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TOKIO.– Willi Heinz formaba dupla de medios con Dan Carter en Crusaders. Nació, vivió y jugó en Chirstchurch, Nueva Zelanda, e incluso llegó a enfrentar al seleccionado inglés durante la gira de 2014. A los 29 años fue tentado por Gloucester para jugar en la liga Premiership y despertó el interés de Eddie Jones, el entrenador de Inglaterra, quien lo convocó para la preparación premundialista. Debutó en el seleccionado en agosto en el test match ante Gales con 32 años y se ganó un lugar clave en la lista de 31 para el Mundial de Japón 2019 para ser el segundo medio-scrum detrás de Ben Youngs, como se observó en el partido de esta madrugada ante los Pumas. ¿Por qué es esto posible? Simplemente porque su abuela materna nació en Southampton.
La laxitud de las reglas de elegibilidad desvirtúa el rugby internacional en la actualidad y el Mundial en particular. Inglaterra presentó ante los Pumas cinco jugadores extranjeros (Mako y Billy Vunipola, Sam Underhill, Manu Tuilagi y Heinz) y tiene uno más en el plantel (Joe Cockanasiga). La Argentina, en cambio, es uno de los tres equipos que no poseen ninguno; los otros son Uruguay y Namibia.
"Las reglas de elegibilidad son un chiste para el rugby internacional. Viendo lo que está ocurriendo en Japón me animo a decir que un país como la Argentina merece ganar la Copa ya que no tiene ningún extranjero", se quejó el excapitán de Gales Paul Thorburn. "Quizá debería haber dos mundiales: uno para aquellos que son genuinos representantes del país para el que juegan y otra para los que quieren ser parte de este circo".

El estatuto de World Rugby permite que un jugador extranjero sea elegible para un seleccionado determinado si tiene padres o abuelos oriundos de ese país o si cumple con la residencia de tres años.
Esta última enmienda es de la que la mayoría de las potencias se aferran para fortalecer sus seleccionados. Así, los países del Seis Naciones, que tienen ligas profesionales económicamente fuertes, se aprovechan de los jugadores que, sin cabida en los seleccionados de su país de origen, emigran en busca de mejores condiciones salariales, especialmente de las islas del Pacífico sur (incluida Nueva Zelanda) y los convierten en figuras centrales. Así como en Inglaterra están los Vunipola (uno neocelandés, el otro australiano); en Irlanda, que tiene seis extranjeros, están CJ Stander (Sudáfrica) y Bundee Aki (Nueva Zelanda); en Francia (5) Aliverti Raka (Fiji) y Virimi Vakatawa (Nueva Zelanda), en Gales (8) Hadleigh Parkes (Nueva Zelanda), en Escocia (15) Sean Maitland y Blade Thomson (Nueva Zelanda). Muchos de ellos llegaron a representar a sus países de origen en juveniles.
La regla de la residencia está a punto de cambiar merced al empuje de Agustín Pichot, vicepresidente de World Rugby y crítico de este sistema. A partir de finales de 2020, en lugar de tres serán cinco los años de residencia necesarios para jugar en otro seleccionado.
Un caso emblemático es el de Japón. Consumada la impactante victoria ante Irlanda, el tercera línea Lappies Labuschagne enfrentó las cámaras y tuvo que transmitirle al mundo el sentimiento de toda una nación. Nacido en Sudáfrica, estuvo en una convocatoria para los Springboks, aunque no llegó a jugar. Luego pasó de Bulls a Kubota Spears y a los tres años estaba representando a los Cherry Blossoms. Lomano Lemeki, su mejor jugador, es neozelandés, y el tryman Kotaro Matsushima es sudafricano. Hasta el capitán, Michael Leitch, es importado: nació en Nueva Zelanda. En total, Japón tiene 16 jugadores extranjeros en su plantel, frente a 15 japoneses.
El seleccionado que más foráneos posee es Tonga, con 19 (16 de ellos, neozelandeses), y lo sigue Samoa con 18; Fiji tiene solo cuatro. Suele decirse que estos seleccionados son el descarte de Nueva Zelanda y Australia. La situación de los países isleños es particular, ya que las migraciones son constantes y es común que haya neozelandeses y australianos con ascendencia de los demás países. Algo similar sucede en Escocia y Gales respecto de Inglaterra, al fin y al cabo tres uniones miembros de un mismo país, Gran Bretaña.
Un error de inclusión determinó la descalificación de España, Rumania y Bélgica en la eliminatoria europea y le dio el pase a Rusia.
En el Mundial de los jugadores originarios, la Argentina sería el campeón. Por ahora, deberá conformarse con un papel periférico en el entorno de World Rugby.
Sergio Parisse, el "32º argentino", juega en Italia
El seleccionado italiano históricamente se nutrió de jugadores argentinos. La cifra disminuyó drásticamente en los últimos años, pero Japón 2019 no es la excepción a lo primero. Sergio Parisse, exjugador de Universitario de La Plata, está en su quinto mundial. Es el único argentino en otro seleccionado.
La materia prima kiwi
Nueva Zelanda tiene 53 jugadores en 11 seleccionados. Esto, sin contar los 27 que juegan en los All Blacks. Samoa, con 17 kiwis, y Tonga, con 15, son los que más le piden prestado. Inglaterra, que "entrega" 19, Sudáfrica, con 15, y Fiji, con 7 (cuatro en los Wallabies), siguen en la lista.
