Juan Martín del Potro: “Cada tanto lo llamo al médico y le digo: ‘Mirá, si Cilic y Djokovic están jugando...’”
Desde San Pablo, como embajador de un torneo que otorga dos invitaciones para el próximo torneo junior de Roland Garros, habló con LA NACION; el manejo de la nostalgia, los récords de Sinner y Alcaraz y qué le genera ver a algunos de su generación aún en actividad
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Juan Martín del Potro, el tenista argentino más trascendental de la historia después de Guillermo Vilas, no puede evitar el cosquilleo que se le produce en el cuerpo cada vez que pisa Brasil. Y no sólo porque en Río de Janeiro, en 2016, vivió una de las semanas más cinematográficas de su carrera, cuando obtuvo la medalla plateada olímpica tras dejar en el camino a Novak Djokovic y a Rafael Nadal. El vínculo afectivo con el gigante sudamericano lo construyó desde muy chico, luego de ganar dos torneos emblemáticos para jugadores juniors: la Copa Gerdau, en Porto Alegre, y el Banana Bowl, en San Pablo.
“Justamente acá hablábamos de cómo terminé de conquistar un poco el corazón de los brasileños con aquel partido contra Djokovic en los Juegos de Río [por la primera ronda, el tandilense se impuso por un doble 7-6]. En realidad, con todo el torneo, que fue histórico para mi carrera. A nivel emocional fue una semana que me marcó mucho”, describe Del Potro, desde el club Sociedade Harmonia de Tenis de San Pablo, en comunicación con LA NACION. Y prosigue: “Pero, antes, también; en la época de junior, jugar el Banana Bowl era lo máximo para cualquier chico. Ahora me encontré al director de la Copa Gerdau y se acordaba de una anécdota graciosa: en la entrega de premios me puse la camiseta de Boca. Me dijo que no estaba permitido, pero que yo le dije que quería aparecer así y me dejó. Me recordó a mis épocas de junior, a mi infancia en el tenis y lo que van hablando los chicos que están acá, que van viviendo lo mismo que yo, los nervios, las presiones, las cosas que nosotros ya atravesamos…”.
Hoy, con 37 años, a cuatro de su último partido oficial [en febrero de 2022, en el ATP de Buenos aires, contra su amigo Federico Delbonis] y a siete meses de cumplirse una década del título albiceleste en la Copa Davis en el que fue gran protagonista -y por el que se esperan celebraciones-, Del Potro ya no está en Brasil para competir. Viajó al corazón paulista como embajador, para tratar de transmitirle sus vivencias a un puñado de jóvenes tenistas latinoamericanos (32 en total; hombres y mujeres) que actúan en el Roland-Garros Junior Series by Renault, un torneo para menores de 17 años que este domingo entregará dos boletos para disputar el próximo Abierto de Francia.
-A esta edad, los tenistas tienen tantas ilusiones como dudas. ¿Qué es lo que más les preguntan a vos y a Larri Passos, el histórico coach de Guga Kuerten, que también está allí como embajador?
-La pregunta más frecuente es cómo manejar la presión, qué hacer cuando están nerviosos. Eso es de lo que todos los chicos están hablando. Este es un torneo que tiene una gran oportunidad. Nosotros, cuando éramos juniors, no lo teníamos. Ellos, en una semana, pueden adelantar el proceso de subir en el ranking ITF, asegurarse jugar muchos torneos, vivir la experiencia de estar en un Grand Slam. Yo les digo que habrá dos campeones el fin de semana, pero en realidad todos se tienen que ir de este evento sintiéndose bien, con grandes sensaciones, porque es como estar en Roland Garros realmente, es todo muy similar. Es como un paso previo. Hay presión en este evento, porque además se pasa por TV, hay medios, las tribunas están llenas, les piden autógrafos y fotos, hay muchas actividades para que sepan cómo manejarse con las redes sociales, la comunicación, los mensajes… Es como un curso avanzado de cómo podría ser el siguiente nivel profesional.
-¿Es lógico que sientan miedos?
-No sé si está bueno tener miedo, pero sí presión, porque te pone en alerta y la tenés desde que comenzás a jugar al tenis, a los doce años, hasta que te retirás. Esa presión va mudando las emociones. Acá tienen la presión de que todos hacen muchísimo esfuerzo para viajar, entrenarse, tener un coach, un preparador físico, intentar jugar bien para ver si consiguen algún sponsor o algún apoyo… Eso ya es una presión; es natural. Después, la presión de ganar el torneo para ver quién va invitado a Roland Garros. Con el tiempo esa presión se modifica un poco. ‘Ahora tengo que estar top 100, porque, si no, esa empresa que me apoyaba de chico se me va a ir si no cumplo el objetivo’, es el próximo paso. Vas conviviendo con distintas presiones a lo largo de la carrera.
