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Un día llegó a mi casa un sobre. Su contenido era un simple papel, pero al leerlo comencé a llorar. Años de esfuerzo, enormes sacrificios, inolvidables momentos de felicidad vinieron a mi mente y no pude contener las lágrimas. ¿Qué tenía ese papel? Seis estrellas, cada una simbolizando las seis World Marathon Majors, debajo el logo de cada maratón y el tiempo realizado en cada una de ellas. Allí estaban: Tokio, Boston, Londres, Berlín, Chicago y Nueva York. Mi nombre y la leyenda "En honor al excepcional desempeño y dedicación, nos agrada presentarle este certificado…". En mi departamento, en Buenos Aires, me sentí parte de algo mucho más grande, de algo global, de algo trascendente. El símbolo de algo que me llena de orgullo y alegría, el haber completado las seis Majors.
Soy un corredor más, un amateur que un día descubrió el running. Cuando empecé nunca imaginé que llegaría a un maratón. Jamás pensé tampoco que correría el de Nueva York y cuando lo hice, en el año 2011, no sabía ni que existían las Majors. Me enamoré profunda y definitivamente de los 42,195 km hace años, y ese fue el motor para buscar ese sueño hermoso de correr por el mundo. Nueva York, que fue mi tercer maratón y el primero que corrí fuera de la Argentina. Ya saben, Nueva York es el maratón más grande del mundo. No el mejor, pero sí el más famoso y multitudinario. Nadie puede quedarse sin correrla aunque sea una vez. 3h07m55s fue mi tiempo. La experiencia, inolvidable, a pesar de que me pasaron muchas de esas cosas que le pasan a los novatos. Pero para empezar con las Majors, sin duda es la mejor. Uno se acostumbra a las multitudes, a la organización superlativa, al espectáculo del maratón como aún no lo hemos visto en nuestro país.

La segunda fue la que todavía hoy recuerdo como la más perfecta: Chicago 2012. Es de las más sencillas. Sale y llega al centro mismo de la ciudad. En el Millennium Park está su epicentro. Si se ubican cerca de esa zona, su estadía será cómoda y placentera. Chicago depende un poco del clima, ya que la ciudad es famosa por el viento, pero en condiciones buenas es una carrera gloriosa. Ancha, plana, rápida, con mucha hidratación, milla tras milla, de ambos lados de la carrera. Chicago es de las que permite llevar un plan y cumplirlo. Tuve un buen día, me encontré, no sin un gran esfuerzo, con mi primer sub 3 horas. Apenas un 2h59m44s. Imaginen la emoción de un corredor al bajar por tan poco esa marca arbitrariamente gloriosa. ¿Acaso 3h00m01s no es exactamente lo mismo? Sabemos que sí, pero sabemos que no. Una nota: No se olviden que justo antes de la llegada, Chicago tiene una cuesta. Allí, dejen todo lo que les quede, porque ya habrán llegado.
La siguiente fue Londres. A fines de 2012 se anunció que las Majors serían seis (esa sexta, ya sabemos, es Tokio). Viajé junto con mi padre a esa ciudad que adoro. Cuando faltaban dos días para viajar, llegó una noticia terrible. Un atentado durante el maratón de Boston había dejado varios muertos y heridos. Los maratonistas nos vimos particularmente impactados. La seguridad en Londres se multiplicó y antes de la carrera hubo un minuto de silencio conmovedor. Todos corrimos con una cinta negra. La primera cosa que me enseñó Londres 2013 es que cuando entrenamos ya sabemos qué tan bien estamos para una carrera. Si bien entrené en orden y de forma rigurosa, llegué un poco cansado y así me sentía mientras entrenaba. El día de la carrera hizo mucho calor. Mi objetivo se complicó y no pude repetir el sub-3h que hubiera querido. Terminé con un 3h03m16s que me puso un poco de mal humor, claro. Además, aprendí –y creo que es lo más importante– es a valorar la experiencia de correr un maratón en condiciones tan maravillosas. Estar junto a mi padre, tener a algunos amigos alentando o corriendo y pasar por lugares únicos, son tesoros que estarán conmigo para siempre.
