El argentino que conmovió a Federer con una pelota de fútbol

Sebastián Torok
Sebastián Torok LA NACION
Matías Delgado, en el centro del estadio de Basilea, junto con Roger Federer, durante una de las visitas del suizo al club por el que se fanatiza.
Matías Delgado, en el centro del estadio de Basilea, junto con Roger Federer, durante una de las visitas del suizo al club por el que se fanatiza. Crédito: facebook.com/fcbasel1893
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18 de septiembre de 2019  • 23:59

Matías Delgado sumaba tres temporadas en Chacarita cuando le surgió la oportunidad de emigrar al mercado suizo. Había perdido la pimienta como enganche en el club de San Martín y hasta le habían quitado la camiseta N° 10. Necesitaba, con casi 20 años, un cambio de aire. Pero muy poco sabía de aquel destino europeo. Apenas había leído algunas noticias sobre la actuación de los argentinos Julio Rossi y Christian Giménez, en Basilea. Pero nada más. Por ello, cuando un día su papá (Eduardo Delgado, exfutbolista), lo buscó en el predio de Chacarita y le avisó 'Pasado mañana nos vamos a Suiza', Matías cerró los ojos y se embarcó en la aventura. "Me mandé de una. '¿Ah, sí? ¿Adónde vamos?', le digo. 'No sé todavía', me respondió. 'Pero, papi, espero que sea el equipo de los argentinos, porque yo solo allá no sé si aguantaré'. Viajamos sin nada; ciegos. Yo vivía en Boulogne y de un día para el otro me encontré viviendo en Suiza", rememora Delgado. Quién lo diría: el FC Basel le cambiaría la vida. Jugó allí durante dos períodos, 2003/06 y 2013/17 (en el medio, pasos por Besiktas de Turquía y Al Jazira de Abu Dhabi), en el que ganó seis ligas y una Copa, se convirtió en capitán, referente e ídolo de Roger Federer.

Roger es un reconocido hincha del Basel y se lo ha visto en la cancha reiteradas veces

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Apasionado por el fútbol, la leyenda suiza suele estar muy pendiente de lo que ocurre con su equipo de fútbol, esté donde esté. Cuando el circuito tenístico y los viajes se lo permiten, el ganador de 20 Grand Slam ocupa una butaca en el St. Jakob Park, el estadio de Basilea. Tímido, respetuoso y ubicado, no aprovecha su aura para lograr más beneficios de los que podría tener cualquier fanático en un club que lo admira. Eso sí, el gran Roger tiene (tuvo hasta 2017, en realidad) una debilidad: el juego de Delgado. El mediocampista argentino, con sus goles, su comportamiento y su historia, le hizo erizar la piel a Federer muchas veces. Por ello no dudó ni un instante en dedicarle unas sentidas palabras en un video proyectado en el estadio de Basilea cuando Delgado se retiró, en agosto de 2017, a los 34 años. "Gracias por tantos momentos", expresó Roger, después de un saludo del uruguayo Luis Suárez. Y también escribió "Dangge ("Gracias", en el dialecto de Basilea, el baseldeutsch)" en Twitter, acompañado por imágenes de Delgado con la camiseta roja y azul.

El vínculo entre Delgado y Federer se produjo, casi de casualidad, desde el comienzo del viaje del rosarino en Suiza, en 2003. El (para la mayoría) mejor tenista de la historia ganó, en julio de ese año, su primer título de Grand Slam, en Wimbledon, y su ciudad natal organizó una numerosa celebración. Allí asistieron varios jugadores de Basilea, entre ellos, Delgado, que recién había llegado. "Fui, obvio. Re-caradura", sonríe hoy, ante LA NACION. ¿Cómo fue evolucionando la relación? "En mi primer período en el club no tuvimos mucho contacto. Después, cuando volví en 2013, afianzamos la relación. Yo hablaba más en inglés, me animé a charlar con él, que tiene un carácter sencillo, humilde. Es un flaco súper divertido. Me convertí en capitán, tenía un poco más la chapa para acercarme; antes me daba vergüenza. En mis últimos cuatro años en el club, habrá aparecido varias veces en el vestuario, sobre todo cuando se juega el ATP de la ciudad o tenía libre. Siempre lo teníamos cerca".

