San Fernando reavivó la historia de las escisiones en el rugby

Jorge Búsico
Jorge Búsico PARA LA NACION
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7 de diciembre de 2009  • 09:38

El conflicto que terminó de estallar en San Fernando, y que derivó en la fundación de un nuevo club, el Delta Rugby, vuelve a poner al rugby doméstico frente a una historia que le es bien conocida: las escisiones por peleas internas y la cierta incomodidad que sienten los cultores de la ovalada en las instituciones en las que se practican otros deportes y a las que en el ambiente se las llama –a veces despectivamente- polideportivos.

En San Fernando, un club que tiene su fuerte en deportes náuticos y en el hockey sobre césped femenino y masculino, los problemas con el rugby vienen de años, pero tomaron un camino sin retorno en ésta temporada, cuando el grueso del plantel superior quedó enfrentado con la dirigencia por múltiples cuestiones. Ni el título en el Seven de la URBA de 2008 ni el acceso al Top 14 en 2009 llevaron paz a esa interna, que concluyó en esta escisión, como ya lo señaló LA NACION en su edición del jueves pasado en una nota firmada por Santiago Roccetti .

El resultado fue el que se preveía: una suspensión masiva llevó a que 40 jugadores abandonaran San Fernando para crear el Delta Rugby Club, cuyo futuro aún es incierto.

Si uno revisa la historia del rugby argentino, sobre todo la de Buenos Aires, las escisiones son un clásico. La más famosa es la que se produjo a mediados de la década del 30, cuando de un conflicto interno en el Club Atlético San Isidro nació el San Isidro Club, dándole paso al clásico más importante que hay en éste país.

Pero las hay muchas otras. En Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, el popular y centenario GEBA, suelen decir, con nostalgia y orgullo, que medio rugby de Buenos Aires pasó por su club. De distintos conflictos a lo largo del tiempo surgieron, por ejemplo, Pucará, Deportiva Francesa y Curupaytí, los tres con camisetas de color azul y rojo.

Ya más acá en el tiempo, en 1973 se fundaron otros dos clubes derivados de escisiones: a San Patricio lo creó un grupo de jugadores que se marchó de Obras Sanitarias, mientras que San Cirano es un desprendimiento de San Martín. Mal no les ha ido. Cirano fue campeón del Nacional de Clubes y San Patricio tiene una de las instalaciones más amplias y de mejor acceso en el rugby de Buenos Aires.

Otro caso es el de Duendes de Rosario, flamante campeón del Nacional de Clubes. Nació en 1957 luego de una escisión, según cuentan algunas crónicas, de Jockey y Universitario de esa ciudad.

Pero al margen de los conflictos y peleas internas, producto de un deporte que es sinónimo de fanáticos y apasionados, el rugby ha encontrado a lo largo de su historia inconvenientes –propios y ajenos- para convivir junto a otras disciplinas dentro de un mismo club. Ya no sólo por aquella prohibición a compartir escudo con deportes profesionales, sino por la lógica con la que se maneja el ambiente de la ovalada.

El caso más emblemático de estos tiempos es Hindú. Los veteranos de Don Torcuato señalan como un mojón primordial en la construcción de este presente tetracampeón el hecho de haberse independizado del club, mudando todo el rugby a lo que ellos llaman "la parte de atrás".

Algo similar sucede con los colegios, que se transformaron en clubes de rugby, caso Newman, Champagnat, San Albano y el recién ascendido San Andrés. Incluso, los clubes grandes que agrupan otros deportes, como CASI, CUBA y Belgrano, tienen sus centros rugbísticos en los Anexos creados sólo para la ovalada.

Habrá que ver qué es de la historia ahora de San Fernando y del novel Delta Rugby Club. Porque el rugby también contiene en su leyenda decenas de clubes que han desaparecido, como Los Tábanos, Old Georgian’s (proveedor de grandes Pumas en las décadas del 60 y 70), Los Sauces, Central Buenos Aires, El Sucu, Atalaya (donde jugó el Che Guevara) y el Roma Rugby Club, por citar sólo a algunos.

Además, el rugby es un permanente generador de clubes. Los más recientes son Virreyes y Floresta, aunque ambos no responden a decisiones, sino a necesidades de encontrar un espacio para chicos de bajos recursos.

Y también está Beromama, quizá uno de los clubes con historia más pintoresca en el rugby de Buenos Aires. Lo fundaron un grupo de amigos en Liniers, estuvo disuelto durante 17 años, lo refundaron y ayer festejó sus 7 décadas en su predio de González Catán.

Sin dudas, el rugby es un deporte especial.

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