A Nueva York fui con mis amigos y entrenador y en Berlín 2013 repetí la experiencia. Berlín, ya se sabe, es la carrera ideal para realizar las mejores marcas. Al ser tan llana, todos los planes pueden cumplirse al segundo. Como Chicago, empieza y termina en la zona central. Todas las Majors tienen una organización sublime, aunque las norteamericanas están un paso adelante en ese aspecto. Ir con amigos es un valor extra. El público de Berlín es menos apasionado y efusivo que el de Estados Unidos o Londres, pero la largada y la llegada son apoteóticas. Cruzar la puerta de Brandenburgo al final ranquea entre lo más notable que me ha tocado vivir. Dije que el plan se podía cumplir al segundo, y así fue. Hice un segundo más rápido que el plan que llevaba. 2h58m36s. En la llegada me encontré con mi entrenador y no pude evitar largarme a llorar como un nene. Cuatro Majors adentro, nueva marca personal, otro viaje maravilloso.
Para Boston hay que calificar. Debido al atentado de 2013, la ciudad iba a apostar como nunca al maratón 2014. Cuando miles de corredores del mundo vimos los trágicos eventos pensamos que debíamos estar allí al año siguiente. Mi marca en Chicago fue la que usé para anotarme. En Boston se parte desde las afueras para ingresar en la ciudad. Recuerden que lo que lleven a la largada ya no podrán recuperarlo. Lean minuciosamente todos los reglamentos, siempre, eviten complicaciones. Boston es una carrera muy particular. El nivel es alto, aunque hay categorías para que puedan correr todo tipo de corredores. No es una carrera para principiantes. Empieza con mucho desnivel a favor, pero a la altura del temido muro comienzan las subidas. La colina rompecorazones tiene ese nombre por cómo la carrera puede pasar del éxtasis al desastre sin mediar escala. Se necesita inteligencia y estrategia, y mucho coraje. De todas las Majors, es la que tiene mayor cantidad de paisajes naturales. Es una carrera realmente bella. Dura, sí, pero muy emocionante. La ciudad entera apoya a su maratón que ya lleva 119 ediciones. Mi tiempo, y pido disculpas por insistir con esto, pero en calle los tiempos son nuestro orgullo, fue de 2h57m17s. Una nueva marca personal en una incomparable maratón.

Sólo quedaba Tokio, la más nueva de las Majors y también la más lejana. Es la única Major que se corre en invierno. Para los que amamos correr con frío esta es una buena noticia. O, al menos para mí. La ciudad es increíble. Aprovechen para visitarla cuando vayan a correr. La prueba hace un circuito de ida y vuelta que permite ver a otros corredores. En mi caso, me permitió ver a los primeros y los pelotones que los seguían. La carrera empieza con una fuerte bajada, pero luego se vuelve dura, ya que al irse del centro y meterse en autopistas, tiene muchas subidas y mucho menos público. La dureza de ese final se ve recompensada por la respetuosa y emocionante bienvenida que nos dan los voluntarios al terminar. Mi tiempo oficial fue 2h54m24s; el final de mi largo recorrido y mi mejor marca. Podría pasar una vida intentando describir todo lo que pasó por mi mente. Sólo diré que instintivamente elevé mis brazos y con los dedos de una mano y el pulgar de la otra marqué un seis que sólo yo podría saber qué significa. Varias fotos lo reflejaron y aún hoy me emociono cuando las veo. Tantos entrenamientos, tantos esfuerzos, tantos sacrificios. Personales y propios, por supuesto. Todo vale la pena. Son seis maravillas del mundo del maratón. Aunque les lleve años, valdrá la pena intentarlo. Y cuando les llegue ese diploma, cuando tengan en sus manos ese simple papel, sabrán que todo lo vivido es para siempre. Muchos me preguntan qué se puede hacer luego de completar las seis Grandes. El plan es seguir corriendo maratones, el mundo tiene muchas. Y en cuanto a las Majors… Próxima estación, Nueva York 2015. Y que todo vuelva a empezar.
Por Santiago García



