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Por Damián Cáceres
Para LA NACION
Como una postal del tiempo, permanece ahí. Resiste el paso inexorable de los años. En las calles Rosetti y Güiffra, de Piñeyro, partido de Avellaneda, comenzó su historia hace cien años. Más exactamente el 11 de enero de 1910, un puñado de vecinos de la clase más conservadora de esa ciudad, próximos al poder local, fundó el Club de Regatas, en la margen sur del Riachuelo. Claro, en ese entonces las aguas no bajaban turbias. El paisaje era agreste, indómito. En principio casi rural, luego industrial.
Por caso, es una de las cunas del remo argentino, que como pionera de la actividad logró un Olimpia de Plata en 1977, con Carlos Castro, y 19 Palmas de Oro, distinción que se les entrega a quienes ganan más de diez regatas internacionales. En ese entonces, el club llegó a tener más de 80 botes, entre los de paseo y los de competición, donde además de su actividad principal se practicaba tiro a la paloma, croquet y hockey sobre patines. Eran tiempos en los que se podía cruzar a la otra ribera, la de Capital Federal. Pero en 1996 la actividad náutica debió suspenderse por la contaminación creciente del Riachuelo.
El barrio cambió. De una zona fabril con un incesante ir y venir de empleados que, poco a poco, se fueron arrimando al club, pasó a ser un área de escaso tránsito. Pero Regatas sigue ahí, de pie, y subsiste gracias a los 1517 socios que le dan vida en la semana.
Durante casi cuatro décadas, la institución se hizo famosa por sus bailes de carnaval, que llegaron a reunir a más de 15.000 personas en una misma noche para elegir a la reina. Esas legendarias fiestas, que comenzaron en 1946 y terminaron en 1982, marcaron a la juventud de entonces.
La misma alegría que la película Luna de Avellaneda retrata con puntillosa rigurosidad. Esas instalaciones y esas calles fueron las elegidas por el laureado director Juan José Campanella para filmar buena parte de la historia que narra la desventura y la lucha de los asociados de un club por que éste no desaparezca. Una pelea similar vivió Regatas con el advenimiento del nuevo siglo. "Con la crisis de 2001, perdimos más de la mitad de los socios; sólo superábamos los 700. El resurgimiento llevó mucho trabajo", dice a LA NACION Andrés María Casal, presidente de Regatas.
El club se mantiene gracias a las 15 disciplinas deportivas, entre las que se destacan el fútbol (campeón del torneo Interclubes 2009), el tenis (14 canchas, nueve iluminadas) y el hockey sobre césped femenino, con una de las mejores canchas del país. Igual, la intención es regresar a las fuentes. Recuperar los orígenes con el remo, porque ése fue su leitmotiv y hoy es un recuerdo? un recuerdo que no quiere perderse. "Apuntamos a reflotar la escuela de canoaje. Es la cuarta pata del club, porque se puede desarrollar con alumnos de los distintos colegios durante el ciclo lectivo utilizando la pileta de natación y también el simulador de remo, que muy pocas entidades lo tienen", cuenta Casal. Y agrega: "El 8 de noviembre, haremos la cuarta remada anual, en la que uniremos la Dársena Norte con el club para seguir luchando por la limpieza del Riachuelo. Esta acción la desarrollamos junto con la Fundación La Boca, la Unión Industrial y el municipio". Los sábados, la vida de Regatas ingresa en una gran vorágine, un torbellino de personas aquí y allá en las 15 hectáreas que posee la centenaria institución.

