olimpismo. No sólo consiguió el oro más destacado para la delegación nacional, que ya acumula cinco en cuatro días de competencia, sino que rompió dos veces en un mismo día el récord argentino (48s26). En la clasificación de la mañana había parado los relojes en 48s60, con lo que ya superaba el que había impuesto el bahiense Matías Aguilera el 22 de julio de 2009. "Sabía que podía estar en esos tiempos, todo es fruto del sacrificio", comentaba Federico, que tiene los anillos olímpicos tatuados en el bíceps izquierdo. Este Grabich que se bañó de oro es el mismo que se entrenó tantas veces en Casilda, en una pileta de 25 metros. "El agua ahí tiene 34 grados, es un sauna", bromeaba en la noche cerrada.

La lectura puede hacerse a partir de los inmediatos beneficios deportivos, porque con su marca A se tiró de cabeza a los Juegos Olímpicos de Río 2016 –ya había atesorado la de los 200 metros libre–. Pero también, su conquista vuelve a poner a la Argentina en los primeros planos a nivel regional. Allá a lo lejos, en Santo Domingo 2003, Meolans también había atrapado el oro en la misma competencia, aunque en los últimos diez años la actividad ingresó en un declive indisimulable. El desastre argentino en los Juegos de Londres 2012 fue la definitiva señal de alarma, lejos de los tiempos olímpicos. El propio Federico Grabich había concluido 41° entre 43 competidores en los 100m espalda; Georgina Bardach fue última en su serie de los 400 metros medley (4m57s31) –20 segundos más que en Atenas 2004–, al igual que Juan Martín Pereyra en los 400 metros libre (3m56s76). Un bochazo masivo que obligó a recomponer el esquema, y eso que el Enard ya llevaba dos años de funcionamiento.

La contratación del australiano Bill Sweetenham como manager despertó a más de uno a la hora de entrenarse. "Huelo oro", me dijo Bill antes de los Panamericanos. La verdad es que el australiano nos cambió todo el concepto de los entrenamientos tradicionales y los resultados se notaron enseguida. Le da prioridad primero a la velocidad y luego a una segunda parte aeróbica. Los típicos entrenamientos eran nadar metros y metros, algo que ya no servía". Según Grabich, éste era el momento justo para reaccionar, porque evidentemente él también advertía que la natación transitaba uno de sus peores períodos. Entendía que luego de las irrupciones de Bardach y Meolans, este deporte había entrado en una meseta. Las diez medallas que consiguió en octubre en el Sudamericano en Mar del Plata , cinco de ellas doradas, marcó un punto de quiebre para su carrera.

En los últimos seis años, desde que se dejaron de usar los trajes speedo –prohibidos en 2009 por la FINA– sólo hubo 22 nadadores por debajo de la marca de Grabich en todo el mundo, pero lo interesante es que muchos se retiraron... Es un dato más que ayuda a dimensionar lo obtenido por este talento, que desde muy chico contó como aliado al Tiburón Meolans. "No sé si quiero ser su sucesor, pero me gustaría competir en un nivel importante como él. Me acuerdo de su oro en Santo Domingo 2003 y siempre está al lado mío, aunque sea con un mensajito de texto. Es mi referente". Sucede algo curioso con Grabich, porque cuando se mentaliza para una prueba, termina rindiendo mucho más en otra. "Pero ya estoy claramente perfilado para los 100 y 200 metros libre; mi gran objetivo ahora es meterme en las finales en Río 2016", aclara.

Todavía con la conmoción del triunfo en los 100 metros, Grabich integró la posta 4×100 libre junto con Aguilera, el quilmeño Lautaro Rodríguez y el marplatense Guido Buscaglia , un relevo que quedó cuarto con 3m17s41, nuevo récord nacional. Fuera del podio, pero con la satisfacción de la marca.

Ya está: liberado de conseguir la marca olímpica, tiene todo por crecer. Así como remató la prueba en los últimos 25 metros con una convicción demoledora, los próximos desafíos lo impulsan a perseguir objetivos superiores. En Toronto escribió el relato de un nuevo Tiburón, dispuesto a comerse el mundo.

js/av

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