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El camino de Roland Garros a Wimbledon ahora toma tres semanas transitarlo. Los jugadores saludaron con agrado esa noticia. Más descanso y mejor preparación para la transición que lleva de las patinadas en el polvo de ladrillo a los pasos cortitos para salvar un tiro con slice. El ATP 250 de Stuttgart, en este momento, es la evidencia del cambio ruidoso de una superficie a otra. Por primera vez, la ATP, cuenta en su calendario con un torneo que abandonó el clay para adoptar el césped. Stuttgart fue hasta 2014 un torneo "contracultural" para los no bendecidos con el éxito en Wimbledon. Ahora lo imita.
La decisión para cambiar superficie y fecha fue tomada en 2012. Edwin Weindorfer, director del torneo y manager de Tommy Haas, entendió que el campeonato ganaría en valor si le daba otro sentido. La idea llegó justo cuando miraba un partido de su jugador en Wimbledon. Según le contó a New York Times, Weindorfer buscó una alianza estrategia con los directivos del All England para desarrollar el nuevo torneo en el viejo escenario de siempre.
Tres años más tarde, Stuttgart estrena esta semana 6 canchas de césped sembradas con las mismas semillas que las utilizadas en Londres. Y en el sector gastronómico ahora sirven copas de champagne y frutillas con crema. El objetivo es que los fanáticos experimenten, en Alemania, el estilo de Wimbledon. La inversión fue de 1,5 millones de euros para renovar la estructura del Weissenhof Tennis Club, fundado en 1884 justamente con canchas de césped. En 1926 se optó por construir las de polvo de ladrillo. Algunas sobreviven a este nuevo cambio.
Elnuevo rumbo puede juzgarse como exitoso. Stuttgart consiguió que Rafael Nadal volviera al torneo (es un 250, como el de Buenos Aires) luego de ocho años de ausencia. Nadal lo ganó en 2005 y 2007, pero luego ya no lo "precisó" más. Escondido detrás de Wimbledon era descartable para sus objetivos deportivos. Ahora es el primer paso para llegar al abierto inglés y dejar atrás las heridas de un Roland Garros esquivo. También pisaron el flamante césped alemán Marin Cilic, Gael Monfils y Feliciano López. La calidad del cuadro es evidente.
El revolucionario paso de Stuttgart del polvo de ladrillo al césped podría llegar a ser el primer aleteo de una mariposa y crear un efecto deseado. Hay quienes aseguran que ,puertas adentro, la ATP quiere en un mediano plazo reorganizar el calendario en función de los Grand Slam. Por ejemplo: que toda la temporada en canchas lentas oficie de previa a Roland Garros. La gira sudamericana de febrero, hace años, convive con el ruido permanente de una migración hacia las canchas duras. La ATP, dicen, aspira a que todos sigan el ejemplo de Acapulco que pasó del clay al cemento. Se sabe que muchos jugadores, entre ellos el propio Nadal, defienden esa gira en cancha lenta como parte de una identidad del juego. ¿Pero qué podría pasar cuando el cambio generacional se produzca y los nuevos no tengan tanto predicamento? Al tiempo, nadie sabe cual será la suerte del torneo de Río una vez que pasen los Juegos Olímpicos. Ese ATP 500 oficia como un gran llamador hacia los Juegos que se celebrarán en agosto del próximo año. Nadie asegura que pueda sobrevivir una vez que se apague la antorcha olímpica.
Stuttgart dejó de ser aquella referencia de un pasado exitoso de muchos tenistas argentinos que ganaron el torneo o fueron finalistas. De aquellos que saltaban el muro de Wimbledon para verlo como un oasis de color anaranjado. El tenis tiene en Stuttgart al primer torneo que abandonó el polvo de ladrillo para hacerse de pasto. Eso sí que es una grieta.