-¿Con qué estilo de juego te estás encontrando en estos jóvenes? ¿Un tenis moderno y de ataque, como ocurre en la mayoría del tour, o todavía con un clásico juego de polvo de ladrillo?
-Ya hay una diferencia entre los entrenamientos y la competencia. Entrenaron todos con una gran potencia y mostrando los mejores tiros, pero ahora que comenzó la competencia real y por los puntos, la cosa cambió un poco. Están jugando más como en polvo de ladrillo, poniéndose sólidos, pasando muchas bolas. Pero, por lo general, vi a todos con buena técnica, lo cual es importante. Soy un convencido de que una buena técnica te puede dar una gran ventana de mejora durante la carrera. Si ya técnicamente de junior no estás bien formado, de grande es más difícil. Hablaba de esto con Larri: es difícil para nosotros predecir qué tan lejos pueden llegar. Juegan bien, pero el camino es muy largo.
-Jugaste Roland Garros dos veces como junior (en una perdiste en los cuartos de final con Andy Murray) y nueve como profesional. Es el torneo en el que más cerca estuviste de ganarle a Roger Federer antes de concretarlo en la final del US Open 2009: en las semifinales de ese mismo año perdiste en cinco sets. ¿Qué significó el torneo para vos?
-Siempre fue un torneo muy lindo porque, naturalmente, al argentino gustaba de Roland Garros. Yo, por ahí, era un poco el distinto porque me gustaba más el US Open y soñaba con ganarlo, también porque mi juego se adaptaba mejor a las canchas rápidas. Pero fui un afortunado de haber jugado contra Rafa Nadal en Roland Garros un par de veces, una al comienzo de mi carrera [en 2007; victoria del español en tres sets], otra más sobre el final [en las semifinales de 2018; también con éxito de Rafa en tres parciales]. Haber vivido esa experiencia contra Rafa en París fue maravilloso. Haber jugado contra otro excampeón como Juan Carlos Ferrero fue espectacular [en su primer partido en el Bois de Boulogne, en 2006]. Y, en general, siempre tuve buenos resultados, me sentí cómodo. Para el tenis sudamericano es un torneo muy especial.

-¿Tenías rutinas o cábalas especiales en París?
-Siempre, con el equipo [el coach Franco Davin, el preparador físico Martiniano Orazi], nos quedábamos en un hotel muy chiquito, de muy pocas habitaciones, que prácticamente llenábamos nosotros y era como quedarnos en una casa [Mon Hotel, en la Rue d’Argentine, a 500 metros del Arco del Triunfo]. Teníamos nuestros lugares puntuales para cenar antes de los partidos, otros para el post partido si ganábamos, un poquito más relajado y con algún permitido. Siempre digo que a París fui veinte o treinta veces y sólo tengo una foto con la Torre Eiffel: esa es la descripción de la vida del tenista.
-Antes de llevar a Federer al quinto set en 2009 habías perdido cinco veces contra él muy fácilmente. ¿Allí hiciste el clic que unos meses más tarde te llevaría a ganar el US Open y contra el suizo?
-Sí, sí. Ese año… bueno, Federer nunca había ganado Roland Garros, yo estaba buscando pelear por mi primer Grand Slam y en ese momento los dos sentíamos que era nuestra oportunidad. Del otro lado de la llave, Rafa había perdido pronto [en 8vos de final], con [Robin] Soderling yo tenía récord a favor, Federer también iba a ganarle, entonces esa semifinal fue como una final adelantada. Y eso también me terminó pesando, porque en ese quinto set dudé mucho, me agarró ese miedo del que hablábamos, la presión de saber que si ganaba era muy probable que fuera campeón. Cuando quise acordarme perdí el quinto set [6-4]. Hoy pienso que Federer ganó un solo Grand Slam en París y yo me crucé en su camino y casi se lo robo, jaja.
-¿Cómo describís el tour actual, con Jannik Sinner y Carlos Alcaraz a muchísima distancia del resto?
-Hay una clara diferencia entre ellos y el resto. De hecho, en términos de puntos hay una gran distancia [el español, actual N°2, supera al 3°, Alexander Zverev, por 7685 unidades]. Hoy el desafío del resto es tratar de robarles a ellos dos un torneo de Grand Slam. Al tener tanta diferencia de puntos, calculo que ellos van a poner todas sus fichas en los torneos grandes. Con el nivel que están mostrando van a intentar cuidarse el físico. Bueno, ahora Alcaraz tuvo el problema de la muñeca [se retiró de Barcelona], vienen torneos importantes. Ellos, a tan corta edad, van a administrar sus carreras para pelear por los torneos grandes, porque realmente tienen una oportunidad muy grande. Y mi amigo Nole [Djokovic], si está en buen modo, como hizo en Australia [fue finalista], es uno de los que puede romper un poco esa barrera de ellos dos.