Delgado, con la raqueta firmada que el propio Roger le obsequió
Delgado, con la raqueta firmada que el propio Roger le obsequió

Por lo general, es Federer, desde su talento con la raqueta, quien provoca felicidad y contagio en el otro. Y son pocos -casi ninguno- los deportistas que generan en él esa misma sensación. Delgado, en eso, es un privilegiado. "Es muy fanático del Basel. Yo conozco a la madre, al padre, a la hermana, al marido de la hermana. De hecho, tengo más contacto con la hermana, Diana, que con Roger. Ella vive en Basilea, el marido trabaja con un amigo mío en una empresa farmacéutica. Son gente súper humilde, con los pies sobre la tierra. La madre es alucinante. El padre, muy gracioso. Tienen un trato muy bueno con todo el mundo. Es admirable cómo se manejan, lo simple que son", describe Delgado, que "mensajeó" por última vez al actual número 3 en julio pasado, después del triunfo ante Rafael Nadal, en las semifinales de Wimbledon. Para Delgado, el tenis es su "hobby preferido" y lo practica con su mujer, María Laura Rossi, hermana de Julio Rossi y destacada tenista argentina en su época de junior.

Matías Delgado, con las copas en uno de los títulos conseguidos en Basel
Matías Delgado, con las copas en uno de los títulos conseguidos en Basel Crédito: facebook.com/fcbasel1893

Delgado ostenta un momento inédito para muchos: haber charlado en profundidad, con Federer, sobre el retiro. "Él no entendía por qué yo me había retirado tan joven. De hecho, me decía: '¿Por qué, Mati, por qué?'. Estuvimos hablando de todo ese proceso. Le llamó la atención que lo decidiera de un día para el otro, pese a tener un año más de contrato. Hablamos de lo que sentía. Fue en el vestuario del ATP de Basilea, en 2017. Ese año me regaló su raqueta. Porque cuando yo me estaba por retirar me animé, por primera vez, a darle mi camiseta. Entonces le dije, en broma: 'Vos ahora tenés un compromiso conmigo, tenés que pensar qué me vas a regalar de tus cosas, porque no me animo a pedírtelo de otra manera'. Se rió mucho. Yo me puse nervioso. Entonces, estando retirado, en el vestuario del ATP, me dio una raqueta con la que había ganado el torneo de Shanghai. Me dice: 'Te la tenía guardada, no sabía cuándo te iba a ver'. Increíble. No es que sacó una cualquiera del bolso, sino que me dio una raqueta campeona. Cuando me retiré y me dejó grabado un video para mi despedida, fue alucinante. Ese era mi regalo ya. Y de repente, un par de meses después me regaló la raqueta. Demasiado. La raqueta está firmada en el grip, en vivo y en directo. Obvio que jugué. Le digo: 'Mirá, Roger, que yo voy a jugar con esta raqueta, no soy de esos que la ponen en un cuadro. ¿Qué pasa si se borra la firma?'. 'Te la firmo de vuelta, no te preocupes', me respondió. Y quiso que cuando jugara le mandara una foto. Cumplí, obvio".

Las aptitudes futbolísticas de Roger Federer - Fuente: YouTube

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Federer, que el 20 de noviembre próximo jugará una exhibición con Juan Martín del Potro en Parque Roca, tiene 38 años y el final del camino está cerca. La melancolía empieza a brotar. Solo él sabe cómo madurará esa decisión. "Le dije que tendría que haberlo llamado a él antes de retirarme, por cómo vive el deporte. Quizás me hubiera ayudado", aporta Delgado. Y añade: "En el último tiempo ni me cuidaba en las comidas; él es un señor. Un preparador físico español que tuve en Abu Dhabi me dijo: 'Mati, después de los 30, cada año tenés que pesar un kilo menos si querés jugar en profesionales a nivel alto'. Yo pesaba un kilo más cada año. Te va retirando el desgaste, el sentirte más lento. Roger, antes, sentía la presión de ser alguien. Ahora esa presión la transformó en disfrute, en soltura. No quiero decir que no le importe perder o ganar, porque odia perder, pero a medida que te hacés más grande lo disfrutás muchísimo más el deporte. Es más, ahora se pone a llorar porque le cuesta todo el triple. Cuando sos joven te querés llevar el mundo por delante. Pero él sigue jugando por el amor que le tiene al tenis".

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