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ZAGREB.– Marin Cilic llega a la final de la Davis bastante bien entrenado para superar dificultades. El mes pasado, en Basilea, pasó un buen rato encerrado en una habitación plena de señales y trampas. Disponía de una hora para encontrar la salida, y lo logró.
“Éramos Jonas, que es el fisio de Marin, Marin y yo”, le explicó a L’Equipe Vincent Stavaux, manager del croata. “Fuimos a una ‘escape-room’, una habitación cerrada en la que la única forma de salir es trabajando juntos. Es un trabajo de equipo. Fue grandioso, a Marin le gustó mucho la experiencia. Necesita sentirse bien con la gente que lo rodea para convertirse en un monstruo en la cancha”.
Un monstruo sonriente. Camiseta de Boca en mano, el número uno croata y sexto del ranking mundial, le mandó ayer un mensaje a Juan Román Riquelme a través de ESPN y le prometió enviarle una camiseta autografiada. Dijo, además, que quiere jugar alguna vez en Buenos Aires antes de retirarse. Seguramente la reacción no será la misma si llega como verdugo de la Argentina que si lo hace como facilitador del primer título en la Davis. Aunque su intención no es facilitar nada, su manager dejó bien en claro eso.
“El viernes pasado, cuando derrotó a Kei Nishikori en el Masters de Londres, vi en su mirada el mismo gozo, la misma alegría que cuando ganó el US Open en 2013”, aseguró Stavaux.
Cilic es, hoy, un jugador incluso mejor que el de aquel Abierto de Estados Unidos. Su tenis fluyó con contundente alegría a lo largo de los días de entrenamientos en el Arena Zagreb, y esa mirada positiva se traslada al resto del equipo, que perdió ayer a Borna Coric –no llegó a recuperarse al cien por ciento tras su operación, y en su lugar entró Franko Skugor–, pero que mantuvo intacto el buen humor. Hasta Zeljko Krajan, el capitán que impacta con sus grandes tatuajes en unos brazos igual de enormes, sonrió más en los últimos días que al inicio de la semana.
El más serio es, claramente, Ivo Karlovic, que regresa al equipo de Copa Davis tras haber jugado por última vez en 2012, precisamente en Buenos Aires ante la Argentina. Dispuesto a jugar puntos lo más cortos posibles, apuesta a una lluvia de aces. Y como acompañamiento, a toda la presión que pueda ejercer el pasional público local en el estadio construido en 2009 para un Mundial de handball en el que Croacia perdió la final. No hace falta decir que la idea de los croatas es que la historia no se repita.