-¿Qué más esperás de Djokovic?
-Yo creo que entró en esa etapa de la carrera que es para disfrutar y cosechar todo lo que hizo, sin la presión de ganar todo lo que juega. Obviamente él es más consciente que todos de su estado físico, de cómo se siente jugando al tenis, de lo fuerte que están Sinner y Alcaraz. Pero es Djokovic y a un partido o en torneos que no son de Grand Slam, las probabilidades de ganar suben un poco. Conociéndolo, estoy seguro de que lo único que le va a interesar para lo que juegue es conseguir el desafío de ganarles al 1 y al 2 en el mismo torneo. Hasta ahora, todo lo que se propuso, lo logró, incluso la medalla de oro olímpica, que fue en un contexto increíble y que era lo único que le quedaba ganar.
-Ante tantos partidos y tan demandantes, el riesgo de las lesiones existe. ¿Cómo deben cuidarse Alcaraz y Sinner?
-Sí, sí. Pero también tienen una oportunidad para hacerlo. Primero, porque están con una gran ventaja en el ranking. Después, porque el nivel de ellos marca que, donde juegan, ganan. Tener la cantidad de Grand Slam que ya ganaron y pelear por el número uno torneo tras torneo los ayuda a dedicarse a eso: a los Grand Slams, al número uno y tratar de acercarse a los récords que tiene el Big 3. Tienen por delante muchísimos años de carrera y es muy probable que si siguen en este alto nivel se les acerquen mucho y quién sabe lo que puede pasar en el futuro. A mí me gusta porque se creó una rivalidad que para los amantes del tenis está dividida y cuando juegan salen partidos muy lindos.
-Pasaron cuatro años de tu último partido oficial. Hoy, por ejemplo, el croata Marin Cilic, que nació cinco días después de vos, sigue jugando. ¿Te genera nostalgia ver partidos en la actualidad?
-Cada vez menos, cada vez menos… Por todo lo que hay que hacer para jugar un partido de tenis profesional. O sea, por un lado, sí. Mismo ahora cuando veo a los juniors y lo que tienen organizados para ellos, digo: ‘Wow’. Naturalmente te dan ganas de jugar. O cuando voy a algún torneo, a un Grand Slam. En ese momento, el de la cancha, el de la competencia, el de tener a toda la gente, la adrenalina… Eso, sí. Pero para llegar a eso hay todo un proceso que no, ja. Porque hay que trabajar mucho, entrenarse, dedicarse prácticamente todo el tiempo y hoy el cuerpo no responde, ya saben todo lo que pasé con la rodilla. Pero cada tanto lo llamo al médico, medio en tono de joda y le digo: ‘Mirá, si Cilic está jugando, también Djokovic…’. Que se ponga a googlear un poco para ver cómo curarme la pierna.
-Existe el caso de la esquiadora Lindsey Vonn, que se colocó una prótesis en la rodilla y pudo regresar a la competencia.
-Bueno, para mí, ella es una gran referente. He hablado con Lindsey, tuvimos una historia muy similar y ella tiene una prótesis y volvió a competir, después tuvo la mala fortuna que le pasó lo que le pasó [en febrero pasado sufrió severas lesiones durante el descenso en los Juegos Olímpicos de Invierno en Milano-Cortina]. Pero ahora está en proceso de recuperación porque quiere volver a competir. La verdad que es admirable.
-Vos nunca evaluaste seriamente colocarte una prótesis para intentar jugar.
-No, no. Ya hace un tiempo que ahora… Pasé por muchas cirugías seguidas [ocho] y necesitaba tomarme un tiempo alejado de los quirófanos y por ahora estoy disfrutando de esto que estoy haciendo.
-Cambiando de tema. Sos muy fanático de Boca. ¿Te ilusiona el equipo?
-Boca y la Copa Libertadores van de la mano, automáticamente la ilusión se activa. Los dos primeros partidos del grupo ganaron, pero también jugaron bien. Hay que ir poco a poco. Creo que lo más importante es que el equipo ya se encontró: siempre juegan los mismos, están haciéndolo de la misma manera. Aranda apareció y le cambió la cara al equipo. Paredes, que es un campeón del mundo, tiene una visión de juego diferente y se nota; no hace falta ser un experto para darte cuenta de que es un jugador diferente.
-¿Vas a ir al último Mundial de Messi?
-Sí, sí, probablemente esté por ahí, por Estados Unidos, estaría bueno.
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